agradecimiento

El hecho de agradecer lo que tenemos es algo de lo que se habla bastante en los libros de autoayuda, pero lo cierto es que el verdadero agradecimiento es un sentimiento muy poderoso y liberador. Porque agradecer lo que tenemos no es sólo ese dar gracias sino que lleva aparejado estar contentos con lo que tenemos, parar la rueda de los deseos insatisfechos. Rueda que la publicidad y la sociedad en general saben hacer girar muy bien. De todas partes nos llegan mensajes sobre todo aquello que podríamos tener y no tenemos, desde el último aparato tecnológico hasta un “novio” más guapo o un cuerpo más esbelto y joven. Es difícil sustraerse de todos esos impactos ya que no podemos olvidar que la sociedad de consumo se mantiene gracias a nuestras necesidades insatisfechas. Y además, el agravante, es que aquello que intentamos llenar con objetos materiales, suele ser en realidad algo mucho más profundo, que no puede llenarse de ese modo. Y así, como el hamster, seguimos en la rueda sin darnos cuenta de que no nos lleva a ninguna parte.

Vuelvo a repetir antes de avanzar más en este post, que no estoy diciendo que esta sea una actitud que haya que tener por fuerza en todo momento, ni que querer conseguir cosas o tener objetivos sea algo negativo. Ni mucho menos que tengamos que conformarnos con cualquier cosa. Creo que los que estáis siguiendo esta serie de posts ya habéis visto que no van por ahí los tiros. Pero si queremos de verdad sentirnos bien en el día a día, se hace necesario encontrar un equilibrio entre desear y agradecer, pues un exceso de deseo nos lleva de cabeza al descontento constante. Como dice la frase de la sabiduría popular: no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita (o desea).

Os cito las palabras que Brenda Shoshanna nos dice en Sabiduría zen para la vida cotidiana sobre este tema: el estado de ausencia de deseos, a menudo descrito en la literatura budista, ha sido malinterpretado. No significa aletargarse o desconectarse. Más bien al contrario. Significa ser capaz de colmar las necesidades naturales y simples según van manifestándose, sin permanecer apegado a ellas, y sin anhelar más.

La idea es estar presente en el día a día, momento a momento. Y aceptar lo que surja sin juzgarlo. Es obvio que esto no es nada fácil de hacer y requiere mucha práctica, pero creo que sólo el hecho de planteárnoslo, de pensar que es posible, es en si mismo beneficioso. De alguna manera esto es una continuación del post sobre no hacer nada. Cuando aceptamos lo que llega, de alguna manera estamos evitando reaccionar, estamos fluyendo con la vida. Pero no estamos haciendo esfuerzos, no estamos haciendo nada en concreto. Como dice Kabir: Le pregunto a esa criatura caprichosa de mi interior, ¿cuál es el río que quieres cruzar?

Hoy os pongo una historia que posiblemente forma parte de la leyenda, pero qué son las leyendas sino la vida misma:

Se dice que una mañana, mientras Diógenes se hallaba absorto en sus pensamientos, Alejandro Magno interesado en conocer al famoso filósofo, se le acercó y le preguntó si podía hacer algo por él. Diógenes le respondió: “Sí, tan solo que te apartes porque me tapas el sol.” Los cortesanos y acompañantes se burlaron del filósofo, diciéndole que estaba ante el rey. Diógenes no dijo nada, y los cortesanos seguían riendo. Alejandro cortó sus risas diciendo: “De no ser Alejandro, habría deseado ser Diógenes.”

Quizás los ejercicios, ayuden un poco a entender cómo hacerlo, ya que la teoría a veces no es clara hasta que no se lleva a la práctica. Estas son las propuestas:

1. Hazte consciente de cuáles son tus deseos e intenta conectarlos con que necesidades estás intentando cubrir con ellos. Es posible que tengas que sentarte a meditar o como mínimo en silencio para hacerte consciente. Otra manera más simple que puedes usar es ante un deseo, por ejemplo, comprar una prenda de ropa, te preguntes ¿y para qué la quiero?. Si lo haces sólo una vez, seguramente tendrás una respuesta simple tipo: para vestirme bien, pero si te la sigues haciendo de manera repetida es posible que llegues a alguna respuesta del tipo: para que me acepten o para que me quieran, etc.

2. Practicar el naikan. El naikan es el arte del agradecimiento. Se trata de sentarte durante un tiempo (se recomienda hacerlo 30-40 minutos al día, pero puedes hacerlo una vez o dos, o cuando te apetezca) y escribir todo lo que has recibido ese día, hasta la cosa más pequeña. No te olvides de nada, por insignificante que parezca (que salga agua del grifo te puede parece una nadería, pero millones de personas lo considerarían un lujo o incluso un milagro). Luego haz otra lista con lo que tú has dado en ese mismo período. Saca tú tus propias conclusiones de ambas listas.

Lectura recomendada: Brenda Shoshanna, Sabiduría zen para la vida cotidiana: Como hallar la serenidad en un mundo vertiginoso

¿Tienes muchos deseos insatisfechos? ¿valoras lo que tienes?

Si no sabes cómo hacerlo, anímate a probar unas sesiones de Mindfulness conmigo.

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes