Optimismo

Para contestar a la pregunta del título lo primero que hemos de hacer es entender lo que es ser pesimistas y sus bases biológicas. La predisposición al pesimismo sería, además de ser una persona con tendencia a estar triste y ansiosa,  el hecho de mostrarse recelosos ante el futuro, tener un cierto estado de alerta ante los peligros que pudieran acontecer y permanecer bastante atentos a lo que podría ir mal. Por el contrario la predisposición al optimismo, la encontraríamos en personas alegres y felices, que tienen esperanza en el futuro, un convencimiento de que las cosas van a salir bien y una fe inquebrantable en el hecho de que si algo sale mal podrán lidiar con ello. Es posible que muchas personas se encuentren en un estado intermedio en el que son moderadamente optimistas o pesimistas.

Pero ¿hay algún motivo lógico para mostrar una tendencia al pesimismo? Porque leído el primer párrafo, parece que valdría la pena ser optimista y disfrutar más de la vida. Pero las cosas no son tan sencillas. Y eso es en gran parte por el funcionamiento de nuestro cerebro. Una de las funciones primordiales de nuestros cerebros desde millones de años atrás, ha sido el hecho de hacernos sobrevivir. Y para conseguirlo se desarrolló un sistema de alarma rápido y eficaz. Ese sistema está ubicado en la amígdala cerebral y se activa ante la mínima señal de peligro. La amígdala envía múltiples conexiones hacia el córtex cerebral y recibe a su vez conexiones del córtex (aunque hay menos vías de bajada que de subida).

Para que nos hagamos una idea de como de mínima puede ser la señal que activa la amígdala, hemos de pensar que se ha visto en algunos experimentos que una imagen de una cara asustada, proyectada durante milisegundos (no suficientes para captarla conscientemente) activa nuestra amígdala, es decir, nuestras señales de alarma. Incluso cuando la persona no es consciente de ello. Dicho en palabras sencillas, nuestro cerebro siente el miedo incluso sin que nosotros nos demos cuenta de ello.

Hemos de pensar además que nuestro cerebro de emergencia está permanentemente, activo y prioriza la información que está relacionada con algún tipo de peligro. Esto implica que de alguna manera tengamos a nuestro cerebro permanentemente rastreando el entorno en busca de “peligros potenciales”. Por tanto, las noticias negativas tendrán una especial atracción, ya que de algún modo nos informan de posibles peligros y el cerebro trata de recopilar la información necesaria para poder luchar contra esas amenazas potenciales.

Es obvio, que esta no es la única explicación de porqué alguien es pesimista y otro es optimista. Hay otras partes del cerebro implicadas y luego influirá la educación, las vivencias, el carácter de cada uno, etc…No somos seres predeterminados por la biología, pero tenerla en consideración nos puede ayudar a entender porqué se produce esa tendencia a fijarnos en lo negativo o porqué nos sentimos asustados en situaciones que nuestra lógica nos dice que no sería necesario estarlo.

¿Qué podemos hacer?  A partir de este conocimiento de cómo funcionamos podemos empezar a introducir pequeños y sutiles cambios que nos ayuden a que esos miedos que surgen de una manera natural, nos nos paralicen. Es posible que en el mismo momento en que sucede el hecho, la amígdala nos haga sentir miedo, pero nuestro córtex puede entender que en realidad no existe ningún peligro. No podemos evitar sentirlo, pero sí que podemos hacer cosas diferentes cuando suceda. Podemos actuar en el plano físico aprendiendo a relajarnos, con visualizaciones positivas o meditando. Y en el plano mental dándonos una contrapartida de pensamientos potenciadores que nos lleven a seguir el curso de acción a pesar del miedo o de las dudas.  Puedes hacerlo solo, si te sale, o buscar ayuda profesional. Porque la mayoría de las veces, es mucho más fácil hacer estos cambios con ayuda externa.

Y recuerda que la valentía, no es actuar cuando no se tiene miedo. Es hacerlo a pesar del miedo.

¿Te consideras más optimista o pesimista? 

Mertxe Pasamontes