Ya son muchos los años que hago un post de palabras de Navidad, de hecho lo empecé en el 2007 con un cuento, lo personalicé en el  2008 y he acudido fiel a mi cita cada año: 2009, 2010 y 2011. El pasado año, como este, fui demorando el momento de escribir el post, pues no encontraba la inspiración para hacerlo. Y este año me está sucediendo lo mismo. Porque si pensáis en las fechas en que empecé a escribir, las primeras felicitaciones que hice vinieron casi de la mano de la gran crisis que nos azota y cada año trataba de transmitir mis deseos de que las cosas fueran mejor. Pero las cosas van como van y lamentablemente para muchos el año 2012 no ha sido bueno y no se espera un 2013 mucho mejor.

Los recortes han hecho que no se respire en las calles ese ambiente navideño que tantas veces hemos criticado pero que tal vez, ahora añoremos. El otro día paseaba por mi barrio y apenas hay luces en las calles. Es cierto que es ecológico, que así no desperdiciamos energía, pero también lo es que no es muy alegre. Y las tiendas tampoco exhiben grandes escaparates navideños, tal vez porque no esperan grandes ventas y no están para dispendios. Así están las cosas y los ánimos…

Estamos asistiendo a lo que probablemente es el fin de una era, pero nos estamos aferrando a ella con tanta fuerza que no estamos dejando que surja lo nuevo que tenga que surgir. Seguimos esperando que la economía crezca (¿hacía dónde?) y que nuestro estilo de vida vuelva a ser el que era. Es muy posible que eso no suceda y eso puede ser algo malo o tal vez, algo bueno. Ya que a lo mejor, nos da la oportunidad de redescubrirnos. De encontrar en nosotros muchos valores que perdimos mientras corríamos como locos tras ese crecimiento constante…

Perdimos la capacidad de valorar lo que poseemos y sólo nos admiraba todo lo nuevo que salía. Puede que aún nos suceda, pero la economía exige  “estirar” más las cosas. Olvidamos vivir el día a día persiguiendo sueños de gloria y éxito (algunos aún los persiguen) sin saber que a cada meta conseguida surge otra, a cada éxito deseas un nuevo éxito y el círculo nunca se cierra. Y por tanto la satisfacción no acaba de llegar. Creímos en gente, que movidos por la avaricia, nos vendían un sueño de riqueza y tardaremos mucho en recuperarnos de ese desengaño a todos los niveles. Y aún hemos de sufrir nuevos chascos, nuevas decepciones, nuevos ajustes…

Aún así sigo pensando que tenemos motivos para la celebración. El primer motivo es porque estamos vivos, algo que de tan cotidiano que nos resulta nos parece trivial, aunque ninguno tengamos asegurado  el día de mañana. Y en ese vivir diario, hay miles de cosas que también podemos agradecer. Y no se trata de agradecer con la actitud conformista, del que ya no espera nada mejor de la vida, sino con la actitud amorosa del que cuida lo que tiene, las personas que le quieren, las personas a las que queremos, las que apreciamos, las que nos ayudan de algún modo, las que nos acompañan, las que nos hacen sonreír o a veces llorar….También es esencial la actitud de aquél que con mimo se trata, se respeta, se cuida, se valora, se ama a sí mismo tal como es pues ese amarse es el primer paso de una vida más feliz.

Y aprovechar ese momento de cambio que supone la Navidad, en que la gente está más dispuesta a estar amable y contenta, para limpiar viejas heridas, para acercarnos a los demás con cariño, entendiendo que todos vamos de algún modo en el mismo barco. Y así aprender de verdad a compartir pues es en ese lugar en dónde encontraremos las más grandes satisfacciones. Claro que lo ideal sería que lo hiciéramos todo el año, pero que bueno que haya unas fechas que nos recuerden eso que tantas veces olvidamos…

Y así lentamente, paso a paso y sin prisas, iremos encontrando cada día más motivos para celebrar, más razones para alzar nuestra copa y brindar por la vida, por lo que tenemos, por lo que nos falta, pero sobre todo, por nosotros mismos. Aprender a vivir el momento es un oficio largo y delicado, pero es el único camino en el que encontraremos esa paz que tantas veces ansiamos, esa felicidad esquiva, esa satisfacción con la vida…

Así que te deseo para estos días que seas capaz de deslizarte en ese estado de plenitud en el presente el mayor número de veces posible. Pues cada vez que lo haces, renaces un poco y vuelves a vivir de nuevo.

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Mertxe Pasamontes