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Qué es el apego a las cosas materiales

El apego a las cosas materiales es algo muy frecuente en nuestra cultura. Vivimos en una sociedad consumista en donde se nos induce a pensar que las cosas materiales nos darán la felicidad, o por lo menos una buena parte de ella. No es fácil librarse del consumismo o por lo menos mantenerlo a raya. De esa tendencia al consumismo hablé en este post. Y ese apego a lo material tiene que ver también con el modo en que funciona nuestro cerebro: valoramos más aquellos objetos que consideramos nuestros y construimos una parte de nuestra identidad a través de lo que poseemos. Es obvio que también hay personas que no se apegan a nada, que lo tiran prácticamente todo. Para ellas no sería en un principio este post. Sólo tienen que examinar si tienen ese apego excesivo a los demás. Porque a veces el apego a las cosas es un modo de no apegarse tanto a las personas y viceversa. Y a veces conviven ambos apegos en la misma persona. O ninguno de ellos.

Tampoco pretendo con este post demonizar el apego. Es una de nuestras emociones primarias y clave para la supervivencia. Es natural que el niño se apegue a sus padres o figuras de cuidado pues esas serán las que garantizarán que sus necesidades sean cubiertas. Y eso mismo sucede con diferentes grados de intensidad en otros momentos de la vida. Lo malo es cuando eso se convierte en algo excesivo o patológico. Cuando esa necesidad se desborda.

Estudios sobre el apego

Jean Piaget, epistemólogo, psicólogo y biólogo, fue muy conocido por estudiar el desarrollo infantil. Uno de sus muchos estudios versó sobre lo que se ha llamado el endowment effect o aversión a la pérdida.  Piaget realizó un experimento en que un grupo de niños podía elegir entre una taza y un chocolate como recompensa por un trabajo realizado. La mitad de los niños eligió la taza y la otra mitad el chocolate. A otro grupo le dio la taza primero y luego le dio la opción de cambiarla por un chocolate, pero apenas el 11% quiso cambiar el obsequio original. Lo mismo ocurrió con un grupo de niños a los que les dio primero el chocolate con la opción de cambiarlo por una taza, pero también fue una minoría la que quiso intercambiarlo. Es decir, una vez tomaba un objeto como suyo, el niño no quería desprenderse de él. ¿Entendéis ahora esas ofertas en que te dejan probar el producto unos días? Están jugando con tú aversión a la pérdida.

Cómo nos influyen las cosas

A eso se suma el modo en que nos definimos a través de los objetos que poseemos. Algunos objetos nos dan estatus (el coche, marcas de ropa, modelos de móvil, etc..), otros nos proporcionan seguridad (tener una casa, alimentos almacenados, más ropa de la que podemos usar). Y por otros sentimos una vinculación afectiva, nos ayudan a disparar recuerdos de momentos vividos o de personas queridas. Esos recuerdos de los viajes que has realizado o los regalos que te han hecho personas apreciadas, por poner sólo un par de ejemplos. Toda esta vinculación emocional con los objetos nos dificulta el deshacernos de ellos. Algunos porque de no tenerlos nos harían sentir inseguros. ¿Qué pasa si tiro esa ropa de fiesta y me invitan a una fiesta? ¿O si no tengo coche y necesito un coche? También nos pueden venir malos sentimientos si pensamos en tirar aquello que nos regaló una persona querida aunque ya no nos guste o no nos sea de utilidad. Nos sentimos como si de algún modo traicionáramos su gesto.

El problema de esto es que podemos acabar inundados de objetos que nos estorban, nos dan trabajo y poca felicidad. Y que no dejan espacio para que nada nuevo aparezca. Y lo que sería tema de otro post, también podemos estar aferrados a personas que no nos llenan pero de las que tememos alejarnos por miedo a sentirnos o quedarnos solos. Si queremos que algo nuevo entre en nuestra vida, debemos soltar lo viejo. Y entender que vivir en espacios abarrotados de cosas es cargante, nos resta creatividad, impide la llegada de lo nuevo y de algún modo no deja fluir la energía. Está todo estancado.

¿Cómo empezar a soltar lastre?

-Como siempre, lo primero es ser consciente de que existe ese lastre. De que muchas de las cosas que tienes, no las necesitas. Puedes hacer una lista de tus posesiones y poner en un lado las que necesitas para vivir y en el otro las que no. De las que no necesitas, hacer de nuevo dos listas: las que te dan felicidad o satisfacción y las que no.

-Las que están en la segunda lista de no satisfacción ni necesidad, las puedes eliminar. Puedes tirarlas si son inservibles o regalarlas o donarlas. Yo a veces dejo bien puesto algo en la calle al lado de los contenedores. Sueles desaparecer en menos de media hora. Para alguien era útil. Si algo no te sirve pero tiene un valor sentimental, puedes hacerle una foto y guardarlo en una carpeta en tu ordenador que se llame recuerdos o algo similar. Cuando quieras evocar ese recuerdo puedes mirar la foto.

– Vuelve a revisar las otra lista y piensa en las cosas de las que realmente podrías prescindir. Igual puedes valorar del 1 al 10, en donde 1 es mínima seguridad y 10 máxima y deshacerte de las que no lleguen al 5.  Si tienes muchas dudas, puedes ponerlas en una caja durante seis meses. Si no las has necesitado ni te has acordado de ellas en ese tiempo, es que realmente no te hacen falta.

-Ponte alguna norma estricta para comprar cosas nuevas. Yo por ejemplo, para comprarme alguna prenda nueva de ropa me obligo a tirar dos viejas. Si entra una tienen que salir dos. Así pongo freno al capricho y a la tendencia a acumular.

-Y aparte de todo este trabajo por eliminar, trabaja en el deseo de volver a adquirir cosas. Antes de comprar algo nuevo, califica del 1 a al 10 cuanto lo necesitas. Si no pasa de 7 es que no lo necesitas. Y ponte una regla para las compras: si son de poco valor, una espera de 15 días. Si son de mucho valor como mínimo una espera de 1 mes. Si pasado ese tiempo sigues pensando que lo necesitas, entonces cómpralo.

No llenes tu vida de objetos inútiles ni bases tu seguridad en ellos. Permítete vivir más ligero y a la vez más libre. Y deja ese espacio para que tu verdadera esencia pueda manifestarse.

¿Tienes tendencia a acumular? ¿Haces “limpieza” periódicamente?

Mertxe Pasamontes