No es fácil descubrir quién eres. Es más, me atrevería a decir que saber quién somos realmente es una de las tareas más difíciles que hay, estando como estamos escondidos de nosotros mismos bajo capas y capas de condicionamientos de todo tipo: emocionales, culturales, sociales, educativos, de personalidad, etc… A pesar de eso, creo que es uno de los esfuerzos más importantes que podemos hacer y volveré sobre ello en algún otro post. Aunque ya te advierto que para entrar en esas capas más profundas necesitarás ayuda externa. Una propuesta para empezar podría ser este curso de Eneagrama. Pero como ya he dicho, ya volveré sobre ello más profundamente en otro post.

Pero como llegar a ese conocimiento profundo puede requerir más tiempo y esfuerzo del esperado, está bien que podamos ir haciendo aproximaciones a ese camino, como si nos fuéramos entrenando y estuviéramos poniendo nuestro cuerpo y mente a punto. Como, por citar un ejemplo que yo conozco,  la vía de autoconocimiento que os propongo en Viajes Interiores. Porque lo más importante, lleguemos a dónde lleguemos en ese camino de autoexploración es estar en el camino, andar el camino. Que el conocimiento nos encuentre en movimiento. Y una de las búsquedas de ese camino es lo que Sir Ken Robinson llama en su libro El elemento, encontrar nuestro elemento.

Encontrar nuestro elemento no es asunto baladí. Algunas personas ya lo han encontrado y disfrutan plenamente de la actividad o actividades que realizan en contacto con su elemento. Están en la zona o como he hablado en otras ocasiones, logran estar en flujo con lo que hacen. Otras no lo han hecho o tal vez perdieron ese contacto en algún momento de su “socialización”. Porque los principales obstáculos a que encuentres y desarrolles tu elemento son tres: tus propios miedos, el grupo social y la sociedad en general. La sociedad dice querer gente libre y feliz, pero en realidad quiere personas sumisas y adaptadas al sistema.

Puede que te estés preguntando qué es exactamente el elemento. Según Robinson, el elemento es ese lugar interno en donde convergen las cosas que nos gusta hacer y lo que se nos da bien, un punto de encuentro entre las aptitudes personales y las inclinaciones personales, un lugar en el que puedes sentirte tu mismo y sobre todo sentirte vivo. Es además ese espacio interior en dónde se une la capacidad y la vocación. La capacidad sería una facilidad natural para hacer alguna cosa. La actitud tendría que ver más con un punto de vista de tipo emocional: como miramos nuestra situación, cuánto y cómo sentimos que podemos hacer algo. Y necesitamos además para que eso suceda, para que encontremos nuestro elemento, que tengamos la oportunidad de encontrarlo en el entorno. O bien que seamos capaces de crearla. En palabras de Robinson es un proceso en que se pasa por estas fases: Lo entiendo, me encanta, lo quiero, dónde está.

¿Qué puede ser el elemento? Cualquier cosa: escribir, pintar, cocinar, hacer zapatos, ser matemático, bailar, construir casas, ser ebanista, escuchar a otros, etc… Cualquier cosa en la que te sientas como explicaba en el párrafo anterior. Hay personas que tienen un solo elemento y otras que tienen varios. Todas las opciones son buenas mientras en algún momento, estés en flujo, estés conectado y en la zona.

¿Es obligatorio encontrar tu elemento? Por supuesto que no! Nada lo es. Pero si lo haces, encontrarás un lugar en dónde todo tu Ser fluye, en dónde parece que se abre un canal y se junta el cielo y la tierra, en dónde la vida se expresa a través de ti mismo y todo parece formar parte de un orden natural. Espacio y tiempo fluyendo en sintonía con tu interior. Un espacio en dónde la libertad de ser tu mismo es posible.

¿Crees que te mereces descubrirlo?¿Conoces tu Elemento? 

Si quieres escuchar el post en formato podcast: 

Mertxe Pasamontes

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