Este año me estoy retrasando en el habitual post de palabras de Navidad que era para mí ya una tradición  que empecé en el  2008 y continué en 2009 y 2010. En los correspondientes enlaces de cada año podréis encontrar las reflexiones que hice en ese momento y diferentes consejos y maneras de llevar estas fiestas. Y las razones por las que no lo hubiera escrito aún son varias: una es la larga duración de la crisis que hace que muchas personas no sientan que tienen muchos motivos por los que celebrar algo. Otra es que me gusta escribir los post cuando algo se mueve dentro de mí y siento que las palabras fluyen y eso no había sucedido hasta este momento. Y el gancho que ha tirado de mi, ha sido este vídeo de Eric Elias en el que nos explica qué paso por su cabeza mientras su avión volaba sin motor sobre el rio Hudson, en esos momentos en que pensó que su vida llegaba a su fin. Sólo dura tres minutos así que os invito a verlo antes de seguir con mis comentarios.


Eric resalta en ese momento las cosas que realmente le parecen fundamentales de su vida. No son realmente sorprendentes los puntos que cita y se parecen a los de  muchas personas que han estado en esa situación de ver la muerte de cerca, sea por accidente o enfermedad . Suelen ser cosas simples, cotidianas, momentos que decidiste no vivir, cosas que no encontraste el momento de hacer, personas queridas con las que no pasaste más tiempo o a las que no les dijiste lo mucho que las querías. Eso no quiere decir que otras muchas coas que llenan tu vida no tengan ninguna importancia, ni tan solo que si volvieras a estar en una situación similar, te vendrían a la cabeza los mismos pensamientos y emociones. Sólo quiere decir que en ese momento de tu vida, esas personas y esas cosas por hacer son importantes.

Afortunadamente, la mayoría no tenemos que enfrentarnos a situaciones tan extremas como la que vivió Eric Elias pero también esa es muchas veces nuestra desgracia. Porque en el camino de lo cotidiano y de lo urgente y necesario, olvidamos lo realmente importante. Porque no nos detenemos un momento a pensar qué es lo que de verdad importa, cuáles son nuestras verdaderas prioridades y cómo queremos disfrutar de nuestra vida.

Y no pretendo hacer de una felicitación para las fiestas un post triste, sino justamente lo contrario. Pretendo invitar a un momento de reflexión, más allá de las luces de colores, de las comidas en familia, de las cenas de empresa, de los regalos, de la publicidad, de la lotería, del turrón y de los empachos. Invitar a pararse un momento para celebrar la Vida, tal vez de una manera íntima o tal vez compartiéndolo con otros. No importa el modo en que lo hagas, sino el hecho de hacerlo, de tomar conciencia de eso. De darte la oportunidad de a través de ese pensamiento conectar un poco más contigo mismo y desechar aquello que ya no te sirve y devolver a su lugar de protagonismo las cosas que de verdad te importan. No se trata de que abandones todo para hacer sólo lo más importante, pero sí que no dejes de lado eso que de verdad lamentarías haberte perdido.

Hemos de pensar que la celebración del solsticio de Invierno se remonta a la antigüedad y de una u otra manera, muchos pueblos celebraban que los días comenzaban a ser más largos, que la luz había vencido a la oscuridad, que un ciclo se acababa y que en breve todo volvería a fructificar de nuevo. Algo moría y algo renacía. La vida continuaba y se renovaba. Luego vino la tradición religiosa de la Navidad que acogió en su seno muchas de las manifestaciones paganas, con mayor o menor disimulo, con mayor o menor acierto. Y con el tiempo perdieron su significado originario aunque perduró el símbolo. Y luego los tiempos modernos sumaron a esa tradición la sociedad de consumo, pervirtiendo de algún modo su significado primigenio. Pero por muchos añadidos que hagamos, la base, la esencia de la fiesta, sigue ahí debajo, que es celebrar el renacer de la Vida.

Por eso tras el Memento mori con que comenzaba el post llega el momento del Carpe diem, así que levanta tu copa y brinda por el presente, por el aquí y  ahora y disfruta con intensidad del momento.  Y tan sólo trata de recordar de vez en cuando qué es lo que de verdad importa, pues te ayudará a coger perspectiva, relativizar algunas cosas, dejar aquello que ya no es válido y poner nuevas cosas en su lugar.

!Feliz Navidad! 

Si quieres escuchar el post en formato pocdcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes