No es la primera vez ni será la última que hablo del cambio y cómo podemos realizarlo, ya que uno de los objetivos de este Blog es darte herramientas para que amplies tu mapa mental. No es que cambiar sea una obligación, ni mucho menos. Pero lo que no tiene sentido es que nos quejemos de nuestra situación y no hagamos nada para mejorarla. Por eso insisto en el tema del cambio ya que es  fácil decir que nos gustaría cambiar las cosas, pero es más difícil asumir el esfuerzo y el riesgo que eso conlleva. Y el modo de evitar hacer los cambios abarca un amplio abanico de excusas desde las clásicas, “yo soy así” hasta todo tipo de motivos de lo más variopintos. La cuestión es justificarnos a nosotros mismos, del modo que sea, para no tener que mirar hacia adentro,  para no hacer aquello que tememos y que parezca que el hecho de que no hagamos un cambio es por algo ajeno a nuestra voluntad.

Vamos a hablar de esas cuatro barreras que nos impiden cambiar:

- Abandonar la zona de confort. La zona de confort sería todo ese abanico de comportamientos, actitudes y pensamientos en que nos sentimos cómodos, en que sentimos que tenemos una cierta habituación a estar ahí. Es  de todos sabido que nos encontramos bien en esa zona de confort, que nos da comodidad y seguridad. Hacer un cambio supone salirnos de ella y exponernos a la incertidumbre de qué encontraremos en el otro lado. Y no somos muy buenos manejando la incertidumbre. Porque además, como ya expliqué, somo malos prediciendo cómo serán nuestros estados futuros y muchas veces recreamos escenarios mucho más tenebrosos de lo que luego son.

- Miedo a la pérdida. Tenemos miedo a perder lo que tenemos. Como nos dice Dan Ariely, numerosos estudios muestran que nuestro miedo a perder es más o menos el doble de intenso que nuestro deseo de ganar. Así que cuando tenemos que exponernos a una nueva situación, incluso sabiendo que puede aumentar nuestras ganancias del tipo que sean, debemos poder afrontar ese miedo a no ganar y encima perder lo que ya teníamos. Es  obvio que este temor variará en función de cuantas posibilidades tengo realmente de ganar o cuantas de perder, pero en los casos en que eso esté más o menos equilibrado, optaremos por no arriesgarnos. Preferimos conservar lo que ya tenemos.

- Coste del error. Es un tema que he tocado en varias ocasiones porque realmente me parece que con lo evidente que es, en realidad no somos conscientes de ello. Y porqué además es duro ser conscientes en muchas situaciones de que hemos de asumir que en el pasado tomamos una decisión que aunque en ese momento nos pareció acertada, nos ha llevado a un resultado no deseado. Y que para resolverla, lo primero que hemos de aceptar, es que gran parte de lo hecho, nos puede servir de experiencia y aprendizaje, pero ya no nos sirve para seguir avanzando. Y que hay que desecharlo en gran medida, aunque suponga una perdida. Imagina que compraste un piso que aún estás pagando. Y que si lo vendes, cubrirás lo que te queda de hipoteca por pagar, pero perderás dinero. Pero tú tienes claro que ya no quieres vivir en ese lugar, que ya no te aporta nada, que tu camino está en otro sitio. Quizás puedes vender y asumir la pérdida o alquilar por un coste inferior al de la hipoteca y añadir tu algo de dinero al mes. Pero no quieres perder. Y ese no querer perder dinero, te impide tomar la decisión de marcharte. Y mientras, te estás perdiendo la oportunidad de hacer lo que quieres en otro lugar. Eso es quedarse aferrado al coste del error.

- Huida hacia adelante. Lo que se produce cuando se suman todos los puntos anteriores es una huida hacia adelante. Una huida hacia adelante es lo que hacemos cuando a pesar de tener claro que siguiendo en la misma línea obtendremos los mismos resultados, esperamos “milagrosamente” que se produzca algún tipo de variación. No es que huyamos hacia adelante porque somos “tontos” y no nos damos cuenta que estamos haciendo lo mismo, pero pensamos que tal vez necesitamos más insistencia (es decir, que el fallo ha sido intentarlo poco) o esperamos que algo cambie a nuestro alrededor y se produzca el resultado esperado (es decir, confiamos al azar la obtención del resultado). Pero lo único que sucede es que seguimos arrastrando el problema y tal vez, haciéndolo cada vez más grande.

A veces puede sucedernos como nos explica este cuento de la sabiduría tradicional oriental:

En una tierra en guerra, había un rey que causaba gran temor: en lugar de matar a sus prisioneros los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros en un lado y en otro una inmensa puerta de hierro, sobre la cual se veían grabados de cadáveres cubiertos de sangre.

En esta sala les hacía formar un círculo y les decía a cada uno que eligieran, entre morir a flechazos por sus arqueros o pasar por esa puerta. Y añadía:  Detrás de esa puerta yo os estaré esperando.

Todos elegían ser muertos por los arqueros. Pero un buen día al terminar la guerra, un soldado que durante mucho tiempo había servido al rey se dirigió a él para preguntarle:

- Señor ¿puedo hacerle una pregunta?

- Dime, soldado.

- Señor ¿Qué se esconde detrás de la puerta? El rey contestó:

- Ve y mira tu mismo!!!

El soldado, hombre de gran valor se dirigió a la puerta y la abrió dispuesto a afrontar aquello que le deparara el destino. Al abrir la la puerta vio rayos de sol que entraban y la luz que invadía el ambiente. Descubrió que tras la puerta se abría un camino que conducía hacia la libertad.

El soldado, embelesado, miró a su rey y éste le dijo.

- Yo les daba la oportunidad de elegir, pero todos preferían morir a arriesgar a abrir esta puerta!!

Así como sucede en el cuento, esas barreras mentales, ese miedo a lo desconocido, nos puede hacer caer en el famoso proverbio de más vale malo conocido que bueno por conocer. Nos aferramos a la situación aunque no nos guste porque tememos perder lo que tenemos y además nos aterra la incertidumbre de lo que vendrá. Y qué decir si la situación es mínimamente buena, todavía se apodera más de nosotros  el miedo a arriesgarnos. Pero la vida sólo puede vivirse hacia adelante, sólo puede vivirse a base de experiencias y cambios. Porque además has de saber que cuando te paras, cuando te estancas, cuando dejas de aprender, no sólo no avanzas sino que en realidad, retrocedes.

¿Crees que tienes alguna de estas barreras? ¿Qué podrías hacer para empezar a soltarlas?

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Mertxe Pasamontes