Puede que el título de este post resulte algo duro, pero cuando hablas de una experiencia vivida, no de teorías, muchas veces los eufemismos no son demasiado adecuados. Por mi profesión como psicóloga y coach, veo casi a diario a personas que no se sienten bien consigo mismas, que tienen algún problema, que desean cambiar su vida o cambiar ellas mismas. Son todos ellos deseos normales, lógicos y del todo adecuados. Si alguien sufre de alguna manera es de lo más normal y sano que busque maneras de aliviar ese sufrimiento.

El problema empieza cuando una vez asumido el hecho de que la persona quiere hacer un cambio, pasamos al tema “tiempo”. Cualquier cosa en la vida requiere pasar por un proceso, un aprendizaje y un tiempo. Piensa en cosas en tu vida que aprendiste hace tiempo como puede ser: aprender a andar, o a hablar, o a leer y escribir, ir en bicicleta o un nuevo idioma, o a bailar salsa, etc. Tus primeros pasos en cualquiera de estas actividades fueron titubeantes, cometiste errores, tuviste que dedicarles tiempo, tal vez hubo algún momento en que sentías que no avanzabas y finalmente un día estabas dónde querías estar. Lo más probable es que aún y estando ahí, tengas margen para la mejora (puedes aprender a tener mejor dicción, a caminar sobre un alambre, ampliar tu vocabulario, a escribir con más calidad, perfeccionar el idioma, a bailar tango…). El camino del aprendizaje sólo acaba con la muerte.

Pero cuando hablamos de la mejora personal, parece que se nos olvidan esos conceptos de tiempo, proceso y aprendizaje. Muchas personas vienen a mi buscando una vía rápida, indolora y con poco esfuerzo para sentirse bien. Eso es buscar una varita mágica, una pócima de la felicidad, o directamente un milagro. Si quieres solucionar un pequeño conflicto, una fobia simple, una reorientación profesional en que ya has trabajado previamente, es posible que en una, dos o tres sesiones eso esté arreglado. Puede incluso que ese “pequeño arreglo”, como en una suerte de carambola, se transmita a alguna otra área de tu vida y sientas esa mejora también en ese otro lugar. Esa cosas pasan y puedo dar fe de ello.

Pero la mayoría de las veces la búsqueda no es tan simple. No es que cada persona a la que veo quiera conocerse a sí misma hasta el fondo y hasta las últimas consecuencias. Muchas veces el área de mejora pretendida es más modesta aunque no por ello de alcanzarse tenga menor impacto en la vida de las personas. El problema viene cuando la persona quiere que eso suceda ya, en una, dos o tres sesiones. Es más,  muchas veces se pretende que tras la primera sesión, se pueda ver ya claro cómo lo vas a conseguir. Tener un recetario o un mapa de por dónde ir y adonde se va a llegar. Sé que en cierto modo es tirarme piedras a mi propio tejado, pero las cosas no son tan fáciles. Y es tirarme piedras pues puedo con estos comentarios alejar a posibles clientes que buscan un cambio de hoy para mañana, pero ese no es mi juego.

Si miras los posts más visitados de este blog son los que por su título parece que te ofrecen cómo conseguir tus sueños o la felicidad de manera casi mágica. Pensando que gran parte de la gente que accede al Blog lo hace a través de buscadores, es lógico deducir que están buscando “la felicidad”. Por tanto, es muy posible que no les guste leer que para conseguir, ya no la felicidad, sino algún tipo de cambio sólido van a tener que poner de su parte, recorrer un camino y esperar un tiempo. Hay atajos, pero no quiero usarlos ya que son “pan de hoy y hambre de mañana”. Por ejemplo, puedo usar la hipnosis para inducir un cambio rápido por sugestión que dure un tiempo. Pero no quiero hacerlo. Si uso la hipnosis es para ir a capas más profundas de nuestro cerebro y conseguir cambios que perduren en el tiempo, aunque sean más lentos.

No tengo varitas mágicas, ni vendo milagros, ni te prometo la felicidad en 5 sesiones. No doy pastillas para que tapes tus síntomas (si son necesarias, las usaremos con el apoyo de un psiquiatra, pero no dejaremos de trabajar por ello en ti mismo). Te ofrezco un camino de cambio y autoconocimiento. Por el tiempo que quieras y hasta dónde quieras. Conmigo o quién tú escojas, no se trata de mí sino de ti. Porqué hay algo que no debes olvidar: puedes aferrarte a tu Yo, a tu personalidad a tu no- cambio, pero la vida es incertidumbre y constante cambio. Si no eliges cambiar por las buenas, es muy probable que tengas que hacerlo por las circunstancias. Y sería una lástima, que llegado ese momento no tuvieras las mejores herramientas para hacerlo.

¿Quieres de verdad hacer un cambio? ¿O prefieres contratar a Harry Potter para que te lo arregle? 

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Mertxe Pasamontes