En esencia, la autoestima sería el hecho de tener una valoración positiva de uno mismo. Y eso que parece tan sencillo, suele ser un punto flaco en muchas personas. Todos en mayor o menor medida nos queremos a nosotros mismos, es algo que está impreso en nuestros genes. Pero que nos valoremos como nos merecemos, es ya harina de otro costal. Los que me seguís habréis visto que me molestan bastante las frases del tipo “sé la mejor versión de ti mismo”. Me molesta porque esa frase implica el hecho de que no estamos bien como estamos, de que no somos lo suficientemente válidos, de que tenemos que ser “mejores”. Y eso es lo que en nuestra más tierna infancia empezó a socavar nuestra autoestima.

Cuando somos niños, no nos planteamos si tenemos una alta autoestima o no. Simplemente vivimos y disfrutamos. Los adultos que nos rodean, nos empiezan a socializar y para ello nos meten en un mundo lleno de normas a seguir para supuestamente ser aceptado: sé bueno, pórtate bien, no seas egoísta, comparte tus juguetes con tu hermano, haz esto u lo otro, etc… La aceptación del entorno depende de que cumplamos esas normas. Es lógico que se tengan que poner unas directrices para que el niño pueda crecer socializado, pero el problema es cómo se hace. Y suele hacerse vinculando su valoración como ser humano e incluso el amor, con el comportamiento. Eso lo podemos ver en frases del tipo ” Mamá quiere a los niños buenos”, “Mamá no te querrá si haces eso”. Y ahí empiezan los problemas, pues pensamos que nuestra valoración está sujeta a nuestro comportamiento y por tanto a la aprobación de los demás.

La mayoría de los problemas de autoestima vienen de hacer comparaciones. Nos comparamos con otra persona y pensamos que no somos lo suficientemente guapos, listos, eficientes, exitosos o lo que sea. O nos comparamos con la imagen ideal (la mejor versión de nosotros mismos) y tampoco somos por tanto suficientemente lo que sea. De este modo, conseguimos no estar nunca contentos ni satisfechos con lo que somos. Y no te engañes, ni que consigas lo que quieres, lograrás estar contento, porque siempre habrá alguien más guapo, o más listo o más exitoso. Y tu Yo ideal estará siempre por delante, es inalcanzable.

Veamos ahora algunos consejos básicos para empezar a mejorar la autoestima:

– Lo primero es que trates de entender y aceptar la explicación que he dado en los párrafos anteriores. Es el primer paso.

– Cuando te descubras comparándote con otro, párate un momento y date cuenta. En esta primera etapa no hagas nada más, sólo darte cuenta.

– Haz lo mismo cuando te descubras comparándote con tu Yo ideal.

– Trátate bien en todas las formas que se te ocurran: cuida tu cuerpo, toma buenos alimentos, cómprate cosas que te gusten, date premios, etc….

– La clave es: Te tienes que tratar como tratarías a alguien a quien quieras mucho.

Son consejos fáciles y sencillos, pero su aplicación no lo es tanto pues estamos llenos de programas automáticos que nos boicotean. Esos programas no son sencillos de cambiar, pero puede hacerse. Solos o con ayuda profesional. Porque si no trabajas en tu autoestima es probable que tengas que vivir con esa sensación de insatisfacción perenne, que no se va a ir por mucho que te esfuerces en conseguir ser mejor. Porque no se trata de eso. Puedes mejorar cosas de ti mismo si lo deseas, ese no es el problema. El problema es andar en pos de un ideal imposible de alcanzar. Y pasar la vida sintiendo que uno no es lo suficientemente válido. Y la clave para sentirte bien, ya la tienes, pues está dentro de ti.

¿Cómo es tu autoestima? ¿Te sientes bien tal como eres hoy en día? 


Mertxe Pasamontes