orre por las redes sociales una frase que dice: el karma no es una venganza del Universo, es un reflejo de tus acciones. Y que aunque muchas veces tratamos de justificar lo que nos sucede diciendo que es debido a las circunstancias, culpa de los demás, el destino o lo que sea, en muchas ocasiones como digo en el título, no es el karma, eres tú.

No voy a quitarle ni un gramo de importancia a todas las cosas externas o internas, que no dependen de ti, que están influyendo en tu vida. No es lo mismo haber nacido en un país occidental con unas condiciones de vida mínimas casi garantizadas que haberlo hecho en un país subdesarrollado. O haber nacido en el seno de una familia amorosa que en una desestructurada. O tener unos buenos genes que te dan salud, buen aspecto e inteligencia que ser enfermizo y limitado. Todas esas cosas están ahí y negarlas sería hacer recaer sobre el individuo una parte de responsabilidad que en realidad no tiene.

Pero hay otra parte que depende de nosotros. Y sobre esa quiero incidir. La parte que depende de nosotros, en la que podemos incidir,  puede que no sea más que un 50% o incluso menos que eso. Pero es lo que marca la diferencia más grande. E incluso esta parte es posible que la tengamos que trabajar. Porque lo que depende de nosotros está formado por: motivación, implicación, compromiso, perseverancia, constancia y esfuerzo. Estas son las actitudes y aptitudes que nos permiten incidir sobre lo que hemos llamado karma.

Veamos esto con un poco más de detalle y un ejemplo personal:

Motivación: deriva del latín motivus o motus, que significa ‘causa del movimiento’. Sin motivación es difícil conseguir que algo suceda, que algo cambie. Tienes que querer que ocurra, tiene que haber dentro de ti una fuerza que te empuje a moverte en esa dirección. Sin eso, estás paralizado por la desidia y la desgana. No puedes procrastinar. Por ejemplo, yo creo que el mindfulness es de suma utilidad y que me irá bien practicarlo. Estoy desde hace tiempo motivada para hacerlo.

Implicación y compromiso: Es algo que realmente quieres hacer y te lo tomas como una obligación. Es como una palabra que te das a ti mismo. En el caso del mindfulness, sentarme prácticamente a diario a practicar es una obligación que yo me impongo, un compromiso conmigo misma. Porque yo lo he elegido.

Perseverancia y constancia: Es seguir ahí incluso cuando no percibes los resultados deseados, sin desfallecer. Como dice el diccionario,  es mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión. Yo hago la práctica del mindfulness de manera regular. No se trata de una semana practicar mucho y otra no hacerlo nada. Es estar ahí, día a día, momento a momento. 

Esfuerzo: Todo eso requiere un esfuerzo, pero no hay recompensa sin esfuerzo. Como bien define la RAE: es el empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades. No siempre tengo ganas de meditar, a veces estoy cansada, o distraída o tengo otras cosas que hacer. Pero eso es importante y bueno para mi, por lo que pongo en ello el esfuerzo necesario y lo hago. Y luego me alegro de haberlo hecho. 

Estas son algunas de las actitudes que puedo analizar y trabajar con mis clientes en las sesiones. Y las que hacen muchas veces que empiecen a cambiar su vida. Lee este pequeño cuento:

Una niña en Africa, le dio a su maestra un regalo de cumpleaños. Se trataba de un hermosa concha blanca y rosa de un molusco.

– ¿Dónde lo encontraste?, le preguntó la maestra.

La niña le dijo que esas conchas se encontraban solamente en cierta playa lejana.

La maestra se conmovió profundamente porque sabía que la niña había caminado muchos kilómetros para buscar su regalo.

– No debiste haber ido tan lejos sólo para buscarme un regalo

La sabia niña sonrió y le contestó:

– Maestra, la larga caminata es también parte del regalo

Muchas personas se quejan de lo que les sucede pero no están dispuestas a caminar como la niña del cuento para recoger una preciosa concha.  Ya aclaré que hay cosas que no dependen de nosotros, pero hay quien deja todo al azar y pretende que las cosas le salgan bien. O hace las cosas sin motivación ni implicación y luego se queja cuando le salen mal. Si tu eres borde con los demás no te puedes quejar de caer mal a los otros. Si no te implicas en el trabajo no puedes enfadarte si te lo reprochan o incluso te despiden. Si no das amor no esperes recibirlo. No se trata de agobiarse, ni esforzarse de más, ni tensionarse por aquello que no podemos cambiar. Y además puedes conseguir tus objetivos relajadamente, como ya te expliqué. Nosotros solo debemos poner nuestra parte y luego dejar que el karma, o la vida o lo que sea ponga el resto.

¿Lo que te sucede es culpa del karma? 

Mertxe Pasamontes