4clavesparasermenosviolentos

Steven Pinker es un interesante psicólogo experimental y autor de abundantes obras de divulgación científica. Su obra puede enmarcarse dentro del área de la psicología evolutiva. Hoy quiero hablar de él con motivo de comentar la entrevista que le hizo Eduard Punset en Redes que desvela algunas de las claves que nos hacen ser menos violentos, vivir en sociedades cada vez menos violentas  y educar a su vez a los niños para que también sean menos agresivos.

Sin ánimo de remontarme a 10.000 años atrás como comenta Pinker en la entrevista, sólo comentar que en contra de lo que creen otros científicos Pinker defiende que el paso de una sociedad de cazadores- recolectores a una de agricultores, que a su vez propició el surgimiento de los estados por el excedente agrario, hizo que la violencia disminuyera de manera notable. Ya en épocas más cercanas, el los últimos siglos, también se va observando una disminución de los crímenes violentos y de las conductas crueles y cruentas en general, incluyendo en ello la violencia de estado. Si bien esta tendencia es más obvia en sociedades democráticas, también se observa aunque en menor grado en las no democráticas.

Hecha la introducción, lo que me parece importante destacar son las cuatro claves que hacen las sociedades menos violentas ( y por tanto, seres humanos menos violentos):

  1. Vivir en sociedades democráticas. Como ya anticipaba en la introducción, aunque la democracia tenga sus fallos, es de momento la mejor forma que hemos encontrado para regular la convivencia en nuestro mundo, en el que una de las características es que no somos pequeñas tribus de 50 miembros, sino países con millones de ciudadanos. La democracia delega en el gobierno el ejercicio y control de la violencia y la regulación de las relaciones entre los ciudadanos. A su vez, la población controla al gobierno y de ese modo se asegura que no se exceda en sus atribuciones.
  2. La extensión de la empatía. El hecho de ser más capaces de ponernos en el lugar de los demás, hace a su vez que seamos menos violentos, ya que pensamos que la otra persona podríamos ser nosotros mismos. Hay numerosos experimentos y pruebas que demuestran que cuando humanizamos a los demás, los sentimos más cercanos y somos más empáticos con ellos. El hecho además de ser más cosmopolitas, tanto por las posibilidades de viajar y conocer otras culturas que ahora tenemos, como por las opciones de ver a otras culturas a través de los medios de comunicación y en los últimos años, la conexión directa a través de las redes sociales, también favorece que se amplie nuestro mapa mental. Esto nos provoca más flexibilidad mental para entender costumbres y tradiciones de otros pueblos y sentirlos de ese modo,más cercanos. Con ello somos menos proclives a ser violentos con esas otras culturas de lo que lo fueron nuestros antepasados.
  3. El comercio. La globalización ha provocado que comerciemos con personas de cualquier parte del mundo. Eso a su vez hace que necesitemos esas relaciones comerciales. En la mayoría de los casos, no sale a cuenta entrar en guerra con países con los que se tienen intereses comerciales o económicos (salvo las excepciones que todos conocemos de ir a la guerra por intereses comerciales, pero eso no invalida la tesis, sino que la refuerza) por lo que ese hecho actúa como un factor de contención.
  4. La razón y la educación. Aunque la Ilustración ha recibido muchas críticas desde la postmodernidad por su ensalzamiento del individualismo, es también cierto que la conciencia de uno mismo es otro factor de protección contra la violencia. El individualismo a ultranza puede tener consecuencias nefastas (no hay más que ver la crisis económica para darse cuenta), pero un individualismo sano, que promueve el derecho del individuo a buscar su propia realización y felicidad personal, nos protege a su vez de totalitarismos que acaban siendo violentos en la imposición de sus “verdades”. También se ha visto que la educación, en términos generales, lleva a los seres humanos a ser menos violentos y poder manifestar su enfado de otros modos no tan agresivos.

Obviamente, las cuatro claves hablan en promedio y está claro que podemos encontrar casos individuales que se alejen de ese promedio. Pero no obstante, sirven como orientación de hacia donde hemos de ir si queremos sociedades menos violentas. Puede resultar un poco triste darse cuenta de que parte de esa no-violencia viene de intereses personales, pero también es cierto que otra parte es debido a ser capaces de ser más empáticos con los demás, lo cuál para mí, nos honra. Me gustaría transcribiros aquí un poema de Thich Nat Hanh:

Prométeme,

prométeme en este día,

mientras el sol justo empieza a asomar,

que aunque te derriben

con una montaña de odio y violencia,

recordarás, hermano,

que el hombre no es nuestro enemigo.

Y que un día, cuando te enfrentes

solo a esta bestia,

con tu coraje intacto, y tus ojos benévolos,

que de tu sonrisa

brotará una flor.

Apostemos pues por un mundo menos violento, educando a los niños en esos principios y aprendiendo nosotros a vivir también de acuerdo a ellos.

¿Crees que vivimos en sociedades menos violentas?

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes