aprenderasoltar

Cuando en el post pasado hablé de Aceptarse a uno mismo, ya comentaba que una de las cosas que hay que conseguir es desapegarse, dejar de aferrarse, o dicho de otro modo, empezar a soltar (y no sólo lastre). Soltar puede ser uno de nuestros mayores retos pues existe una tendencia generalizada en la sociedad a poseer y a acumular. Incluso a hacerlo muy por encima de nuestras propias necesidades (diría más, por encima de nuestras verdaderas posibilidades). Acumulamos tanto que a veces este hecho se convierte hasta en una molestia, nos falta espacio pero no somos capaces de desprendernos de nada. Incluso nos identificamos en aquello que poseemos, como si fuera parte de nuestra personalidad. Estamos aferrados a nuestras posesiones materiales, pero también a las personas y a nosotros mismos. Son maneras de colmar la sensación de vacío que muchas veces experimentamos en nuestro interior.

Otra lectura de este aferramiento tiene que ver con la necesidad de control. Nos cuesta tanto aceptar que la vida es una realidad cambiante que tratamos de agarrarlo todo con fuerza, de tenerlo bajo control para evitar que cambie, para rehuir el hecho de perder algo que consideramos nuestro, para intentar que no se marche esa persona que por el motivo que sea ya no quiere estar en nuestra vida. Queremos no tener que sufrir con el cambio, que todo permanezca igual. Y realizamos todo tipo de acciones para intentar detener esos cambios, desde negarlos, hasta modificar el curso natural de la vida para eludirlos (¿qué sería un estiramiento facial sino una negación del paso del tiempo?). La realidad, no obstante, se impone y nos obliga a enfrentarnos al hecho de que todo está en permanente cambio y que todos nuestros esfuerzos por evitarlo han sido en vano.

Dice un proverbio zen: Ser el propio cambio conlleva paz. Cuando te conviertes tú mismo en el cambio no tratas de controlarlo todo, aceptas que cada instante será nuevo y aprendes a lidiar con esos cambios de otro modo. Consigues entender que cambiar no es fracasar. Porque intentar soslayar el cambio te obliga a encerrarte bajo una coraza de protección y a preocuparte obsesivamente con la planificación y el control. Aunque no te des cuenta ya estás sufriendo. Sin embargo, cuando aceptas el devenir de la vida te liberas, dejas de esforzarte en controlar lo inevitable. Dice una frase bastante popular: no llores porqué terminó, sonríe porqué sucedió.

En el Sutra del Diamante, Buda dice:

Así debéis pensar de todo este mundo fugaz:

una estrella al amanecer, una burbuja en un arroyo;

un relámpago en una nube de verano,

una lámpara parpadeante, un fantasma y un sueño.

Es complicado aceptar el cambio, sobre todo cuando nos lleva por caminos dolorosos. Es duro perder cosas o personas que queremos. Nadie dice que sea fácil bregar con los cambios, y  que vaya a gustarnos de entrada aquello que nos llega. Pero,¿cuántas veces lo que parecía una desgracia acaba siendo una gran suerte?. Recordar el cuento de “Buena suerte, mala suerte“. Pero luchar contra la realidad no lo evita, sólo produce cansancio y desgaste. Los cambios van a suceder. Y cuando aceptamos eso, pero no racionalmente, sino desde el fondo del corazón, empezamos a liberarnos.

Os propongo hoy unos ejercicios para empezar a practicar el difícil arte de soltar:

1. Haz una lista de todas las cosas a las que estás muy apegado. Date cuenta de qué necesidad o propósito tienen para tí (intenta conectar con esas necesidades más profundas, no de un modo superficial). ¿Qué pasaría si soltaras alguna de ellas?. ¿Te atreves a soltar una durante un día y ver qué pasa?

2. ¿Qué es realmente valioso para tí? Haz una lista de todo aquello que consideras  realmente valioso para tí en este momento. Date cuenta de si lo era hace cinco años. Especula  cuantas de esas cosas mantendrán su valor de aquí a cinco años. Sólo observa, no hace falta que hagas nada más.

Lectura recomendada: Brenda Shoshanna, Sabiduría zen para la vida cotidiana: Como hallar la serenidad en un mundo vertiginoso

¿A cuántas cosas te aferras? ¿Tienen realmente valor?

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes