Por definición somos responsables de nuestros actos, tanto moral como jurídicamente. Pero saber cuanta responsabilidad tenemos en lo que nos sucede es para mi uno de las grandes preguntas filosóficas de nuestro tiempo. Porque para ser totalmente responsables deberíamos tener para empezar libre albedrío, cosa que ya comenté en otro post y que es dudosa según recientes investigaciones científicas. Y deberíamos tener también control sobre lo que nos sucede, cosa aún más dudosa . Así que el tema no está muy claro de inicio. Trataré de explicarme.

La RAE define la responsabilidad como: “Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente”. Según esta definición estamos aceptando las consecuencias que se producen a consecuencia de actos que nosotros hemos realizado en libertad. Lo primero que hemos de asumir en esta definición, tal como comentaba en la introducción, es que nuestra libertad no es total. Desde pequeños hemos sido condicionados a pensar de una determinada manera. Y además parte de nuestro funcionamiento mental, de nuestros impulsos y deseos opera a nivel  inconsciente. Y también a nivel biológico. Por lo que yo diría que operamos con la libertad que nuestra propia configuración nos permite. Y esa es la que tenemos que dar por válida, pues no tenemos otra.

No obstante, si queremos ampliar en lo posible los márgenes de esa libertad y actuar menos condicionados por el entorno, tenemos que trabajar en ello. Ampliar el mapa mental es uno de los modos que yo he encontrado mejores para ampliar esa libertad limitada con la que convivimos. Cuando tenemos más información, cuando podemos desafiar nuestras creencias podemos llegar a  conceptos más éticos y universales que permitirán unas decisiones que serán aplicables en más casos. El acierto nunca está asegurado, pero si contamos con una mejor  y más amplia base de decisión,  la probabilidad de que consigamos nuestros  propósitos será mayor.

Hasta aquí podemos decir que con las limitaciones indicadas, somos responsables de nuestros actos a todos los efectos. Y si cometemos un error, será nuestro deber repararlo del modo más adecuado en cada caso. Pero otra cosas muy diferente es ser responsable de lo que nos sucede, como figura en la pregunta del título. Para ser responsables de lo que nos sucede deberíamos ser capaces de controlar nuestro entorno. Y eso no es posible aunque algunas personas se empeñen en creer que si. Existen multitud de comportamientos para intentar controlar el entorno y por ende, lo que en él nos sucede. Pero la mayoría son infructuosos y sólo sirven para que la persona acabe con tensión y agotada.

Existen acontecimientos que suceden por azar o lo que otros llamarían destino. Sea una u otra cosa, nuestra responsabilidad en ellos es muy limitada. Pueden ser cosas positivas o negativas, pero no dependen de nuestros actos. Porque además también está la actuación de otras personas que nosotros no podemos controlar. Aunque a veces nos creamos que si. Yo puedo ser amable y correcta con una persona, pero a pesar de eso es posible que le caiga mal y poco podré hacer yo para evitarlo. O puedo ser una gran trabajador, pero mi empresa entra en pérdidas y me voy a la calle. No tiene sentido culpabilizarse por esas cosas.

La dificultad, como he dicho otras veces, es saber en qué estamos influyendo y en qué no. Ante la duda, creo que el término medio suele ser un un buen método. Yo hago mi parte, sin estridencias y acepto lo que me depare la vida. Siguiendo con el ejemplo, si he tratado de ser amable con alguien y a pesar de eso le caigo mal, acepto que a partir de ahí ya no es responsabilidad mía y me quedo tranquilo. O si he trabajado bien y me han echado por causas ajenas a mi, entiendo que no ha sido culpa mía y mantengo mi valía profesional en el lugar que le corresponde.

Se trata de aprender a moverse entre la pasividad y el esfuerzo excesivo. De reconocer cuando un acto mío va a tener una consecuencia y cuando el resultado va a depender de muchos otros factores. Y aplicar el  mismo criterio con los demás. Vivimos en sociedades individualistas que tienden a atribuir  toda la responsabilidad al individuo, tanto en el éxito logrado como en el fracaso. Y es responsable en cierta medida, pero no del todo. Porque además no todo el mundo nace con las mismas opciones y posibilidades, por lo que la igualdad de oportunidades  no es del todo cierta. Hay personas que tienen que atravesar muchas barreras para prosperar por lo que es más fácil que tropiecen en alguna de ellas. Sé que es difícil establecer esos límites, saber cuánto ha sido consecuencia de malas elecciones en el pasado y cuanto a causas externas, pero sólo por esa vía haremos una sociedad más humana. Porque sin tener esto en consideración sólo impera la ley de la selva. Y yo quiero vivir en una sociedad de cooperación y colaboración y no en una que impere la ley del más fuerte.

¿Cuanta responsabilidad crees que tienes en lo que te sucede? ¿En qué tipo de sociedad quieres vivir? 

 

Mertxe Pasamontes