elcalvodelaloteriaLlegado este momento va siendo hora de desearos a todos unas Felices Fiestas y un maravilloso Año 2010. Ha sido un año duro para muchas personas y tal vez para otras el 2010 todavía será difícil. Pero a la vida que vives no le falta nada. Estás donde siempre ha estado el hombre y dónde siempre estará: enfrentándose al desafío del aquí y ahora. No busques falsos paraísos en lugares inalcanzables. Prepárate para ser único, irrepetible y frágil. Disfruta al máximo y recuerda: el instante es lo eterno.

Cuento de Navidad

Aún recordaba el momento en que en las navidades pasadas los niños de San Ildefonso habían cantado el Gordo y la sensación de incredulidad experimentada al ver que le había tocado. Había sido una mezcla de sorpresa, alegría, estupor y la sensación de haber sido bendecidos por la suerte. No era de esas personas que se entusiasmaran con la Navidad, pero tampoco de las que la odiaban. Simplemente las pasaba, disfrutando de los días de fiesta, de ver a algunas personas (a otras no) y de permitirse algunos caprichos aunque no era especialmente consumista. Pero el Gordo lo cambiaba todo. Llevaba dos décimos, 600.000€ (cien millones de pesetas sonaba mejor!!). Eso era un pasaje a otro tipo de vida.

Pero de eso hacía ya un año. Y la lista de errores era tan larga, que no sabía ni por donde empezar. El primer error, llevada por el momento de euforia, fue haber ido a celebrarlo a la administración de lotería, con la buena fortuna de haber salido en TV. Los cinco minutos de gloria. Pero menuda gloria! Al cabo de dos horas de salir en TV había tenido que desconectar el móvil. Y antes de un mes, había tenido que dar de baja el teléfono. Nunca pensó que tenía tantos “amigos” y “familiares”. Porque por desgracia, esos dos números los había comprado en el último momento por impulso y ni su familia ni sus amigos los llevaban. Le había tocado sólo a ella.

Tampoco tardó en descubrir, que cien millones de pesetas no te cambiaban tanto la vida. Para poder cambiarse de piso, tuvo que malvender el suyo (el timbre de la puerta tampoco había dejado de sonar) e irse a vivir a un lugar en dónde no la conociera nadie. Eso había rebajado un poco sus ganancias. La verdad, es que si hacía balance el premio le había traído más problemas que beneficios. Quizás el mayor disgusto fue descubrir la mezquindad de muchas personas con el dinero. Por más que había ayudado a muchos de los que lo necesitaban siempre les parecía poco.

Lo bueno es que había descubierto a los verdaderos amigos. Ese era el único tesoro de la experiencia y el haber podido montar su propio negocio. Seguía trabajando pero hacía lo que le gustaba. Y tenía muy pocos amigos, pero buenos. Y ya no compraba lotería. Y esa Nochebuena la pasaría con su nueva pareja (mejor no hablar de lo sucedido con la anterior!) y con esos pocos amigos que conservaba. Cocinaría algo especial para ellos ya que tenía claro, que lo único que merece la pena en esta vida es vivir el momento y disfrutarlo. Y eso no se compra con dinero.

Ah, y que la suerte te acompañe!

¿Y tú que harías con 600.000 euros?

Mertxe Pasamontes