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Una pequeña historia que llegó a mi:

Un maestro preguntó a sus discípulos lo siguiente:

– ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados?

Los hombres pensaron unos momentos: – Porque perdemos la calma – dijo uno – por eso gritamos.

– Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? – preguntó el sabio – ¿No es posible hablarle en voz baja?, ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?

Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al maestro.

Finalmente él explicó:

Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para poder oírse en esa gran distancia.

Stephen Gilligan, al que tuve el placer de conocer durante el curso de Coaching Generativo, tiene un libro de terapia que se titula La valentía de amar y en la que explica el proceso terapéutico que él utiliza con sus clientes/pacientes. La idea básica es trabajar desde el centro, desde lo que él llama la “conexión sentida”. Pero esa conexión con uno mismo no es sólo para la terapia, es un modo de ir por el mundo, una manera de vivir, de relacionarnos.  Es una forma de conectarnos desde nosotros mismos, desde nuestro corazón y nuestro centro y ser parte a su vez de lo externo. En esa conexión fluimos con el mundo, no hay barreras, no hay obstáculos. Desde esa conexión la discusión, la lucha se disuelve. Puede que te suenen extraños estos conceptos, pero si de verdad crees en ese otro mundo posible, sólo desde el “amor incondicional” podrá ser construido.

Como dijo Thich Naht Hanh:

La fuente del amor está en lo profundo de nosotros y podemos ayudar a otros a sentirse felices. Una palabra, una acción o un pensamiento pueden reducir el sufrimiento de otra persona y traerle alegría. Una palabra puede aportar comodidad y confianza, destruir la duda, ayudar a alguien a evitar un error, reconciliar un conflicto o abrir la puerta a la liberación. Una acción puede salvar la vida de la persona o ayudarle a aprovechar una oportunidad única.

Recordar las palabras del genial Durán-Pitch: la gente sólo quiere que la quieran.

¿Cuántas palabras regalas desde el corazón?

Mertxe Pasamontes