estasatiempo

Siguiendo con la línea iniciada en los posts sobre las 5 etapas para el cambio y Se hace haciendo os quería comentar una de las frases que más suelo escuchar, tanto en terapia como fuera de ella, que es “no cambio porque ya no estoy a tiempo” o “es que es demasiado tarde para mí“. Y esa frase se aplica a innumerables situaciones, desde algunas que pueden tener una cierta base de realidad a otras en que la realidad no tiene prácticamente ningún peso. Os voy a dar algún ejemplo para que entendáis a qué me refiero: Hombre de 30 años. Estudios de periodismo. Frase: no estoy a tiempo de dedicarme a otra cosa. Mujer de 31 años. Trabajando en una empresa. Es que a mi edad ser freelance ya no es una opción.

Simplifico un poco los ejemplos, ya que hay otros en que tal vez el peso de la realidad es mayor. Es algo que ya comenté en el post Quién o qué te ata. Pero es que es solamente para que os hagáis una idea de que no estoy hablando de impedimentos reales, sino de limitaciones que están en el mapa mental de cada uno, no en la realidad. Es nuestra mirada la que pone el obstáculo, la que nos hace creer que el cambio es imposible. Son nuestras creencias limitadoras las que nos impiden imaginar nuestra vida en otro escenario, de otro modo, haciendo otras cosas. Porque el problema de estas creencias limitadoras, es que no somos conscientes de que sean creencias, sino que pensamos que el mundo, que las cosas, que nosotros mismos somos en realidad así y que eso no se puede cambiar.

Os voy a transcribir un cuento de la recopilación de 101 cuentos clásicos de la China que dice así:

Se cuenta que el noble Ping de Dsin había cumplido setenta años. Tenía un músico ciego también de avanzada edad que era su confidente. El noble se lamentó:

– ¡Qué pena ser tan mayor! Ahora, aunque quisiera estudiar y emprender la lectura de libros importantes, ya es demasiado tarde para ello.

El músico ciego preguntó:

– ¿Por qué no enciende la vela?

El noble se quedó perplejo con aquella respuesta. ¿Es que su súbdito trataba de mofarse de él? Dijo:

– ¿Cómo te atreves, osado, a bromear con tu señor?

La irritación del noble era evidente.

– Jamás bromearía un pobre músico ciego como yo con los asuntos del señor. Nunca osaría una cosa tal, pero prestadme un poco de atención.

El noble se calmó y el músico ciego dijo:

_ He oído decir que si un hombre es estudioso en su juventud, se labrará un futuro brillante como el sol matinal; si estudia cuando ha llegado a una edad mediana, será su futuro como el sol de mediodía; si empieza a estudiar en la ancianidad, lo será como la llama de una vela. Aunque la vela no es muy brillante, por lo menos es mejor que andar a tientas en la oscuridad.

Ese mismo día el noble comenzó a estudiar.

Es obvio que no es lo mismo cambiar con 20 años que con 60. Que las opciones y posibilidades son distintas. Pero lo importante es ser consciente de que se puede hacer. Que nunca es tarde para abrirnos a otras opciones, para probar cosas nuevas, para cambiar actitudes, para variar el rumbo de tu carrera profesional. Si a los 40 años te das cuenta de que te gustaría hacer otra cosa y con la hipótesis de que hubieras empezado a trabajar con 20 años, te queda más tiempo por delante del que has recorrido. ¿No son 27 años laborables razón suficiente para tratar de hacer algo que te guste?

Estar vivo es aprender y  aprender es cambiar a cada paso. Morimos cuando dejamos de aprender, cuando sentimos que ya lo tenemos todo hecho. Y nuestro espíritu envejece cuando ya no es capaz de mirar nada con ojos nuevos, cuando nuestro mapa mental se vuelve rígido e inamovible, cuando no somos capaces de sentir la ilusión de lo desconocido, de sentir curiosidad, de proponernos algún reto…. Hay viejos con 20 años y jóvenes de 80. Lo esencial es que no importa la edad que tengas, aún estás a tiempo.

¿Alguna vez piensas que eso ya no es para ti? ¿No lo es realmente o es una limitación de tu mapa mental?

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes