simplificartuvida

Cuando en el post de la semana pasada hablé de 9 claves para vivir en un mundo de crisis, recibí la grata sorpresa de que la novena de ellas, que hablaba de establecer cuáles son tus verdaderas necesidades había recibido muy buena acogida. Y digo sorpresa, porque en un mundo en el que parece muy a menudo que Tener es más importante que Ser es bueno darse cuenta de que muchas personas creen realmente que Ser está por encima del resto. Por eso vamos a ver los primeros pasos para simplificar tu vida.

Creo que la mayoría de nosotros tenemos claro que uno de los pilares de la sociedad capitalista se basa en tener ciudadanos insatisfechos, para que intenten remediar sus insatisfacciones consumiendo. Esto puede conseguirse de muchas maneras. Una, cómo ya hemos comentado en alguna ocasión, es uniformizando el pensamiento de modo que las metas a alcanzar sean pocas y concretas y así muchas personas queden fuera y se sientan “fracasadas”. Esto se hace ya desde la escuela, en que se premia el resultado y no el esfuerzo, en que todos los niños han de pasar por fuerza por un tipo determinado de aprendizajes, sin tener en cuenta sus inclinaciones y potenciales naturales. Por suerte, hay sistemas educativos diferentes de estos, pero todavía son minoría.

Otra manera de hacerlo es detectar aquellas necesidades que no están satisfechas y vender productos que supuestamente las satisfarán. Esto es bastante más complicado y retorcido de lo que parece, pues maneja material muy sensible de un modo que no lo aparenta. Cuando se vende un producto que te ayudará a tener más amigos o ser parte del grupo, se está jugando con la necesidad humana de pertenencia. Cuando se hace con un producto que supuestamente  te proporcionará un ligue o el amor, se está manejando nuestra necesidad de aprobación y de sentirnos queridos. Esto puede hacerse de maneras muy sutiles, u obvias, o jugando con el humor…pero el fin es el mismo, hacerte creer (incluso que digas que no te lo crees, pero lo sigas comprando) que ese “objeto” llenará esa necesidad básica. Aunque en apariencia, no sea ese el motivo de la compra y en eso estriba la gracia del sistema. Y lo que es obvio es que no satisfará esa necesidad, pues el modo de satisfacerla no es comprando algo. Como decía el periodista Emile Henry Gauvreay: Yo fui de esa extraña clase de personas que se puede decir que pasan sus vidas, haciendo cosas que detestan, para ganar dinero que no quieren, para gastar en cosas que no necesitan y así impresionar a personas que ni tan siquiera les importan ( Original: I was part of that strange race of people aptly described as spending their lives doing things they detest to make money they don’t want to buy things they don’t need to impress people they dislike).

Otro modo de hacerlo son todos esos modelos de éxito, inalcanzables para la mayoría de la gente, que están por todas partes. Anuncios, películas, series de TV, novelas, realities, etc… Estamos bombardeados por ellos. Y los hay para todos los gustos y niveles sociales: el emprendedor de éxito, la mujer rica, la princesa del pueblo, el trabajador del año, etc… No estoy diciendo que haya nada de malo en querer emular algún modelo de esos, o en usarlo como fuente de inspiración, sólo cuestiono si es lo que realmente quieres.

No pretendo con estos comentarios hacer una análisis exhaustivo de la sociedad actual, tan solo apuntar algunas cosas que no por conocidas manejamos mejor. Y que pueden provocar que acabemos complicándonos la vida embarcados en proyectos que realmente no nos interesan o persiguiendo metas que en realidad no deseamos.

Uno de los modos de salirse un poco de esa rueda de hamster en la que frecuentemente andamos metidos,  es simplificando tu vida. Hay una corriente, el downshifting que habla ampliamente de ello. Algunos primeros pasos para simplificar tu vida podrían ser:

1. El primer paso es reconocer que todo esto que he explicado en la introducción sucede y darse cuenta de qué es lo que realmente tú quieres. No qué te han vendido, sino qué quieres. Contestar de verdad a esto te puede llevar parte de tu vida, aunque ahora te parezca muy simple hacerlo pues es fácil que estés metido en un guión de vida y ni siquiera lo sepas. Pero es un buen punto de partida.

2. Como ya dije en el pasado post, el siguiente paso será empezar a pensar por ti mismo cuál es realmente el nivel de vida que quieres y necesitas.

3. De un modo más práctico puede ser útil hacer un inventario de todo aquello que tienes y no usas. ¿ Cuántas de esas cosas compraste en los últimos 3 años? ¿eras consciente al comprarlas de que realmente no te hacían falta? ¿podrías regalar o deshacerte de algunas de ellas?

4. Hacer otra lista, de las cosas que haces que realmente te llenan en tu día a día. Es imprescindible saber qué es lo realmente importante y que es lo accesorio.

5. Observa ahora qué cosas te agobian de tu cotidianidad. Si repasas bien los cuatro primeros puntos, ¿crees que podrías dejar de hacer o tener algunas de esas cosas (aunque te llevara un tiempo)?

6. Responde con sinceridad  quiénes son las personas realmente importantes de tu vida en la actualidad. Piensa, sin prisas, si pasas con ellas el tiempo que desearías y qué pasos deberías dar para que pudieras hacerlo. No olvidemos que una gran parte de nuestros momentos de plenitud, son los que pasamos con personas a las que nos sentimos unidas de algún modo.

7. Y una última lista, sería la de entre 5 y 10 momentos que puedas considerar los más importantes de tu vida. ¿Con qué tenían que ver?¿crees que te dan alguna pista de qué cosas son importantes para ti?

Como he dicho en otras ocasiones, no pretendo dar la receta mágica. Tan sólo unas pocas herramientas que te ayuden a empezar a plantearte nuevas maneras de enfocar tu vida. Cambiar puede ser complicado, pero siempre será mejor anticiparte y elegir cómo hacerlo que encontrarte a remolque de una situación ya pasada. Estarás mejor preparado y con mayor número de opciones. Es por tanto tan solo una invitación a pararse a reflexionar. Y como ejemplo, os dejo esta historia Zen:

Un monje sentado en el borde de un estanque vio el reflejo de la luna en el agua. Extasiado, se acercó al reflejo queriéndolo coger, metiendo las manos en el agua, salpicando así todo a su alrededor. Cuanto más salpicaba, más se le escapaba la luna, rota en pedazos por las ondas que él mismo provocaba. El monje no se daba cuenta de que aquello que veía era sólo un reflejo. Por último, en su desesperación, de querer tocar la luna, se arrojó al agua y desafortunadamente se ahogó. Si el monje hubiera dejado de salpicar, se hubiera parado a reflexionar unos instantes y tranquilamente hubiera alzado la cabeza para ver más allá de lo que tenía enfrente suyo, podría haber visto la luna real en el cielo.

¿Crees que valdría la pena simplificar de algún modo tu vida? ¿tal vez en algún momento estás persiguiendo el reflejo de la luna?

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes