¿Te gustaría lograr tus objetivos? A quién no ¿verdad?. Nadie puede asegurarte de que lo vas a conseguir con total seguridad, pero lo que sí que te puedo asegurar es que hay maneras en que las posibilidades de que consigas lograr tus objetivos se multiplican por mil. Y hoy te voy a hablar de cómo hacerlo. Así que lee con atención. Y luego aplica lo leído.

1.El poder de la intención

Yo he sido la primera en criticar el pensamiento positivo y la simplificación de que basta con querer algo para conseguirlo. Pero también te hablé hace poco de la necesidad de pensar en positivo. Te recomiendo que revises el post, pero para hacerte memoria te recuerdo que necesitamos pensar en positivo para compensar el sesgo negativo con el que la evolución ha equipado a nuestro cerebro. El sesgo negativo nos viene de serie. El que nos inclinemos a pensar en positivo es algo por lo que tenemos que esforzarnos un poco más.

Dicho esto, la realidad es que hay que querer las cosas, desearlas desde el fondo de tu alma. Lo que no podemos es quedarnos solamente ahí, en lanzar un deseo al aire y esperar a que alguien o algo lo recoja. Pero el deseo debe de existir, este punto es fundamental. Y si afinamos más, te diría que lo que debe haber es una intención positiva que te empuje hacia algún lugar. En este caso a lograr un objetivo.

El poder de la intención reside ahí, en crear una simiente, en conectar con una emoción profunda que nos empuja a actuar y a seguir en el camino si surgen dificultades o si los resultados se hacen esperar. Los maestros budistas dicen que el primer paso para conseguir algo es sembrar una intención positiva, que surja desde lo más puro del corazón. Así que siembra esa intención y empiézala a regar para que germine.

Cuando no tienes claro cuál es ese objetivo, cuál es esa llamada interior hay que trabajar en ello. Es una de las primeras fases de mis procesos de coaching, definir cuál es el lugar al que quieres llegar. Sin esa meta clara, el proceso no tiene sentido porque puedes acabar llegando a un lugar al que no querías ir.

Cómo formular bien un objetivo

Un breve recordatorio de cómo formular bien un objetivo:

  • Formulado en positivo: escribe lo que realmente quieres conseguir, no aquello que tratas de evitar.
  • Concreto: cuanto más puedas concretarlo, más fácil será el chequeo posterior.
  • Que lo puedas controlar: el objetivo tiene que depender de ti.
  • Contextualizado y temporalizado: debes poner una fecha de inicio y un cierto plan de desarrollo y ejecución.
  • Ecológico (mirar bien cuáles son las consecuencias): no sólo se trata de ver en qué te favorece sino también que renuncias supone para tí.
  • Que responda a la pregunta: ¿qué gano y que podría perder haciendo esto?

Y si quieres pistas de algunos objetivos interesantes para tener en tu lista te dejo este post.

2. Pasar a la acción

Pero los maestros budistas no se quedan ahí, en poner sólo una intención y dejar que el karma actúe por si solo. Te dicen, y yo también te digo, que una vez tienes claro lo que quieres lograr tienes que empezar a hacer pasos en esa dirección. Cuanto más bien definidos y específicos mejor. Porque si no estamos cayendo en el “rollo del buenismo” de que como deseo algo me tiene que venir. Y a lo mejor te viene, quién sabe. Pero puede ser que no. Y sí, necesitas desearlo para enfocarte en ello, pero luego tienes que dar más pasos. No podemos confiarlo todo a la suerte, al destino o al Universo. Porque tal vez así no llegue nunca.

Y este suele ser el punto de dolor de la mayoría de las personas. Quieren algo pero se quedan en la etapa contemplativa del cambio. Es decir, mirando el cambio pero sin hacer nada para que eso ocurra. Y como te he dicho, las cosas no siempre suceden por si solas. En esta etapa es cuando toca hacer un buen plan de acción, con sus tiempos y pequeños hitos e irlos cumpliendo. Esta es otra de las fases en que el coaching te es de gran utilidad.

3. Perseverar y a veces rectificar el rumbo

Y si has cumplido las dos etapas anteriores sólo te queda perseverar. ¿Por qué perseverar? Porque a veces para que se vean los cambios se necesita algo más de tiempo que el empleado en las acciones ejecutadas. No es que las acciones sean incorrectas, es que la siembra aún no ha dado sus frutos.

Y en otras ocasiones se tienen que hacer modificaciones sobre la marcha. Es frecuente que hasta que lleguemos a un determinado punto del camino no sepamos que tenemos que realizar un cambio de dirección. La vida no es un mapa perfecto guiado por un GPS. Y suele ocurrir que el camino para llegar a un lugar tome a veces rumbos inesperados. Si tenemos claro dónde queremos llegar, cuál es la intención y cómo nos sentiremos al llegar ahí, no será fácil hacer esas modificaciones. No hay nada peor que aferrarse a un plan que no está funcionando.  Y aquí de nuevo te sirve el coaching, para ayudarte a ver si te has enamorado de tu ruta, o te ha surgido algún miedo que te impide hacer los giros que sean necesarios.

Si sigues estas tres claves, es casi imposible que no consigas tu objetivo. Y si lo haces con ayuda de mis sesiones de coaching tus posibilidades se multiplican por cien, porque tienes a alguien que te puede ayudar a ver esas desviaciones o bloqueos que tú mismo eres incapaz de ver. Y porque te daré un empujón cada vez que lo necesites.

Así que sólo me queda preguntarte ¿te gustaría lograr tus objetivos? ¿estás dispuesto a hacer algo para conseguirlo? 

Libros recomendados:

Mertxe Pasamontes