Una de las conductas que más observo es la falta de compromiso con el cambio personal. Muchas personas dicen querer cambiar o incluso querer conseguir determinadas metas.  Pero no son tantas las que lo desean de verdad. O mejor dicho, existe un deseo pero no es un verdadero anhelo. Es más bien la ilusión de que de algún modo, casi mágicamente, se producirá ese cambio o se conseguirá esa meta. Con el mínimo esfuerzo. O con un esfuerzo conveniente, es decir, repitiendo aquello que mejor sabemos hacer.

De ahí el enorme éxito de las terapias y cursos de Coaching que te aseguran que tú puedes conseguir aquello que desees. La persona asiste al curso, escucha el método (que no es ni bueno ni malo, es sólo un método que a alguien le sirvió) y sale del curso llena de energía positiva y convencida de que lo va a conseguir. En pocos días, esa fuerza se pierde y a partir de ahí suelen suceder dos cosas: se atribuye el fracaso a cualquier elemento externo o se inicia una peregrinación de curso en curso tratando de dar con una clave que se suele colocar en el exterior. Que es como buscar un “padre sabio” que te diga qué es lo que tienes que hacer y cómo hacerlo.

Otra fuente de éxitos son las terapias y cursos en la onda New Age. Seducidos por “gurús” con supuestas capacidades extraordinarias, las personas van a dejarse querer y que las hagan sentirse especiales. El ego tiene necesidad de sentirse diferente del resto, de tener cualidades que los demás no tienen. Como cuando mamá te decía que eras el más guapo o el más listo y tú te sentías una persona especial. Pero esa sensación de estar con esa mamá que te señala con el dedo y que te atribuye cualidades y capacidades extraordinarias, también es de corta duración. Y se inicia una nueva procesión de terapia en terapia buscando volverse a sentir querido y especial.

Y digo esto sin ánimo de meter todos los cursos y terapias en el mismo saco. Hay profesionales muy válidos y que ofrecen herramientas útiles. Peor también hay mucho humo.

Y esto nos sucede porque desde niños fuimos vistos a través de la proyección de otros, nuestros padres principalmente. No vieron quién éramos de verdad sino quién querían ellos que fuéramos. Y así fuimos construyendo una personalidad para ser queridos y aceptados. Y abandonamos gran parte de nuestro Yo real en ese proceso. Y nos dedicamos a satisfacer las demandas de un Ego cada vez más tirano. Y es un tirano porque ha tomado posesión de nuestra vida y decide por si mismo, sin tener en cuenta a ese otro Yo que se esconde en su interior.

El verdadero trabajo es conseguir que ese Yo real esté al mando. Que descubramos quién somos en realidad, todas esas partes de nosotros que fueron ignoradas y las dejemos salir a la luz y ocupar el espacio que por derecho siempre les ha correspondido. Pero esa no es una tarea fácil. Es un camino lleno de obstáculos. Porque el ego al sentirse desplazado pone todo tipo de trabas y resistencias. Trata por todos los medios de hacerte creer que ya estás bien como estás o que haciendo más de lo que sea lo estarás. O que cuando alcances determinada meta serás feliz. Y que esas ideas de descubrirte a ti mismo no van a ningún lado. O que lo puede hacer pero en uno de los caminos fáciles antes citados.

Por eso se requiere de un enorme y total compromiso. Para resistir el autoengaño que nos empuja a quedarnos como estamos. O a cambiar las cosas para en realidad no cambiar nada. Tenemos que estar dispuestos a mirar dentro de nosotros mismos y aceptar lo que encontremos. Tal vez descubrir que no éramos como creíamos. O incluso que hemos pasado años persiguiendo unas metas que realmente no nos interesan. O que no van con nuestro Yo real. Atrevernos también a soltar cosas que creímos importantes pero que ya no lo son. Atrevernos en definitiva, a cambiar todo lo que haya que cambiar a pesar de la opinión de nuestro ego.

No es tarea fácil. Pero nadie dijo que lo fuera. Pero es el único camino para dejar de buscar a papá y mamá en el mundo y aprender a ser maduros y a valernos por nosotros mismos. Y ser por fin quién siempre quisimos ser.

¿Estás comprometido contigo mismo?

Pd. Si lo estás y quieres ayuda para hacer el camino, contáctame.

Mertxe Pasamontes