A nadie se le escapa ya a estas alturas que vivimos en un momento especialmente difícil y que esta crisis que empezó en el 2008 no sólo no ha acabado, sino que tiene toda la pinta de continuar durante un período prolongado de tiempo. Y además me atrevería a decir, por las muchas señales que se observan, que no es que tengamos que esperar un tiempo para que las cosas vuelvan a ser como antes, sino que es posible que no vuelvan a serlo, que realmente estemos asistiendo a un cambio de paradigma. Y entonces tendremos que acomodarnos a un nuevo estilo de vida, con la resistencia al cambio que todos tenemos en mayor o menor medida.

Es posible que en algún momento tengamos que enfrentarnos a verdaderas adversidades y ya comenté en un post sobre cómo superar las adversidades  y la mejor manera de hacerlo si se da el caso. Las adversidades son situaciones de una cierta gravedad tal como define la RAE : una situación desgraciada en que se encuentra alguien. Y en esos casos hemos de recurrir a nuestro mejor arsenal de recursos internos y dejar salir toda la resiliencia que seamos capaces de tener. Pero no es de esos casos más graves o incluso extremos de los que me gustaría hablaros hoy, sino de esas pequeñas cosas del día a día que pueden llegar a molestarnos mucho pero que en realidad no pasan de ser contrariedades. Que como bien define la RAE son: accidente que impide o retarda el logro de un deseo. Pero hemos también de ser capaces de superar las contrariedades.

Vamos a poner unos cuantos ejemplos de cosas que podríamos llamar contrariedades: estás desayunando y sobre tu camisa blanca recién puesta se vierte un manchón de café que te obliga a cambiarla y dejar esa para lavar. Justo cuando llegas a la parada se va el autobús y tienes que esperar unos 10 minutos a que pase el siguiente. Se te cae el móvil al suelo y se rompe. Se te pincha una rueda del coche camino del trabajo. Cancelan tu vuelo para pasar el fin de semana fuera de relax. Llueve con intensidad y tienes que suspender la salida que habías planificado para ir al campo. Y así un largo etcetera.

Observarás en todas ellas que son situaciones molestas, que pueden conllevarte un cambio de planes o causarte algún prejuicio económico (tener que gastar un dinero no planeado), emocional (no poder disfrutar de unos días de relax), una incomodidad (no poder contactar desde el móvil) o incluso laboral (por ejemplo, llegar tarde o perderte una reunión). Pero ninguna de ellas supone un grave descalabro financiero, o una enfermedad incurable o una amenaza de muerte. Por lo tanto, si bien pueden causar un cierto fastidio, no deberían ser motivo para amargarte el día y mucho menos para que la indignación, por citar un caso, te dure todo el fin de semana  que no pudiste volar.

La pregunta que deberías hacerte es: ¿Cómo reaccionas ante ese tipo de contrariedades? ¿crees que tu reacción es proporcionada o te quedas enojado durante horas o incluso días? Porque si le estás dando una importancia desmesurada a ese tipo de cosas: ¿qué sucederá cuándo te venga una verdadera adversidad? Porque lamentablemente, en algún momento todos tendremos que enfrentarnos a alguna situación de gravedad.

¿Cómo podemos afrontar las pequeñas contrariedades del día a día?. Vamos a seguir tres pasos para superar las contrariedades:

1. Aceptar las contrariedades de antemano. De alguna manera, hemos de “planificar” que surgirán contrariedades. O dicho de un modo más suave, para que no parezca que estamos buscando tener percances, entender que es imposible que todo salga siempre según lo previsto. Hay miles de imponderables cada día y es lógico que nos toquen algunos. Cuenta con ello como algo normal y no lo interpretes como que la “suerte, o la vida o lo que sea están en contra tuya”.

2. Sé consciente de que esas contrariedades no son relevantes para ser feliz. Puede ser muy fastidioso tenerte que cambiar la camisa o tener que esperar un rato más el autobús, pero tu felicidad no depende de eso. Y cuanto antes resuelvas la situación si es posible o focalices tu pensamiento en otras cosas, más pronto dejarán de ser motivo de fastidio.

3. Focaliza tu mente en lo bueno que está sucediendo. Es posible que te tengas que cambiar de camisa, pero que suerte tener más de una camisa y una lavadora dónde lavarla fácilmente. Te quedaste sin escapada de fin de semana pero todavía sigues teniendo un fin de semana por delante para tratar de hacer algo agradable con él en lugar de lamentarte todo el tiempo. No se trata de ser conformista ni de ir con una actitud naif por la vida, pero es una buena idea agradecer lo que tenemos.

Lo que estamos haciendo con estos tres pasos es un ejercicio de abrir nuestro mapa mental y reencuadrar los acontecimientos en diferentes escalas. La mayoría tenemos una manera de ver las cosas, un patrón que solemos repetir. Y eso incluye el modo en que reaccionamos a los pequeños inconvenientes del día a día. Pero aferrarnos a esa mirada no es siempre útil y en ocasiones puede estar bien adoptar otra perspectiva y darnos cuenta de que lo verdaderamente importante está más allá de esas pequeñas molestias. Parece un ejercicio muy fácil de realizar pero te aseguro que esos tres pasos tan sencillos en apariencia te pueden costar en algunos casos un esfuerzo tremendo. Incluso puedes sorprenderte al ser consciente de que en realidad lo que ha pasado no es ni mucho menos como para tomártelo como lo estás haciendo pero aún así no lo puedes evitar. Esa conciencia es una primera visión de dónde están realmente los límites de tu mapa mental y de qué es salir de tu zona de confort. Porque sólo salimos de verdad de nuestra zona de comodidad cuando rompemos o como mínimo empujamos, las barreras de nuestro mapa mental.

 ¿Cómo reaccionas ante las contrariedades de la vida? ¿Crees que es una reacción proporcionada? 

Y si no eres capaz, contrata mis servicios para que pueda ayudarte.

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