prediciendoEn línea con el post del pasado lunes sobre Construir la realidad hoy me gustaría profundizar un poco en el tema de nuestra escasa capacidad para predecir la realidad. Pues a pesar de que Jeff Hawkins defina la inteligencia como la capacidad para realizar predicciones válidas para nuestra vida, la realidad es que en esta capacidad también andamos bastante flojos.

Nuestra baja eficacia a la hora de hacer predicciones futuras también guarda relación con la fragilidad de nuestra memoria,como expliqué en este otro post en el que ya comentaba que gran parte de lo que recordamos no sucedió tal y como nosotros lo recordamos. Como dice Punset en El viaje al poder de la mente: Nuestra memoria está sesgada por nuestros sentimientos y creencias actuales. No  recordamos simple y exactamente lo que sucedió, sino que lo filtramos con lo que está sucediendo en el momento actual (sobre todo con los aspectos emocionales implicados) . No olvidemos que los recuerdos y acontecimientos que mejor se fijan en nuestra memoria son aquellos asociados a vivencias emocionales. Y abro un pequeño paréntesis- reflexión al hilo de esto: Si lo que mejor recordamos es aquello experiencial-emocional, ¿es de extrañar que gran parte de la educación en la escuela caiga en saco roto? (tema para otro debate/post).

Ante lo expuesto y ligado al hecho de que intentamos “defendernos” de la incertidumbre del mundo aferrándonos a nuestras propias creencias o mapas mentales, incluso haciendo encajar “la realidad” con aquello que creemos: ¿no es normal que seamos malos prediciendo nuestro yo futuro? Porque esa memoria “frágil”, ese almacén de experiencias que tenemos en nuestro cerebro, es lo que nos sirve para predecir que será de nosotros en el futuro. En un mundo cambiante y altamente complejo, predecir en base al pasado puede ser desastroso (no hay más que ver lo ocurrido con la crisis económica). Pero ¿cómo predecir con otra base (fuera de las ciencias experimentales, que como he dicho en otras ocasiones, cuentan con otros métodos)?

Como responde Antonio Damasio en una entrevista:

¿Cómo se anticipa nuestro cerebro a los cambios y amenazas del entorno?

Se sirve de percepciones, emociones y sentimientos… Todos ellos son inseparables del proceso de pensar y, por eso mismo, mente y cuerpo son impensables por separado.

Ante esto la única alternativa que nos queda es estar dispuestos a soltar un poco la seguridad de nuestro mapa para adentrarnos en otros terrenos o “mapas” más amplios y flexibles. Ser más honestos con nosotros mismos y huir de autojustificaciones y aceptar que a veces las cosas son como son, no como querríamos que fueran. Y aceptar también que  lo que predecimos que va a ser nuestro futuro nos puede servir de orientación, de guía hacia la cuál dirigirnos, pero no debemos aferrarnos a nuestras propias predicciones. Corremos el riesgo de retorcer lo que nos suceda para que encaje en lo que pensábamos, en lugar de recibir lo que sucede con los brazos abiertos y aprender de ello.

¿Estás dispuesto a ampliar tu mapa?

Mertxe Pasamontes