niñez

La culpabilidad es uno de los sentimientos más desagradables de tener y puede ser uno de los más difíciles de manejar. Una parte de la culpabilidad forma parte del ADN de nuestra cultura en que se nos ha inculcado, en mayor o menor medida, que nacemos ya marcados por el pecado, el pecado original. Y aunque no te hayas criado en un ambiente religioso, eso está tan presente en la cultura en la que vives que seguro te ha impregnado de alguna manera. Y ya no hablemos si el ambiente ha sido religioso, en que el concepto máximo de culpa se conceptualiza en la idea de pecado. Eres culpable de tus pecados y tienes que ser “perdonado”.

Cuando somos niños, sea o no el ambiente religioso, no solemos correr mejor suerte con respecto a la culpa. Los padres, en su mayoría con buena intención, tratan de inculcarle al niño unos valores morales y le riñen cuando hace algo que consideran que está mal. Lo que sucede es que muchas veces esa riña no se hace sobre la conducta, tipo “Hiciste esto mal“, sino sobre la identidad “Eres un niño malo“. Y los niños malos no son amados, por lo que es un lujo que la mayoría no nos podemos permitir. Y poco a poco va cerniéndose sobre nosotros esa incomodidad interna cuando obramos de un modo que consideramos inadecuado o creemos que lo sería a ojos de los demás. El germen de la culpa ya está completamente instalado.

No voy a entrar en como se refuerza eso mediante instituciones como el sistema judicial porque sería alargarme mucho. Pero en la mayoría de casos, el sistema judicial busca culpables y castigar al culpable. Cuando se castiga al culpable, como sucede en el cine, nos sentimos aliviados. Es como si se restableciera el orden en el mundo. El lado negativo, es que internamente las cosas no son tan sencillas y podemos cargar con culpas que ni tan siquiera son nuestras o por cosas de las que en realidad  no somos culpables. Y la parte retorcida del tema, es el hecho de sentirse culpable y no sentir la necesidad de reparar el daño. Con la culpa ya basta.

El borracho del puente

Hay una historia que se utiliza en ética y filosofía para explicar y discutir el tema de la culpa. La leí en el Blog del psiquiatra Francisco Traver y te la voy a explicar a continuación:

Se trata del asesinato de una mujer adúltera por un borracho (o un loco) en un puente. Os voy a contar la versión canónica aunque hay varias versiones pues a medida que las historias se transmiten sufren diversas mutaciones que dan lugar a versiones muy diferentes .

Se trata de una ciudad dividida en dos partes por un río y para cruzar de un lado a otro solo hay dos posibilidades: un puente y una barca. La protagonista es una mujer que está casada pero tiene un amante al otro lado del río y un día decide ir a pasar la noche con su amante. A la mañana temprano sale de casa de su amante para llegar a su hogar antes de que su marido vuelva de trabajar y se dirige al puente. Resulta que en el puente hay un borracho con un cuchillo (en otras versiones es un loco con un cuchillo) y se asusta y da la vuelta para coger la barca. Cuando va acercando al embarcadero busca la cartera y se da cuenta de que se la ha dejado en casa del amante, pero aún así le explica al barquero que hay un borracho en el puente, que no puede ir por allá y que la pase al otro lado, que ya le pagará otro día. El barquero le dice que ni hablar, que pasar cuesta un euro y que si no le paga no la pasa. Entonces la mujer vuelve a la casa del amante pero este ya se ha ido ( en otras versiones habla con él y no le da el dinero). Decide entonces ir a casa de un amigo que vive en esa otra parte del río y le explica el problema y le pide ayuda. El amigo le dice que es amigo de la pareja, que él no se quiere meter en líos y ayudarla, lo que supone perjudicar a su marido que también es amigo mutuo y no le da el dinero. Al final la mujer ve que se le echa el tiempo encima y decide cruzar el puente y el borracho la mata.

La pregunta es: ¿Quién tiene la culpa de que muera la mujer? Me gustaría que reflexionaras un rato sobre ello. 

Como vemos en esta historia hay un componente moral (la mujer adúltera) y el amante adúltero. Hay un barquero tacaño, un loco o borracho asesino al acecho y un amigo alternativo que no quiere comprometerse. Hay un marido engañado y una mujer infiel. Por lo tanto ¿de quién es la culpa? Podríamos decir, y la justicia nos daría la razón, que del asesino del puente. Y así es. Pero no podemos negar que otros factores han influido en que eso ocurriera. Y aunque la acción final recae sobre el asesino, en muchos puntos de la historia se hubiera podido evitar el trágico desenlace. Porque la culpa no es algo tan lineal como nos gustaría creer. En muchas ocasiones, hay una amalgama de circunstancias que conducen a un trágico final. 

¿Cómo manejarse con la culpa?

Manejarse con la culpa es un tema que puede requerir un trabajo terapéutico de un cierto calado. Es algo inculcado desde niños y está grabado a fuego en las capas más profundas del cerebro. Pero puede hacerse. Puedes aprender a deshacer nudos de culpabilidad y sobre todo a no crear de nuevos. Algunas ideas para ello:

  • Cambia la palabra culpa por la palabra responsabilidad. Y cuando estés delante de una situación en que te acometa la culpa plantéate: ¿qué parte de responsabilidad tengo yo en esto?
  • Piensa en la historia del puente. Y hazte la pregunta anterior, más una nueva. ¿qué parte de responsabilidad tienen los demás?
  • Si tú eres el principal responsable, busca la manera de reparar el daño. Es muchísimo más beneficioso para todos que trates de arreglar el error cometido que el hecho de estar en tu casa dándote golpes de pecho sin hacer nada para solucionarlo.
  • Entiende que en determinadas situaciones, no has hecho determinada acción por dañar a otro, sino por error. Es mejor aprender de los errores y tratar de ser más cuidadoso, que estar martirizándose por la culpabilidad sin aprender nada de ello.
  • Asume que a veces, lo has hecho mal, que tu intención fue negativa y que las consecuencias también lo han sido. No eres el santo que te creías. Aprende a vivir con ello.

Que nadie piense que estos consejos son un manual para convertirte en una psicópata o un desalmado. Ni para hacer lo que te venga en gana sin sentir ningún remordimiento. Se trata de que pongas las cosas en su sitio. Que cumplas unos principios morales universales (no matar, no violar, no robar) y luego que tengas tu propia escala de valores y trates de actuar en congruencia con ella. No te pongas unos estándares morales tan altos que sea imposible cumplirlos. No te has de convertir en un santo. Tú sabes lo que es ser buena persona. Y que eso implica a veces renunciar a alguna satisfacción propia en beneficio de otros. Aprende a vivir con eso y a calibrarlo. Y así no tendrás que vivir con la culpabilidad. Y como te he dicho, si todo eso te resulta muy costoso, haz unas sesiones de coaching conmigo. Alinearemos tus valores y buscaremos la manera de que puedas vivir feliz, disfrutando y a la vez contribuyendo. Porque contribuir a la felicidad de otros es una de las mejores maneras de conseguir tu propia felicidad.

¿Cómo manejas la culpabilidad?

Mertxe Pasamontes