La vuelta de vacaciones nos empuja en cierta manera a replantearnos cómo enfocar el nuevo “curso escolar”, el nuevo periodo que se abre ante nosotros después del descanso vacacional. De ahí el motivo de escribir este post y explicar qué es la productividad Zen, concepto que obviamente me he inventado, y que ya apareció en una interesante charla con los colegas de Hoynegocios.

No obstante, el titulo de este post puede parecer una contradicción en sí misma y en cierta manera lo es. La productividad la asociamos al hecho de hacer muchas cosas, conseguir metas y objetivos, llegar a un fin predeterminado. En cambio, el Zen, como ya expliqué en varios post, tiene más que ver con el aquí y ahora, el estar en el momento presente y disfrutarlo, en hacer las cosas más por el placer de hacerlas que por el resultado que obtengamos de ello.

Pero precisamente es por esa contradicción aparente que el reto para mi es juntar ambos términos y conseguir una Productividad Zen. ¿Cómo podemos pues conseguir una productividad Zen? Vamos a ver unos primeros pasos para empezar a contactar con el concepto, pues como podéis suponer, la cosa es un poco más complicada que dar un recetario.

– Lo ideal sería hacer algo que de verdad te interese, conectar con tu elemento. En ese caso, la propia actividad, el mero hecho de estar haciendo algo que te gusta ya te hace disfrutar y estar en el presente. Es lo que yo trato de conseguir, por citar un ejemplo, cuando escribo un post, disfrutar del hecho de estar escribiéndolo.

– En el caso de que la actividad no te guste, puedes probar la estrategia que propone Babauta, en Una vida con intención. La idea resumidamente sería poner a esas cosas que de entrada no te resultan muy atractivas de realizar, la intención positiva que con ellas persigues. Por poner un ejemplo, si te toca hacer la comida, puedes pensar que en lugar de ser un tostón, es un modo de alimentar a tu familia y hacerlos felices. Pruébalo y verás como cambia totalmente la sensación que tienes al realizarlo.

Relativizar las metas. En realidad el fin no justifica los medios. Los medios, el día a día, es el lugar en donde realmente vives. No vives en el futuro, en la meta lograda sino en el ahora. No guardes toda tu dicha y felicidad para el momento de conseguir la meta pues tal vez nunca lo logres. Piensa, por poner un ejemplo reciente en esos atletas que llevan media vida preparándose para ir a las Olimpiadas y se lesionan justo antes de la cita olímpica. Ten tantos objetivos como desees pero no te olvides de disfrutar el camino.

Crear unos hábitos que te permitan aprovechar los momentos de flujo para ser productivo. Este punto requeriría mayor explicación pero de momento quédate con la idea de que un buen método de productividad requiere que te conozcas y sepas cuales son tus momentos ideales para cada tarea. Algo hecho en el momento adecuado puede ser rápido y eficaz y en el momento inadecuado un tormento.

Con estas pautas puedes empezar a planificar un otoño de Productividad Zen teniendo en cuenta sobre todo que se trata de disfrutar hoy, de gozar el presente y conseguir que las cosas sucedan de una manera orgánica y natural y no de manera forzada. Y que cuando llegue la meta sea un paso más en el camino, como un ligero remanso de paz en el lecho de un río en donde te puedes parar a disfrutar un poco de lo logrado, para luego seguir caminando.

¿Te animas a probar la Productividad Zen?

Si no sabes cómo hacerlo anímate a hacer unas sesiones de coaching o psicoterapia conmigo.

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Mertxe Pasamontes