En los últimos años ha habido una mala interpretación por parte algunos autores de psicología de autoayuda sobre el tema emocional. Eso ha llevado a pensar que las emociones son algo que debe ser controlado. Proliferan libros y cursos sobre como gestionar tus emociones o incluso controlar tus emociones. Y las emociones no son algo a “controlar”. Los seres humanos tenemos necesidad de expresar las emociones. Otra cosa es cómo y cuándo hagamos eso.

En un reciente artículo publicado en la web de la Asociación española de psicología clínica se nos habla de este malentendido que se ha producido a raíz de las publicaciones realizadas por personas que no son en realidad expertas en el conocimiento de la mente. En ese tipo de publicaciones se enfatiza el hecho de expresar las emociones positivas, pero se anima a controlar la expresión de las negativas, incluso a no sentirlas y sustituirlas por su versión positiva.   Se pretende por ejemplo, que si estás triste por algo, trates de pensar en algo positivo que te anime. O que si estás enfadado, te relajes e intentes hacer desaparecer tu enfado. En una sociedad en que se propugna el éxito y el control de la propia vida, dejarse llevar por una emoción “negativa” es visto como un signo de debilidad.

Lo peor es que esas publicaciones buenrrollistas han tenido un enorme éxito. Todo el mundo quiere ser feliz y vivir en una nube de bienestar y buen rollo. En un artículo del País de octubre del 2014 se nos habla de estos excesos del optimismo naif. No se trata de ser un ácido y un negativo, pero ir por la vida con el lirio en la mano, como si estuviéramos permanentemente dando saltos como gnomos en el bosque, es totalmente absurdo. De hecho se hace la crítica de cómo han reaccionado algunos superventas de la autoayuda cuando les han venido problemas serios en su vida, desde sentirse desbordados hasta el extremo, poco frecuente no obstante, de suicidarse.

Yo he hablado en varias ocasiones del optimismo inteligente como alguien que es capaz de ver la realidad y reconocer si algo no funciona, pero a su vez, tiene la capacidad para valorar cómo puede hacer él para mejorarla. Es una especie de cualidad de poder ver lo que habría de cambiarse sin por ello despreciar lo que funciona correctamente. El optimista inteligente es capaz de darse cuenta de que estamos en una situación de crisis pero eso ni le paraliza como al pesimista, ni se sienta a esperar a que la solución venga milagrosamente como lo hace el optimista ñoño. Reflexiona, toma su propia responsabilidad sobre la situación y busca acciones orientadas al cambio.

Lo importante es entender que tenemos necesidad de expresar las emociones. No expresar las emociones nos puede llevar a tener problemas psíquicos y físicos de diversa índole (dolores de cabeza, de espalda, problemas en la piel, molestias en el estómago, insomnio, adicciones, etc)  . Las emociones surgen de las capas más profundas y antiguas de nuestro cerebro y se expresan mediante sensaciones corporales. Son además un modo en que esa parte más inconsciente se comunica con la racional. Es un puente entre ambos mundos y entre el cuerpo y la mente. No estoy pretendiendo que vivamos, como les sucede a algunas personas, desbordados por nuestras emociones, pero sí que nos permitamos sentirlas.

Una de las prácticas más importantes del mindfulness como yo lo entiendo, es la práctica que los budistas llaman del Tonglen. El Tonglen persigue despertar la Bodhichitta, palabra sánscrita que significa corazón noble o despierto y que está presente en todas las cosas. Se despierta la Bodhichitta, la ternura por la vida, cuando ya no nos ponemos corazas ante la vida y nos permitimos sentir lo que estemos sintiendo. Nos permitimos, por ejemplo, sentir el dolor, dejamos que penetre en nosotros y que desde ahí surja la compasión tanto por nosotros como por todos los seres sufrientes. El Tonglen permite sentir el dolor y los sentimientos negativos, en lugar de evitarlos. Y desde esa aceptación es posible después enviar compasión y amor. No es una práctica sencilla y se llega a ella después de aprender a meditar y aceptar lo que en la meditación encontremos sobre nosotros mismos. Pero cuando puedes practicar Tonglen, te transforma.

Lo importante es que entiendas que necesitas expresar las emociones, no evitarlas ni reprimirlas. Que puedes llorar cuando te sientas triste, que no es lo mismo que deprimirse. Que puedes enfadarte, que no es lo mismo que estar iracundo. Que obviamente puedes sentir alegría y amor. Que la vida es algo maravilloso cuando nos dejamos tocar por ella. Y para eso hay que aceptar la propia vulnerabilidad y sentir. Y si tienes miedo de hacerlo solo, si no lo has hecho antes y no sabes cómo hacerlo, recuerda que puedo ayudarte. A veces es necesario que alguien te acompañe una parte del camino.

¿Expresas tus emociones?