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Titulo este post en forma interrogativa, ya que como seres sociales que somos, que vivimos y trabajamos en sociedad, si algo no podemos (ni debemos) evitar es relacionarnos con otras personas. Lo hacemos de manera cotidiana, tanto en nuestra vida personal como en la laboral. De nosotros depende en gran medida, que esas experiencias relacionales sean en muchos casos plenas y satisfactorias o como decía Sartre que lleguemos a pensar que “el infierno son los otros“. O tal vez incluso que nos encontremos en situaciones en que nos sintamos incomunicadamente comunicados.

Porque además yo no estoy hablando de un mero relacionarnos, que es algo que más o menos todos podemos hacer sino de una verdadera conexión con los demás, incluso más: de resonar con los demás. Resonar con alguien es vibrar en la misma frecuencia, conectar con lo que hay, con el mundo del otro y permitir que se exprese.

En PNL solemos hablar de entrar en rapport para definir ese estado de profunda conexión con la otra persona, ese dejar que todo el ser del otro se manifieste y encuentre lugar en ese espacio relacional que le proporcionamos. Sería un estado muy parecido al de la empatía, pero con la diferencia de que nosotros estamos “en sus zapatos” pero a la vez en los nuestros.

Los seres humanos como ya hemos comentado en otras ocasiones estamos preparados para conectar, venimos equipados con las neuronas espejo y eso nos facilita enormemente no sólo entender sino también poder experimentar lo que siente otra persona. Como dice el budista Jack Kornfield: Las cosas más importantes de nuestra vida no son extraordinarias o grandiosas. Son los momentos en que nos sentimos tocados el uno por el otro.

¿Qué hacer en esas ocasiones en que nos sea difícil o que esa conexión no fluya?

– Lo primero es tener un interés genuino en la otra persona. Si ese interés no se da, puedes lograr relacionarte pero no se establecerá una conexión profunda.

– Practicar la escucha activa. Cuando estás escuchando, tienes que hacerlo de verdad, con atención plena. Si estás pensando en otra cosa, se notará.

– Mirada y postura que faciliten el contacto. Cuando estás realmente a gusto con alguien, las miradas se entrelazan suavemente y nuestros movimientos adquieren una especie de danza conjunta.

– No interrumpir ni atropellar con nuestro “mapa”. Dejar espacio a la otra persona para sus opiniones y maneras de ver el mundo.

– No tener miedo a conectar, ser natural y auténtico. Muchas veces no conectamos porque estamos demasiado pendientes de nosotros mismos, excesivamente preocupados de cómo estamos quedando en lugar de tener la atención fuera, en la otra persona.

– Comunicarnos de un modo respetuoso. Como dijo George Bernard Shaw: Bajo la clave adecuada, uno puede decir cualquier cosa; bajo la clave equivocada, nada vale. Acertar con la clave es lo esencial.

¿Cómo crees que conectas con los demás? ¿resuenas con ellos o lo haces de manera superficial?

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Mertxe Pasamontes