sacarpunta1Me encanta que científicos como John Michael Bishop, pionero de la oncogenética y premio Nobel de Medicina 1989, entrevistado hoy en La Contra defiendan a la intuición como la gran reorganizadora del conocimiento, esa parte creativa que hace emerger la idea genial que necesitábamos en el momento más inesperado.

Copio sus propias palabras:

¿Investigar es como tirar la red de la hipótesis en el mar de las posibilidades?

Yo no creo que sea tan azaroso, pero es cierto que investigar no se puede programar como el lanzamiento de un cohete. La ingeniería se programa; la ciencia, no, porque la ingeniería planifica los conocimientos disponibles para un resultado concreto, y en ciencia se trata precisamente de descubrir, y a veces no se sabe exactamente qué.

Entonces…

Es más seguir tu nariz, la intuición, pero que se alimenta de conocimientos racionales: de tantas cosas que no sabes que sabes. Y de repente… ¡conexión! ¡Los conectas! Te puede pasar en la ducha, en la carretera, o en el laboratorio, o en sueños…

Ya hablé de ello en esta entrada y en esta otra. La idea que subyace siempre es que la intuición es un verdadero conocimiento que aflora a nuestra conciencia si le dejamos espacio. Es una forma de trabajar diferente, en la que después de pensar y razonar, dejamos que esa información se reorganice por si sola, sin hacer ningún esfuerzo extra y que nos sea presentada en forma de “idea”. Para ello hay que ser capaz de confiar en nuestro propio potencial y en el hecho de que la idea surgirá, si dejamos a nuestro cerebro trabajar como mejor sabe hacerlo.

¿Sueles dejar que la intuición te ofrezca tus “mejores ideas”? ¿O te empeñas en decidirlo y hacerlo todo por la senda de lo racional?

Mertxe Pasamontes