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¿Empleados felices?

13 June 2011 812 views 8 Comments

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Desde hace ya algunos años ha entrado en las empresas la idea de que la felicidad de los trabajadores los hace más productivos que su infelicidad. Hace unos días un artículo del Magazine del País: Más felices, más productivos explicaba que incluso empiezan a crearse cursos como el Designing Happines en la Universidad de Standford que enseñan a los líderes a “crear” empresas en que de verdad las personas se puedan desarrollar y sentirse felices en su trabajo. Con ello se consigue que den lo mejor de sí mismos y como consecuencia la compañía sale ganando. Incluso se empiezan a encontrar ofertas de trabajo para “directores de felicidad”, es decir, personas que sean capaces de crear ambientes laborales como los que he descrito en las líneas anteriores.

El problema, como siempre, surge cuando se tiene una visión parcial de la realidad en que se toma la parte por el todo y se llega a creer que un futbolín o un área de videojuegos o de relax, es suficiente para que los empleados sean felices. Se banaliza algo tan complejo como es la felicidad personal. Y eso es porque sólo se miran unos niveles (el ambiente esencialmente) que es el más sencillo, pero no se tienen en cuenta el resto.

Y ese cambio de mentalidad, siguiendo el modelo de niveles neurológicos de Bateson y Dilts tendría que operar en los niveles que explicaré a continuación. Recordemos que en este modelo, los niveles operan de arriba a abajo, es decir que lo que cambia en los niveles superiores (los últimos de la lista) repercute en los inferiores, pero lo que cambia en los inferiores, no tiene por qué repercutir en los superiores. Veamos pues:

- Ambiente: todo aquello que tiene que ver con el lugar en dónde se sitúan las personas, con los escenarios. Las zonas de relax y lo anteriormente nombrado, serían un primer paso necesario para sentirse bien. Si estoy en una sala oscura, sin ventanas ni ventilación,  será difícil que me sienta a gusto. Pero el impacto quedará en el ambiente.

- Comportamientos: Para que esa “felicidad” sea posible, los trabajadores han de tener una amplia gama de actuaciones “permitidas”. De nada sirve un ping pong si luego no puedo expresar mi opinión o no se me tiene en cuenta. O si se me penaliza cuando tengo una iniciativa.

- Capacidades y habilidades: es posible que para algunos de esos cambios la persona necesite nuevos recursos personales, tanto tecnológicos como emocionales (recuerda la Inteligencia emocional en la empresa) y relacionales. La empresa debe facilitarle el acceso a esos recursos (cursos, coaching, etc). Y los directivos deben aprender también esas habilidades nuevas. Si no, el sistema crujirá en ese punto, pues te está demandando habilidades que no tienes desarrolladas.

- Creencias: De nada sirve realizar esos cambios si de verdad no creemos en ellos. En todos los niveles de la organización. Si los directivos se apuntan al carro, pero no creen en ello, eso se nota y se transmite y el impacto será parcial. Y creer en ello es más difícil de lo que parece, pues supone remover viejas creencias tal vez muy arraigadas. Lo mismo sucede con los trabajadores. Si me vivo mi trabajo como un lugar al que estoy obligado a ir para ganarme la vida pero cuanto menos haga mejor, será complicado que vea que esos cambios me pueden ayudar a sentirme mejor.

- Valores: Esas creencias han de estar sustentadas en unos criterios y valores de orden superior, que son los que realmente guían nuestras acciones. Si soy un directivo tengo que tener en mi escala de valores al trabajador por encima del resultado a corto plazo (por citar un ejemplo), si no, no será para mí más que una pieza que puede ser sustituida. Y de nuevo el futbolín sólo será un parche. En el caso del trabajador, he de sentir que los valores reales de mi empresa (recordemos el tema de la cultura de empresa) están alineados con los míos. De lo contrario me sentiré incongruente.

