Uno de los afectos más perniciosos que está teniendo la larga crisis que estamos viviendo es que muchas personas están cayendo en una especie de indefensión aprendida. Me explico. En los años 70, el psicólogo Martin Seligman realizó unos experimentos en los que se ataba a una serie de perros con arneses y se les daban pequeñas (pero molestas) descargas eléctricas. Se utilizaban tres grupos de perros: el grupo 1 era puesto en los arneses y después liberado, el grupo 2 era atado y podía detener las descargas cuando aprendía a apretar una palanca y el grupo 3 era atado y se detenían las descargas cuando el grupo 2 apretaba la palanca, de manera que los perros del grupo 3 no podían establecer una asociación entre lo que hacían y la detención de la descarga pues sucedía de manera aleatoria para ellos.

Lo fuerte de este experimento es que los perros del grupo 3 desarrollaron una especie de depresión, con graves síntomas de abatimiento. Era como si el perro hubiera aprendido que nada de lo que hiciera podía detener su calvario. En una segunda serie de experimentos con los mismos perros, se les situó de manera que los perros podían escapar fácilmente de las descargas. Los de los grupos 1 y 2 lo hicieron pero los del grupo 3 no. Al no haber hecho el aprendizaje de que sus acciones podían tener resultados, ni tan siquiera intentaban hacer nada.

Esa teoría que puede parecer muy experimental es totalmente aplicable a los seres humanos. Muchas depresiones se producen cuando la persona que está pasando por una situación negativa llega a la conclusión de que haga lo que haga no conseguirá aliviarla y cae en esa indefensión. Y creo que en una sociedad puede suceder lo mismo, que llegue un momento en que las personas crean que no pueden hacer nada para cambiar las cosas y entonces tiren la toalla. Y no querría pensar que eso es lo que está pasando en muchos sectores de la población española. Muchas personas han perdido su trabajo, han visto como su casa era embargada y sus derechos recortados. Muchos no logran encontrar un trabajo a pesar de buscarlo con ahinco. Muchas otras hemos sido testigos de como personas “influyentes” eran juzgadas y luego “perdonadas” por defectos de forma o similar o bien indultadas posteriomente, dejándonos la impresión de que la justicia no era igual para todos. Otros han perdido sus ahorros con maniobras torticeras de las que no eran conscientes. Muchas gente está pagando una “fiesta” a la que no fue invitada.

No es de extrañar ante todo ese cúmulo de despropósitos que muchos se sientan como los perros del grupo 3. Que ya no sean capaces ni de hacer lo que sí está en sus manos. Y eso tiene que cambiar si queremos salir de esta. Hay  que volver a creer , confiar y no rendirse. La buena noticia es que se puede reaprender y salir de la indefensión. Así que vamos a hacerlo. Os doy algunas ideas:

– La primera, aunque pueda parecer obvia, es que hay que creer que sí podemos hacer cosas por mal que vayan las cosas. El único modo de mantener el cerebro activo es pensar que sí que hay salida. De ese modo aumentamos la posibilidad de que se nos ocurran nuevas ideas y evitamos caer en la indefensión.

– Del mismo modo que a nivel individual, hemos de pensar que como sociedad sí que tenemos arreglo. Pensar que no lleva a paralizarse y consentir los abusos. Y a dormirse con el “circo” que a diario nos ofrecen de las más diversas formas. Pensar que sí podemos cambiar las cosas nos mantiene despiertos.

– No creer que la situación es permanente. Tenemos que pensar que la situación, por negativa que sea, es pasajera. Las cosa pueden ir, e irán, mejor.

No personalizarlo. Sí, te ha sucedido a ti. Pero no tiene que ser  debido a una característica de tu personalidad imposible de cambiar. Es posible que tengas que aprender de tus errores y adquirir nuevas habilidades, pero puedes hacerlo.

Acotarlo. Siempre que sea posible hay que hacer lo que yo llamo “compartimentos estancos” y procurar que si nos va mal en una área de nuestra vida eso no se extienda a todas las demás áreas de la misma. Valora lo que si funciona y presérvalo.

Perseverar. No hay que dejarse llevar por el abatimiento cuando no conseguimos las cosas. A veces las cosas tardan más de lo deseado, pero hay  que seguir intentándolo.

Ser solidario. Tal vez tú no estás sufriendo, pero otros si lo hacen. Haz algo para aliviar su sufrimiento, no sólo por bondad sino porque mañana podrías ser tú el que estuviera sufriendo.

Hay que creer que otro mundo es posible y luchar por conseguirlo. Cada uno con sus medios, del modo que más se ajuste a sus posibilidades pero sin conformarse con cualquier cosa. Protestando o denunciando las injusticias. Negándose a ser participe de ellas. Colaborando con los demás del modo que se pueda y sepa. Estando despierto y no dejándose engañar por cantos de sirena. Ni tampoco permitiendo que te asusten con amenazas de caos. Es cierto que una sola persona, por mucho que haga, lo tiene difícil para cambiar algo. Pero muchas personas, incluso con pequeños gestos, pueden cambiar mucho. Así que, sólo puedo decirte: toma las riendas de tu vida y cambia lo que necesite ser cambiado.

¿Cuál podría ser tu contribución al cambio?

Mertxe Pasamontes