Uno de los comportamientos humanos más repetidos pero a la vez menos reconocidos, es el hecho de hacer ver que solucionamos algo cuando en realidad sólo estamos poniendo un parche a la situación. En lugar de atajar el problema estamos maquillándolo. Quizás, por mi trabajo como psicóloga y coach tengo más acceso que otras personas a detectar con claridad este tipo de comportamientos, pero creo que cualquiera que se fije un poco, lo podrá observar en los demás y si tiene valor para hacerlo, en sí mismo. Y no me refiero en este caso a una persona que disimula o pretende estar haciendo algo, por ejemplo en un trabajo, para no tener que esforzarse más. Hablo de cuestiones más íntimas y personales.

Para ilustrar mejor este concepto os explico un cuento- anécdota de la India (es una versión un poco libre):

Cuando el dolor de espalda de Nasrudín se hizo insoportable, a regañadientes fue al especialista para que diagnosticara su problema.

– Bueno- dijo el doctor- Su problema se puede curar con una operación, dos semanas en el hospital y estando después un mes totalmente horizontal haciendo reposo y sin hacer esfuerzos.

– Doctor, !no me puedo permitir el coste de todo eso!- gritó Nasrudín. Me va fatal pagar la operación y la estancia en el hospital y no puedo desatender mis negocios durante casi dos meses.

– Bien -sugirió el doctor- . Entonces por 25 dólares puedo retocar la radiografía.

Entonces Nasrudín, se dio cuenta de lo erróneo de su actitud y aceptó someterse al tratamiento que realmente le iba a curar de su mal.

Quizás el ejemplo del cuento es un tanto exagerado, pero creo que ayuda a que podamos reconocernos en ese tipo de comportamientos. Queremos cambiar algo en nosotros mismos, algo que nos molesta o nos impide sentirnos bien, pero pretendemos que ese cambio sea fácil, indoloro y sin esfuerzo. Me he encontrado a lo largo de mi práctica profesional, en bastantes ocasiones a personas que me piden información para solucionar un problema y quieren saber cuánto tardarán en hacerlo. Yo puedo, en base a mi experiencia, tener una idea aproximada del número de sesiones, pero hasta que no conozco a la persona, hacemos una o dos sesiones, empezamos a trabajar y veo cómo reacciona, no le puedo asegurar nada. Cuál ha sido mi sorpresa al escuchar en más de un caso, cuando les he dicho que no creía que fuese un proceso o tratamiento largo pero que no les podía segurar el número de sesiones, oír como respuesta que se irían a otro coach que les había dicho que en “x” sesiones (normalmente muy pocas) estaría resuelto. !Qué suerte tienen algunos de ser adivinos!

No quiero entrar en este post en juzgar la actitud de esos solucionadores express, sino que mi intención es que podamos darnos cuenta de la actitud que nosotros mismos tenemos cuando hacemos esa demanda express o optamos por que “nos retoquen la radiografía”. Cuando se opta por esa vía, estás queriendo cambiar todo para que no cambie nada. Queremos un cambio en las superficie de las cosas, que no entre a cambiarnos muy profundamente, que no nos obligue a replantearnos demasiado las cosas, ni a mirar de verdad hacia adentro. Podemos incluso hacer ver que nos miramos en profundidad y como se dice hasta la saciedad, que hacemos cosas para salir de nuestra zona de confort. Pero como ya dije en el anterior post sólo sales de tu zona de comodidad si de verdad empujas tus límites mentales y hacer eso es más complicado de lo que parece. Tal vez para mover esos límites, tengas que hacer algún pequeño ejercicio que te parecerá una tontería y por lo tanto no lo harás. Pero es en ese punto donde está el verdadero límite mental. Y para cada persona es diferente. Puedes pensar que alguien que corre una maratón ha salido de su zona de comodidad y se ha superado a sí misma. Es posible que en muchos casos sea así, pero te puedo asegurar, que incluso con el esfuerzo y sufrimiento que algunos de los participantes puedan llegar a aguantar, para algunos eso está dentro de su mapa. No se han movido ni un ápice de su zona de confort. Que algo sea incómodo, duro y produzca sufrimiento, no implica que esté fuera de tu zona de confort.

Sé que suena extraño, que quizás produce confusión en algunos esto que estoy explicando pero eso es solo porque juzgamos las cosas aferrados a nuestro Yo ideal, ese que cree saber todo lo que necesitamos y que está tremendamente influido por lo que la familia, las circunstancias y la sociedad ha hecho de nosotros. Pero en realidad la mejora sobreviene en muchas ocasiones cuando podemos alejarnos de ese Yo ideal y así hacer cosas realmente sorprendentes y que pueden ser en apariencia tan simples como por ejemplo, mostrarnos débiles y vulnerables ante otra persona cuando nos sentimos así en lugar de pretender ser fuertes siempre. O dejar de competir por ser el mejor en algo a cualquier precio y disfrutar del momento sin esperar resultados. O hacer un esfuerzo cuando solemos abandonar al primer intento. O dejar de ser cínicos ante los problemas y reconocer que si quitamos el velo del cinismo, en el fondo nos sentimos afectados por ellos. O dejar de quejarnos por lo mal que nos va todo y aceptar nuestra parte de responsabilidad en ello. Y así podría seguir poniendo ejemplos, porque para cada persona, el cambio está en un lugar distinto.

Por todo ello, te vuelvo a plantear, qué es lo que realmente quieres hacer: ¿atajar el problema o maquillarlo?

Mertxe Pasamontes