sakura

Desde que leí el libro de Presentación Zen de Garr Reynolds sigo su Blog, Presentation Zen en donde encontramos una mezcla de consejos para realizar presentaciones zen y cultura y filosofía japonesa (él reside en Japón desde hace muchos años). Hoy me he encontrado con un post que habla sobre el momento en que florecen los cerezos en Japón, momento que los japoneses denominan con la palabra sakura. Es un momento de gran belleza pero a la vez muy efímero. Por eso, desde siglos atrás la palabra sakura no sólo sirve para denominar el florecer del cerezo, sino también como metáfora de la naturaleza transitoria y efímera de la vida.

El concepto del aquí y ahora (que he tratado de múltiples maneras) está mucho más implantado en sociedades orientales que occidentales y por eso no me sorprende que existan en oriente conceptos como sakura. Tal vez nuestro equivalente, es el carpe diem, aunque lo tenemos un poco olvidado o tal vez poco trabajado.  Porque cuando un japonés emplea la palabra sakura está hablando de muchos conceptos concentrados en uno: de la vida que se expresa en un determinado momento con una explosión de belleza que sabemos que va a desaparecer, pero aún así disfrutamos ese instante, si cabe más intensamente, porque sabemos que apenas durará. Como decía Al Pacino en Esencia de Mujer: Hay quien vive toda una vida en un instante. Simboliza también sakura el renacer de la vida en cada primavera y la necesidad de focalizarse en lo que es importante y no en lo superfluo o accesorio.

Creo que son muy adecuadas aquí las palabras de C.E. Albrecht:

Los místicos dicen que el presente es el “lugar” en que la eternidad suele tocar el tiempo. Cuando el alma ha “abandonado” todo lo que en el tiempo existe y, vacía de todo, se halla en la quietud total, entonces se para el tiempo y es transformado por la eternidad.

Son conceptos difíciles para nuestros oídos y mentes occidentales, acostumbrados a hacer planes para el futuro, a racionalizar, a materializar y llenar cada momento de la vida. Nos obligan estos conceptos a suspender el juicio, aparcar la razón y quedarnos ahí desnudos, sólo sintiendo el momento, deleitándonos con la belleza de algo que sabemos que durará un instante, pero aún así disfrutándolo. Nos pide ser capaces de no aferrarnos al instante que pasa y aún así amarlo y gozarlo al máximo. Porque tenemos la costumbre de aferrarnos a las cosas con la idea que permanecerán: nos aferramos a nuestro trabajo, a la pareja, a la casa y otras posesiones materiales, etc…Pero en la época que vivimos, en que nuestras certezas han desaparecido, en que todo aquello que creíamos ya conseguido se tambalea, en que el futuro es incierto, nuestra única seguridad es la capacidad de disfrutar del presente. Porque si eres capaz de vivir ese instante en plenitud, la vida se redimensiona y todo empieza a ocupar el lugar que verdaderamente le corresponde. Y tal vez entonces, podamos encontrar el otro significado de la palabra sakura: la posibilidad de un nuevo principio, de un renacer.

No se trata de no querer nada, de rechazar lo que la vida nos ofrece, sino de quererlo aunque exista la posibilidad de que desaparezca. Podemos amar nuestro trabajo, disfrutarlo cada día, pero también somos conscientes de que se puede acabar. Pero en lugar de gozarlo menos por ese temor de que se acabe, la idea es disfrutrarlo más precisamente por eso. Y no digo que sea fácil, ni tan solo que yo lo consiga todo el tiempo. Pero cada vez que lo haces, cada vez que lo logras, te desapegas un poco del futuro (y del pasado) y te permites vivir el ahora. Y eso no quiere decir que no hagas planes y proyectos, que sí los haces. Pero esos planes no son un refugio para irte de un presente que no valoras, sino una dirección en la que seguir caminando. Caminando hacia un lugar a la vez que vives cada paso de ese camino. Como decía Kavafis en el poema Ítaca:

[…]

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

¿Crees que hay momentos de sakura en tu vida? ¿Hay una Itaca en tu vida? ¿Disfrutas de ese camino?

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes