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Como cada año me gusta felicitar las fiestas desde mi Blog ya que me permite alargarme un poco más que con una postal, poner alguna pequeña historia, una fotografía… Para este año quería escribir un cuento yo misma (el pasado año lo hice) pero me surgía el mismo problema que  leí que tuvo Paul Auster (ya se que hay un abismo entre su escritura y la mía, pero el problema es el mismo ;)) cuando le encargaron un cuento de Navidad para un periódico: ¿cómo hacerlo?. Son fechas que mueven emociones profundas en muchas personas y hacer un cuento que no sea cursi, que no sea repetitivo o un tópico pero que a la vez “mueva” algo es tarea al filo de lo imposible. Y hacer uno de esos cuentos impactantes, que sacan a la luz y llevan al primer plano a la cantidad de gente que no puede celebrar estas fechas, no me parecía lo más adecuado para una felicitación navideña. Así que ante ese dilema, he escogido tirar de los clásicos, de los cuentos tradicionales que han sido transmitidos muchas veces de forma oral y que si han sobrevivido al paso del tiempo, digo yo que es porque algo tendrán…Este cuento lo utilicé en los inicios del 2008, cuando tenía un blog recién estrenado que casi nadie leía por lo que creo que el reciclaje será para la mayoría como un estreno. Y sin más preámbulos, que no me quería enrollar y mira lo que ha salido, os dejo con el cuento:

Un hombre cercano ya a la muerte fue a ver a un maestro para preguntarle:

-Hombre sabio, dime cuál es la diferencia entre cielo e infierno.

El maestro dijo:

-Veo una montaña de arroz humeante y sabroso, y alrededor una muchedumbre de hambrientos. Sus palillos son más largos que sus brazos, así que cuando prenden la comida, no pueden llevársela a la boca y son víctimas de la frustración y el sufrimiento.

Ese es el infierno -contestó el maestro.

-¿Y el cielo? -volvió a preguntar el viejo.

-Veo una montaña de arroz humeante y sabroso, y alrededor una muchedumbre alegre. Sus palillos son más largos que sus brazos, pero han decidido, al prender la comida, dársela los unos a los otros. Ese es el cielo.

Y esa es mi sugerencia para estas fechas, dar algo de ti mismo, compartir, regalar tiempo, buscar las palabras que durante el año no supiste decir y regalarlas también, regalar sonrisas, abrazos, besos, incluso algo material si es tu deseo….todo vale mientras sea que por un tiempo estés poniendo a los demás por delante de ti mismo. Pues aunque parezca cursi, todo nos iría mejor si dejásemos de mirar nuestro ombligo y levantando la cabeza descubriéramos a las personas que nos rodean. Y tal vez la Navidad sirva para eso, para recordarnos que como dijo Khalil Gibran: Dais muy poco cuando dáis de lo que poseéis. Cuando dáis algo de vosotros mismos es cuando verdaderamente dáis. Es bueno dar algo cuando ha sido pedido, pero es mejor dar sin que nos pidan, comprendiendo.

Te deseo unas Felices Fiestas en la que des mucho y recibas mucho también!!!


¿Te animas a comentar que vas a regalar tú en estas fechas?

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Mertxe Pasamontes