El mindfulness, o atención plena, es un estado de conciencia , no reactivo y no prejuicioso, de aceptación y observación de la experiencia tal y como es en el momento presente. Sabéis que hace ya tiempo que practico mindfulness y desde hace más de un año lo hago de manera diaria. Y lo aplico con enorme aceptación  y buenos resultados en la terapia. Practicar Mindfulness me ha ayudado en muchas facetas. Por eso os quiero hablar aquí de mi propia experiencia, de lo que yo he vivido. Os reseño a continuación las 10 enseñanzas que obtuve del Mindfulness:

        A estar más presente

Vivir en el aquí y ahora es una de las enseñanzas primordiales del mindfulness. Eso significa estar consciente de lo que está sucediendo en el momento presente, sin que la mente se vaya al futuro ni al pasado. Y en los momentos en que se va, porqué lo hace, traerla de vuelta con cariño al presente. Eso es uno de los entrenamientos principales que se hace en las sesiones formales, es decir, la práctica sentado. Pero el objetivo primordial no es experimentarlo solo cuando estás sentado, sino que ese espíritu traspase a tu vida cotidiana.

A contactar con el Yo observador.

La práctica formal tiene como uno de sus principales objetivos que puedas contactar o darte cuenta de que hay un Yo observador, una parte de tu mente que está ahí siempre, inamovible, que no puede ser observada. Pero que siempre observa y puede separarse de la corriente continua del pensamiento. Explicarlo no es demasiado sencillo pero cuando lo notas sabes que es eso. Y es una sensación maravillosa.

A detener la mente discursiva

Uno de los efectos que tiene contactar con el Yo observador es que puedes mirar los contenidos de la mente discursiva sin necesidad de enredarte en ellos. Puedes estar ahí observando la corriente de los pensamiento y dejarlos pasar. Claro que a veces te enganchas con alguno de esos pensamientos, pero cuando sucede te das cuenta y vuelves a poner la atención en la respiración y lo dejas pasar. En la vida diaria te ayuda a no quedarte tan enredado en ciertos pensamientos  y a ser capaz de poner un poco de distancia en algunas situaciones, como por ejemplo, en una discusión. De ese modo en lugar de acabar arrastrado por la situación mantienes una cierta calma y mente clara.

A estar más serena

Como os comenté en el anterior post, yo he sido una persona ansiosa. Ser capaz de vivir de una manera más serena y relajada es uno de los grandes regalos que el mindfulness ha traído a mi vida.

A concentrarme mejor

Cuando eres algo ansioso e hiperactivo mentalmente estar concentrado en algo es todo un reto. Es posible que no ganara un concurso de concentración pero gracias al mindfulness he logrado mejorar notablemente mi capacidad de estar atenta a una sola cosa por vez durante un período de tiempo. Es también un buen antídoto contra la fragilidad de la atención que impera hoy en día.

A fluir más

Cuando se está más presente, sereno y concentrado el resultado es que todo tú estás inmerso en la situación o tarea que estés realizando y se producen los estados de flujo. A veces se producen ante un paisaje hermoso en el que de repente te sientes tan inmerso que pareciera que el paisaje y tú fuerais la misma cosa. Y a veces es en la realización de alguna actividad, como por ejemplo escribiendo y sintiendo que las palabras fluyen de tu cerebro sin que tengas que hacer nada para conseguirlo.

A conectar mejor con mis emociones

Parte del trabajo del mindfulness consiste en ser capaz de darse cuenta de las sensaciones, por sutiles que sean, que afloran en tu cuerpo cada vez que un pensamiento atraviesa la mente. Y de observar el cuerpo en su totalidad. Ambas prácticas van poniéndote poco a poco más en contacto con tus emociones. De ese modo te haces más consciente de que las tienes y del momento en que eso sucede.

A reír más

Al ser capaces de estar más tiempo fuera de la mente discursiva, también logras estar fuera de las preocupaciones por más espacios de tiempo. Y una mente menos constreñida por la preocupación es una mente más feliz. Y en esos estados, y más en contacto con tus emociones,  la risa surge de manera natural en más ocasiones.

A juzgar menos

Durante la práctica del mindfulness uno de los objetivos es que estés presente en todo lo que sucede sin juzgarlo. Es un entrenamiento difícil porque  tenemos una enorme tendencia a juzgarlo todo, tanto a los demás como a nosotros mismos. Pero con la práctica consigues hacerlo cada vez menos y eso te conduce también a una mayor aceptación tanto de los demás como de tí mismo.

A ser más compasiva

Al estar más en la aceptación, también se desarrolla más la compasión, entendida como amor hacia uno mismo y los demás. Cuando cesas de juzgar y aceptas, la compasión surge de manera natural.

Todo ello hace del Mindfulness una práctica muy recomendable. Como sabes, yo puedo ayudarte en ese camino con sesiones dentro de un contexto de crecimiento personal o como parte de la terapia. Y si quieres para empezar por tu cuenta, en mi último libro Calma tu mente-domina tu ansiedad, encontrarás una buena guía con ejercicios prácticos y grabaciones guiadas incluídas para iniciarte en este camino.

¿Has practicado Mindfulness alguna vez? ¿Qué resultados has obtenido?

Mertxe Pasamontes