- Identidad: Sería un paso más del anterior, es decir, aquello que configura la identidad corporativa. En Google funciona el ser una “empresa feliz” , porque que los empleados disfruten y sean creativos forma parte de su identidad, no tienen que fingir nada. La identidad no se finge. Y como en el caso anterior, lo mismo sucede de parte del trabajador. Si la empresa no encaja en mi identidad, no funcionará.

- Sistema: este nivel recoge como todo eso se interrelaciona con el resto de la sociedad, como se integra en un sistema mayor. Si intento montar una empresa de “personas felices” en un país que no respeta los más mínimos derechos laborales, incluso los derechos humanos, fracasaré. Y no olvidar que estamos en una sociedad red, en una sociedad 2.0.

Los casos que he puesto en cada nivel son sólo ejemplos, se requeriría un análisis más profundo y adecuado a cada caso. Pero creo que sirve para darse cuenta de cómo funcionamos y de por qué, algunos cambios no tienen efecto, pues están considerando un solo nivel y además bajo en la jerarquía. Por eso, como he dicho otras veces, el reto empresarial del siglo XXI, pasa por un cambio radical, no por poner un poco de maquillaje en una estructura antigua. Porque si sólo ponemos maquillaje podemos quedarnos como Norma Desmond en El Crepúsculo de los dioses diciendo: “Yo soy grande. Son las películas las que son pequeñas.

¿Estás en una empresa que se preocupe de tener colaboradores felices?

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Mertxe Pasamontes


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8 comentarios »

  • Víctor López said:

    La idea de la felicidad en las empresas, como bien dices, empezó a entrar en las empresas hace unos años. Pero en muchos casos se trató de apuntarse a una moda, sin creer realmente en ello.
    Y la crisis económica ha hecho que muchas de estas empresas, sobre todo las pequeñas, hayan olvidado este tema, demostrando que continúan con creencias antiguas.

  • Mertxe (author) said:

    Así es Víctor, muchas veces solo se tarta de una modo y eso se acaba notando….

  • VALENTIN said:

    Gracias por el post Mertxe.

    Leí el artículo de El País y la verdad es que me gustó.

    Estoy de acuerdo contigo en que no debe ser una moda ni por tener algunos objetos de relax vamos a ser más felices, a lo mejor es una forma de comodidad facilitadora de la creación??

    En cualquier caso pienso que se debe intentar el proceso, viendo los aspectos que comentas, pero la felicidad debemos trabajarla y hay que pensar en ella para poder disfrutar más de la vida.

    Feliz día!!

  • Nick said:

    Sin bienestar ” felicidad “, no hay compromiso,ni motivación.

  • Jose Maria Raventos said:

    Buen post Merche.
    Yo añadiría que una parte importante de la “felicidad”en el trabajo viene determinada por la capacidad del sistema en el que se trabaja de permitir que las personas aporten su humanidad (sentir y pensar) para mejorar lo que hace cada día. En otras palabras: que el trabajo te motive en el plano personal. Que te “emocione” lo que haces y eso depende de como los lideres diseñan el sistema.

  • Anonymous said:

    [...] [...]

  • Perfiles laborales tóxicos | Mertxe Pasamontes said:

    [...] Hace unos pocos días me hicieron una entrevista en Radio Euskadi en el programa La noche despierta sobre el tema de los perfiles laborales tóxicos. Iratxe Martínez condujo la entrevista con gran habilidad por los diferentes perfiles y yo intenté responder a sus dudas y curiosidades de la mejor manera posible. La idea de la entrevista era saber si existen lo que podríamos denominar perfiles laborales tóxicos, es decir, personas que adoptan un determinado rol en el trabajo que resulta de alguna manera perjudicial para los que trabajan en su entorno. Hicimos un recorrido por los perfiles más típicos y tópicos que solemos encontrar: el pelota, el trepa, el que siempre está agobiado, el que se queja, el envidioso e incluso si existe el trabajador feliz. [...]

  • ¿Innovar o morir? | Mertxe Pasamontes said:

    [...] empleados felices de los que hablábamos hace poco, son en general más innovadores que [...]

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