Tenemos hoy una nueva cápsula de neurociencia, de la sección nuestra mente, protagonizada hoy por el “rey” de nuestro cerebro: el neocórtex o córtex (fuente del párrafo: wikipedia). Se supone que es la morada de nuestra conciencia y del sentido del Yo y la parte que más nos diferencia del resto de mamíferos. Es la parte que activamos cuando estamos usando cualquiera de las funciones superiores: razonamiento, planificación, aprendizaje, memorización, juicio, etc. Se compone básicamente de una delgada capa de materia gris – normalmente de 6 neuronas de espesor – situada por encima de una amplia colección de vías de materia blanca (mielina). La capa de materia gris está fuertemente circunvolucionada, lo que permite que quepa un gran cantidad de materia gris en una parte relativamente pequeña del cráneo.  Si  extendiésemos la materia gris ocuparía unos 2500 cm2. Esta capa de materia gris incluye unos 10.000 millones de neuronas, con cerca de 50 trillones de sinapsis.

El cuerpo calloso es la parte que conecta ambos hemisferios. Tiene un gran número de fibras nerviosas que permiten esa conexión interhemisférica.

Las circunvoluciones tienen “crestas” que se llaman giros,  y “valles” que se llaman surcos. Algunos surcos son bastante pronunciados y largos, y se usan para establecer unos límites, convenidos por la comunidad científica, para denominar a las cuatro áreas principales del córtex, los llamados lóbulos. Tenemos cuatro lóbulos: frontal, parietal, occipital y temporal .

En la parte delantera está el lóbulo frontal. Este parece ser especialmente importante ya que es el lóbulo responsable de los movimientos voluntarios y la planificación y se piensa que es el lóbulo más importante para la personalidad y la inteligencia. Se considera también el asiento de nuestra percepción consciente. Es el punto de origen de la conciencia de uno mismo. Podríamos decir que es donde encontramos lo que nosotros entendemos por el libre albedrío. Cuando lo activamos nos concentramos en nuestros deseos, creamos ideas, planificamos, tomamos decisiones, controlamos nuestro comportamiento. Una lesión en el lóbulo frontal, como ilustra el conocido caso de Phineas Cage, puede llevar a la incapacitación para la toma de decisiones y la imposibilidad de permanecer en las tareas.

En la parte posterior del lóbulo frontal, a lo largo del surco que lo separa del lóbulo parietal, existe un área llamada córtex motor que formaría ya parte del lóbulo parietal. Es la zona encargada de recibir las sensaciones del tacto, calor, frío, presión, dolor y coordinar el equilibrio de dichos estímulos. En estudios con pacientes que estaban recibiendo cirugía en el cerebro (que se realiza con anestesia local, ya que el cerebro “no duele”) , la estimulación de áreas del córtex motor con pequeñas descargas eléctricas causaba pequeños movimientos en los pacientes. Ha sido posible para los investigadores realizar un mapa de nuestro córtex motor bastante preciso. Las partes más bajas del córtex motor, cercanas a las sienes, controlan los músculos de la boca y la cara. Las partes del córtex motor cercanas a la parte superior de la cabeza controlan las piernas y los pies.

 

 

Viendo las figuras podemos hacernos una idea de donde se sitúa la sensibilidad de cada parte del cuerpo, pero hemos de tener en cuenta que el tamaño de la zona dependerá de la sensibilidad de la zona en cada persona.

Junto a la cabeza está el lóbulo temporal (es el término en latín para “sienes”). Un área especial del lóbulo temporal es el córtex auditivo. Como su nombre indica, esta área está íntimamente conectada con los oídos y especializada en la audición. Aunque también tiene neuronas relacionadas con la comprensión del lenguaje, memoria y aprendizaje.

En la parte trasera de la cabeza está el lóbulo occipital . En la parte trasera del lóbulo occipital está el córtex visual, el cual recibe información desde los ojos y se especializa, por supuesto, en la visión. Se organiza en seis secciones: luz, movimiento, forma, silueta, profundidad y color. Tiene también un centro de asociación que relaciona lo que vemos con nuestras emociones y recuerdos. Es el almacén de muchos de nuestros recuerdos visuales ligados a emociones determinadas. Así pues podemos decir que los cuatro lóbulos procesan el lenguaje, la audición, el pensamiento conceptual y la memoria asociativa.

Como he dicho en los otros post de esta serie, estamos sólo describiendo la parte anatómica del funcionamiento cerebral y las áreas que se supone procesan determinados datos. No hay que olvidar por ello, que aunque sea un área muy importante en el procesamiento por ejemplo del tacto, la principal característica de nuestro cerebro es la interconexión, por lo que además de ese área específica, pueden haber implicadas en ese momento muchas otras zonas. Ese funcionamiento modular o por patrones de activación es lo que lleva de cabeza a los neurocientíficos pero es a su vez, lo que permite al cerebro su neuroplasticidad. Así pues, seguiremos en esta serie de post tratando de adentrarnos cada vez más en la comprensión de esta apasionante parte del ser humano, con todas las deficiencias y simplificaciones en las que podamos incurrir.

Mertxe Pasamontes