Los que practicamos Mindfulness sabemos los múltiples beneficios que nos aporta: más calma y tranquilidad, mayor ecuanimidad, mejor concentración, mayor autoestima y aceptación de uno mismo, sueño nocturno reparador, mejor humor, más estados de flujo, mejor conexión con los demás, más tolerancia y una forma mucho más serena de tomarte las dificultades y contrariedades de la vida. Y esto por sólo hablar de los efectos psicológicos. Y seguro que me dejo cosas.

También sabemos que el mindfulness “está de moda”. Y eso, que en otros casos puede ser negativo, en este caso es muy positivo. Primero porqué un mayor número de personas practicando mindfulness, con mayor conciencia de sí mismas y más compasivas, contribuirán seguro a hacer de este mundo un lugar mejor. Y eso es una gran noticia. Y segundo, porqué eso está generando un crecimiento abrumador de las investigaciones científicas sobre el tema. Y de ese modo podemos demostrar que muchos de los efectos citados no son mera sugestión, sino que tienen correlatos fisiológicos mesurables.

Una de estas investigaciones reciente es la llevada a cabo por la Carnegie Mellon University y publicada en Biological Psychiatry  que nos muestra que el entrenamiento en meditación mindfulness mejora la salud de las personas estresadas. Si la semana pasada te daba un pequeño susto explicándote los efectos perniciosos y negativos del estrés en el cerebro, en esta quiero explicarte que hay un buen modo de paliarlos. Y ese modo es un buen entrenamiento en Mindfulness. Ese entrenamiento no tiene porqué ser muy largo ni costoso. Yo lo introduzco en mis sesiones de terapia como parte del tratamiento, de manera sencilla con grabaciones guiadas. Y los resultados son magníficos.

Los científicos han encontrado que ante situaciones de estrés prolongado, el cerebro activa un tipo de células inmunitarias llamadas monocitos. Estas células tienen la capacidad de activar procesos inflamatorios en el cerebro (córtex prefrontal, amígdala e hipocampo) que a su vez generan síntomas de ansiedad. Cuando esto se produce se segrega una glucoproteína, la interleucina-6, que se considera un marcador biológico de inflamacion y estrés. El estudio ha mostrado que el mindfulness reduce la interleucina-6 , lo que querría decir que se ha reducido la inflamación.Y por tanto el efecto pernicioso del estrés sobre el cerebro. Este efecto beneficioso no se producía en los participantes del estudio que sólo practicaban relajación.

Los participantes del estudio, además de mostrar ese inequívoco marcador biológico, también incrementaron la actividad cerebral del córtex prefrontal, lo que indica una mayor capacidad de llevar la atención allá donde queramos. Esa parte del córtex puede también regular la actividad de la amígdala. Que como ya sabes es la que se sobreactiva en caso de estrés y te llena de ansiedad.

Dicho todo en palabras llanas, el entrenamiento en mindfulness te ayuda a reparar los daños cerebrales causados por el estrés y la ansiedad y te provee de una mayor resiliencia frente a la vida. A su vez aumenta la capacidad de tu cerebro de controlar a qué le prestas atención y de regular las emociones. No es que no sientas las emociones, es que no te ves sobrepasado por ellas.

Como ves, en la práctica de mindfulness todo son ventajas. Bueno, todo menos una cosa: para que todos esos efectos se produzcan tienes que practicar. No existe una pastilla que te proporcione todas esas ventajas ni un atajo para conseguirlas en dos días. Es a través de la práctica continuada que todos esos efectos se van produciendo y que empiezas a vivir desde ti mismo, en contacto con tus emociones y con tus verdaderos anhelos. Como decía Morfeo en Matrix: Yo sólo puedo mostrarte la puerta, tú eres quien la tiene que atravesar. 

¿Vas a cruzar la puerta?