Diferencia entre dolor y sufrimiento

Uno de nuestros principales temores como seres humanos es el sufrimiento. Todos, en mayor o menor medida tememos el sufrimiento. Lo que no solemos pensar, por muchas veces que hayamos oído el conocido adagio budista de que “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”, es que la mayor parte del sufrimiento que padecemos nos lo causamos nosotros mismos. Como muy bien describe Manuel Vicent “Las flechas aciagas que la vida nos lanza casi ninguna da en el blanco. Caen a nuestro alrededor y somos nosotros los que las arrancamos del suelo y nos las clavamos”. Y no es fácil dejar de hacerlo. Porque estamos acostumbrados a funcionar de ese modo y cuesta cortar con los patrones adquiridos.

Por qué nos da miedo el dolor

Es bastante lógico que tratemos de no sufrir, nuestro cerebro está programado para buscar el bienestar y la homeóstasis interna. Por tanto evita el dolor en la medida de lo posible. El dolor es una señal de alarma, para nuestro organismo, de que algo no va bien. Tanto el dolor físico como el psicológico. Y cuando eso sucede se activan mecanismos de protección y búsqueda de soluciones. Por tanto, temer y evitar el dolor es algo completamente natural. No tiene nada de extraño.

Qué podemos hacer ante el sufrimiento

No vamos a poder evitar momentos de dolor en nuestra vida. Somos seres humanos y eso forma parte de nuestra existencia. Aparecerá de manera física o psicológica. Lo  que es seguro es que en algún momento sucederá, en mayor o menor grado. Lo que podemos es no añadirle sufrimiento al dolor. Te voy a dar algunos ejemplos. Unos más sencillos de llevar a cabo, otros requieren más trabajo interior. Y posiblemente pasar por una terapia que te ayude a trabajar tus creencias internas.

Situaciones de intensidad baja

Estás en la cola del supermercado y disimuladamente se cuela alguien. Ni siquiera lleva muchas cosas. Se lo comentas y te responde mal. ¿Merece la pena la discusión? ¿Tal vez pelearte y quedarte después con ese regusto amargo durante horas? Piensa si de verdad vale la pena gastar tiempo y energía en eso. O en discutir de política o fútbol o de lo que sea con tu cuñado. No digo que no puedas decir lo que piensas, sino cuánta energía vas a gastar en eso y en caso de “no salirte con la tuya” cuanto malestar te va a generar.

Situaciones de intensidad media

En el trabajo te están pagando menos de lo que consideras justo. Tratas de que te suban el sueldo y no lo consigues. Ante eso puedes hacer varias cosas: tratar de negociarlo para más adelante, que te den alguna compensación o buscar otro trabajo. Pero supongamos que ninguna de esas opciones funciona. Te has de quedar y con el mismo sueldo. ¿Qué vas a hacer ante esa situación? ¿Pasarte el tiempo amargándote por eso que tú percibes como injusto? ¿Ir a trabajar cada día de mal humor? Mientras no puedas cambiar la situación, suelta el resto. Trabaja por cambiar la situación pero mientras no puedas hacerlo, encima no te amargues.

Situaciones de intensidad alta

Estas son las más complicadas y las que manejamos peor. Pero si te entrenas en las dos anteriores, cuando por desgracia te toque, si es que sucede, alguna de estas, estarás mucho mejor preparado. Vamos a suponer que te diagnostican una enfermedad grave. El tratamiento es largo y pesado. La vida te ha dado un buen golpe. Pero has de afrontarlo, no te queda otra. ¿Cómo vas a hacerlo? ¿Te vas a pasar el tiempo lamentando tu desgracia? ¿ o vas a tratar de pasarlo lo mejor posible a pesar de las circunstancias ?

Lee el siguiente cuento de creación propia:

Había un hombre en una pequeña habitación con una soga atada al cuello y sus pies sosteniéndose sobre un taburete bastante inestable. Sus manos estaban a su espalda. La soga estaba bastante tirante, pues en determinados momentos el hombre se ponía de puntillas para relajar la tensión en el cuello. No parecía que pudiera aguantar mucho tiempo así. Sentimos su congoja y miedo. Entonces se abre  la puerta y entra una persona con un objeto en la mano, un taburete. La persona se acerca y le ofrece al hombre cambiarle el taburete precario que le sostiene por uno más fuerte y más alto. Estará en una postura más relajada, con menos tensión. Pero ante nuestra sorpresa, el hombre rechaza la oferta.  No quiero un taburete más alto. Quiero que me liberes. Corta la soga. La otra persona le mira entre compasiva y resignada y musitando un – eso no puedo hacerlo – y sale de la habitación. Nos quedamos asombrados de que haya rechazado la oferta, pero al mismo tiempo nos damos cuenta de que no puede aceptarla porque es tal su miedo a resbalar, tiene tanta necesidad de sentir que controla la situación, que lo único que puede hacer es pedir su liberación. La escena se repite varias veces del mismo modo, con diferentes personas y asistimos preocupados a los hechos, impotentes y temerosos ya que la cuerda parece cada vez más corta y los esfuerzos del hombre por mantenerse cada vez mayores. En ese momento entra un niño de unos siete años. El hombre reacciona con una expresión extraña, como si lo conociera. La verdad es que se parecen, casi se diría que es una versión infantil del hombre. El niño no lleva un taburete, sino que lleva una cuña de madera. Se acerca al hombre y le pone la cuña bajo los pies. La soga cede un poco. El hombre le suplica: por favor, corta la cuerda. El niño le mira atentamente y le dice: usa tus manos, sólo tú puedes hacerlo. Nos damos cuenta entonces de que las manos del hombre, están a su espalda pero no están atadas. Vemos que las mueve, las acerca a su cuello y empieza a aflojar el nudo. El niño sonríe y sale de la habitación.

Como ves, muchas de ellas no son situaciones fáciles y son susceptibles de crearte un sufrimiento. De ti, entendiendo por ese ti, tus genes, tú temperamento y tus experiencias vividas, depende hacer que ese sufrimiento sea lo menor posible. Y si no eres capaz de hacerlo solo, pide ayuda. Yo te ofrezco mis sesiones de terapia y el curso online Dueño de tus emociones, capitán de tu destino. Lo único que te pido es que hagas algo, que no te quedes ahí parado recreándote en tu sufrimiento. La vida es mucho más corta de lo que crees. No vale la pena vivirla sufriendo más de lo estrictamente necesario.

¿Cuánto sufrimiento te creas tú mismo?

 

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Mertxe Pasamontes