arrancandosonrisas

El primer post del año me gusta que tenga algo especial, al igual que el último. Son momentos ritualizados, que como la antropología dice sirven al ser humano para darle un sentido cíclico a su existencia, una sensación de períodos que pasan, se superan y se repiten ya que en otros órdenes temporales nuestra vida es totalmente lineal (por ejemplo, en el paso de los años y el proceso de envejecimiento).

El año pasado lo empecé hablando de vivir las cosas con una actitud que hiciera de cada momento algo especial, de cada día un estreno o descubrimiento. Este año me gustaría empezarlo con la idea de la interconexión, pero no en un sentido esotérico, sino en un sentido más terrenal, más de la acción-reacción, de comprender que todo lo que hacemos en nuestro entorno tiene consecuencias para nosotros, para los demás y para el planeta. Tal vez es un comienzo de año un poco ambicioso, pero sólo tomando conciencia de cómo influimos en la vida de otros y como contrapartida en la nuestra propia, podremos de verdad avanzar en relacionarnos de un modo más auténtico y responsable. Vivimos en una época de mega-conexión a muchos niveles pero corremos el riesgo de que todo eso quede en una mera superficialidad, sin que seamos capaces de avanzar en una mayor profundización de los vínculos y en vivir una verdadera empatía que también tenga en cuenta a aquellos que no por estar menos próximos, son menos importantes.

Está idea surgió y fue creciendo como una pequeña semilla que germina y echa sus primeras hojitas al leer una entrevista que le realizaron en la Contra a Stefano Mancuso, pionero en el estudio de la neurobiología de las plantas en la que nos dice:

Sí, en una selva todas las plantas están en comunicación subterránea a través de las raíces. Y también fabrican moléculas volátiles que avisan a plantas lejanas sobre lo que está sucediendo.

¿Por ejemplo?

Cuando una planta es atacada por un patógeno, inmediatamente produce moléculas volátiles que pueden viajar kilómetros, y que avisan a todas las demás para que preparen sus defensas.

Y entonces me pregunto: Si las plantas están intercomunicadas, ¿qué nos hace pensar que los seres humanos no lo estamos? Hay estudios que apuntan a que si una persona se vuelve obesa, es posible que sus amigos aumenten también de peso aunque vivan a una distancia grande. ¿ Increíble, no? No tanto si pensamos que tenemos unas muy activas neuronas espejo que nos ponen en sintonía con el resto de seres vivos. Aunque a veces parezca que no las utilizamos o que silenciamos su voz.

Os podéis estar diciendo que muy bien esta explicación, pero qué cuál es la propuesta. Os la voy a a dejar en forma de cuento metafórico (de la sabiduría popular, no es mío):

Una vieja historia zen explica que un discípulo se acerca al maestro y le dice:

-Maestro, quiero explicarte que una persona ha estado hablando de tí con maledicencia

El maestro, interrumpiéndolo, le dice:

-¡Espera! ¿Ya hiciste pasar por las tres barreras lo que me vas a contar?

-¿Las tres barreras? Preguntó el discípulo.

-Sí –replicó el sabio- La primera es la verdad: ¿ya has comprobado con cuidado que aquello que me quieres decir es verdad?

– No. De hecho no… pero me ha llegado de buena tinta!

-Al menos, pero, lo habrás hecho pasar por la segunda barrera que es la bondad; ¿aquello que me quieres decir es por lo menos bueno?

– Pues no. Más bien el contrario…

– Ah! entonces vayamos a la tercera barrera. ¿Es necesario que me expliques esto?

– Para ser sincero, no. !Necesario no es¡

– Entonces –dijo el maestro sonriente -, si no sabes a ciencia cierta que es verdad, ni bueno, ni necesario, … enterrémoslo en el olvido!

He ahí mi propuesta: observar con más cuidado qué decimos y qué hacemos ya que las consecuencias de nuestras palabras y actos pueden ocasionar un gran sufrimiento en los demás. Y en nuestra mano está que nuestras palabras y actos arranquen sonrisas en lugar de lágrimas. Y no se trata de mentir, ni de ser un hipócrita, pero sí de plantearnos que cuando lo que vayamos a decir no es mejor que el silencio, tal vez sea mejor callar.

Que tengáis un Feliz Año en el que arranquéis sonrisas a vuestro paso!

¿Crees que estás conectado a los demás? ¿Piensas que tus acciones influyen en los otros?

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Mertxe Pasamontes