Pequeños habitos
Aunque casi todos hemos oído alguna vez  el proverbio chino que dice que un camino de mil pasos empieza con un solo paso es frecuente que no nos decidamos a hacer cambios de hábitos en según que ámbitos de nuestra vida porque nos parecen muy lejanos, difíciles o inalcanzables. Hacer un cambio de hábitos nos obliga a salir de nuestra zona de confort.  Y por muy de moda que esté decir que hay que salir de la zona de confort, lo normal es resistirse a ello.

Pero en realidad podemos hacer grandes cambios en nuestra vida sin salir (o por lo menos en apariencia) de la zona de confort. Bueno, de hecho vas a salir pero apenas vas a notarlo. Porque para conseguir grandes resultados no es necesario hacer grandes acciones sino pequeñas repetidas a lo largo del tiempo. Si se insiste en un comportamiento positivo el tiempo suficiente esto puede llegar a suponer el punto de inflexión que marca la diferencia. Aunque en un principio fuera algo tan simple como meditar cinco minutos al día, cambiar los lácteos del postre por fruta o caminar diez minutos al día.

Este sistema de mejora continuada, un poco más sofisticado, es lo que en Japón se conoce como Kaizen. Su creador Masaki Imai afirma que todo lo que no suma resta. La idea del método es que millones de pequeños detalles mejorados, acumulados en el tiempo, suponen un gran cambio. A eso le suman evitar la acumulación, pero eso será tema de otro post. En lo que nos fijaremos es en el hecho de ir dando pequeños pasos en la dirección marcada.

Veamos algunos ejemplos:

– Te sobran algunos kilos y quieres ponerte a dieta. Es posible que seas disciplinado y voluntarioso y consigas cumplir la dieta a rajatabla. Y pierdas así el peso deseado. Pero ¿consigues mantenerlo? Si la respuesta es no, es porque no has cambiado realmente de hábitos. Sólo has hecho un gran esfuerzo concentrado en el tiempo para luego volver a lo anterior. Es mucho más efectivo tardar un año en perder esos kilos pero hacerlo con cambios de hábitos que te veas capaz de mantener en el tiempo.

– Te has apuntado a un gimnasio. Vas durante un mes tres días a la semana. Pasas las agujetas pertinentes, las estrecheces horarias y empiezas a sentirte ligeramente en forma. A la cuarta semana tienes mucho trabajo y no vas. A la siguiente semana sólo puedes ir un día. A la siguiente te da mucha pereza ir y volver a pasar las agujetas, ir corriendo y justo de tiempo y no vas. Si te ves reflejado, estamos en el mismo caso que el anterior. Has tratado de meter un nuevo hábito con calzador y no “entra”. Es mucho mejor que te marques un horario realista y empieces con una actividad más ligera, como un paseo diario de 20 minutos, pero que puedas sostener en el tiempo. Luego ya incorporarás el gimnasio si ves que te cuadran los horarios.

– Haces un intensivo de inglés durante el verano. Cuando pasa el verano tratas de mantenerlo pero nunca encuentras los momentos de hacerlo. Parte de lo aprendido lo pierdes por falta de práctica. Es mucho más efectivo dedicar cada día 15-20 minutos a hacer una actividad en inglés. E ir incrementándolo si te sientes motivado para ello.

Como puedes observar, la idea es siempre la misma. Hacer un pequeño cambio, que apenas se nota y que es fácil de cumplir. Y ver si somos capaces de convertirlo en un hábito fuerte y más extenso con el tiempo. Es cierto que algunas veces empezar a lo grande resulta retador y motivador, pero exige un gran esfuerzo mantener ese ritmo. Si tu motivación no es muy fuerte, seguramente no lo conseguirás. En cambio, introducir un pequeño cambio es sencillo. Y con el tiempo puede consolidarse como un hábito. Y la ilusión se mantiene cuando ves que no sólo lo continúas sino que eres capaz de incrementarlos gradualmente hasta el nivel deseado: hacer ejercicio, llevar una dieta sana o aprender inglés.

Para saber si este sistema te puede funcionar, sólo tienes que mirar hacia atrás y ver cómo has conseguido los cambios en tu vida. Y cuando no los has conseguido, porque ha sido. O mejor aún, probar y experimentarlo por ti mismo. Y si no consigues hacer cambios ni con este método, ni con otros, consúltame pues hay algo que necesita ser evaluado, valorado y tratado. Y recuerda que sólo cambiando ciertos hábitos,  podemos lograr  algunos objetivos en la vida, satisfacción, plenitud, éxito personal y demás. Y además, como dijo Edith Wharton, acerca de envejecer:

Otro generador de vejez es el hábito: el mortífero proceso de hacer lo mismo de la misma manera a la misma hora día tras día, primero por negligencia, luego por inclinación, y al final por inercia o cobardía. El hábito es necesario; es el hábito de tener hábitos, de convertir una vereda en camino trillado, lo que una debe combatir incesantemente si quiere continuar viva.

 ¿Cómo cambias tú de hábitos?

Si tienes dificultad para cambiar de hábitos, contacta conmigo.

Mertxe Pasamontes