Una de las cosas de las que os he hablado ya en otras ocasiones es que somos malos prediciendo. Y no sólo prediciendo lo que nos va a pasar, sino especialmente imaginando cómo nos sentiremos cuando nos pase una cosa determinada. Y no es algo que yo diga de manera intuitiva sino que diversos estudios llevados a cabo por los psicólogos Daniel Kanheman y Tim Wilson y los economistas, Daniel Gilbert y George Lowestein, lo corroboran. Las investigaciones han llegado a la conclusión de que existen dos sesgos en los pronósticos afectivos. Cuando pronosticamos la felicidad que nos traerá un determinado bien o acontecimiento futuro, solemos sobrestimarlo. Al contrario, solemos exagerar el grado de infelicidad que nos tarerá una posible desgracia. Esto nos pasa en ocasiones más o menos a todos, pero también hay personas que viven más inmersas en una de estas tendencias. Veamos algunos ejemplos.

En el caso del sesgo hacia lo negativo podemos encontrar numerosos casos. Algunas personas, sufren de ansiedad porque de manera inconsciente se dedican a imaginar escenarios de futuro terribles y cómo de mal lo pasarán cuando eso ocurra. Lo curioso del caso, es que no sólo esos escenarios imaginados no suelen ocurrir nunca, sino que además en el caso que ocurran, la reacción de la persona suele ser mucho mejor de lo que ella se esperaba. Incluso en casos extremos como la perdida de un ser querido, pasado un período de duelo razonable, la persona suele encontrarse mucho mejor de lo que pensó cuando sucedió el lance. Incluso hay quién llega sentirse culpable por ello, por sentirse “tan bien”. Ni que decir que cuando suceden males no tan terribles como la muerte, como puede ser una separación, la recuperación suele ser mucho más rápida de lo que la persona pronosticó. Y si eso hoy en día no sucede con la perdida de un empleo, es por la dificultad de encontrar uno nuevo, no por la perdida en sí misma. En este caso como en el siguiente, lo interesante es darse cuenta de si es una tendencia o algo que nos sucede de vez en cuando o sólo en algunas áreas de nuestra vida.

También sucede el ejemplo contrario, el del sesgo hacia lo positivo, personas que piensan que en cualquier situación futura, por dura que sea, tendrán una gran capacidad de reacción o les causará una gran satisfacción. Y luego se encuentran en la situación y se dan cuenta de que no contaban con tantos recursos como se pensaban o no resulta tan satisfactoria. Ni que decir tiene que gran parte de la sociedad de consumo se basa en este sesgo, ya que solemos creer que poseer esa nueva adquisición  nos dará una enorme satisfacción. Y nos las da durante un tiempo, pero suele ser más breve y menos intenso de lo esperado. Peor es el caso de quién sobrevalora sus capacidades y lo lleva al extremo. En situaciones extremas, como lo que está sucediendo con las escaladas al Everest organizadas, puede tener consecuencias funestas. Cada año mueren personas que pagan a guías por que les ayude a llegar a la cima sobrevalorando en mucho sus propias capacidades y falleciendo de agotamiento. Evidentemente, la mayoría de los casos no son tan terribles, pero algunas de la situaciones que estamos viviendo en esta crisis parten de ese optimismo naif de que las cosas van a ir bien y que si no, sabré como hacerles frente.

No estoy diciendo con esto que no podamos hacer planes, tener deseos o anticipar situaciones futuras. Claro que podemos e incluso diría, que es lo más adecuado. Pero estaría bien, que siguiéramos un pequeño proceso de decisión. Vamos a verlo:

Primero que tratáramos de detectar en que tendencia nos identificamos más, para saber si vamos a tener un sesgo positivo o negativo.

Segundo, que recordemos situaciones pasadas, pues aunque situaciones pasadas no predicen situaciones futuras, nos pueden dar una idea de cómo hemos reaccionado en según que casos. Sobre todo si nos fijamos en cosas no muy alejadas en el tiempo.

Tercero, que miremos con qué elementos contamos para tomar la mejor decisión y que hagamos caso de nuestra intuición.

Cuarto, si se trata de una decisión importante, piensa en un plan B. Just in case.

Quinto, una vez llegado a este paso, lánzate y experimenta. Sólo cuando estés viviendo la situación sabrás de verdad qué te reporta.

Sexto, si te has equivocado, rectifica y ajústate a los nuevos datos que tienes.

No sé cuál será el resultado de todo este proceso pero seguro que será mejor y más provechoso que estar prediciendo sólo en tu cabeza sin hacer nada. Primero porque te habrás movido en alguna dirección, no estarás bloqueado por la parálisis del análisis. Además, habrás tenido una experiencia real de algo, con lo que tendrás sensaciones reales de cómo te has sentido. Si era algo de poco peso, habrás podido gozar de una experiencia, sea satisfactoria o no. Si era algo importante, habrás hecho un movimiento y si has seguido los pasos, tendrás un plan B para usar en caso de que no te hayas encontrado con lo que esperabas. Y en última instancia, en cualquier caso, te conocerás mejor a ti mismo.

¿Vas a seguir prediciendo o vas a empezar a actuar? 

Mertxe Pasamontes

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Mertxe Pasamontes