Uno de los errores que más frecuentemente se cometen en el tema de la autoayuda es dar “recetas para todos“. A pesar de que es bastante obvio que no hay un modo de hacer o ser que valga para todo el mundo. Pero aún así se hace. Como dice el refrán, quien solo tiene un martillo en todas partes ve clavos. Así sucede que las personas aprenden una herramienta para el crecimiento personal que les va bien a ellas y extrapolan eso al resto. Si además le añades a eso que es más sencillo saber bastante de una sola técnica que de varias y que del otro lado muchas personas buscan algo que les de seguridad, ya tenemos el recetario armado.

Ese es uno de los motivos por los que soy partidaria en mi trabajo como terapeuta y coach de hacer trajes a medida. En general soy reacia a empezar con una primera sesión en que hagamos una planificación exhaustiva de todo lo que vamos a hacer. Y me resisto, aunque me lo pidan,  porque corremos el riesgo de estar haciendo lo que quiere el Yo ideal y eso no es lo que va a llevar a la persona a sentirse bien, sino más bien al contrario. Y para descubrirlo necesitamos andar el camino. El Yo ideal es lo que solemos llamar personalidad o ego. Son todas esa características que supuestamente nos definen, el modo cómo pensamos y actuamos la mayor parte del tiempo. Pero es también la “máscara” que nos pusimos, siendo ya niños, entre nuestro Yo real y el mundo. Por eso mi tarea es ir apartando poco a poco las exigencias del Yo ideal (que nunca te conducirán  a sentirte bien) y dejar salir las características del Yo real, que es tu yo verdadero, el único que te puede llevar a ser feliz.

De ahí el interés de trabajar con herramientas que ayuden a definir de un modo lo más preciso posible, la personalidad. Una de las que me gusta, aunque no es fácil aprender a manejarla, es el eneagrama. El eneagrama define nueve enatipos de personalidad, con sus correspondientes subtipos. Cada eneatipo es una de nuestras “máscaras”. No hay eneatipos mejores ni peores, todos tienen el inconveniente de limitar nuestras opciones. Conocer tu subtipo no te permite dejar de tenerlo, pero te ayuda a entenderte. Y trabajando sobre ti mismo, llegas a descubrir cuáles son los movimientos internos que puedes hacer para tener más opciones, para que tu pensamiento y tu comportamiento sea más flexible.

Lo mejor de este método de trabajo es darse cuenta de que lo que para uno es sanador para otro es neurótizante. Pongamos un ejemplo, hay personas muy esforzadas y exigentes que lo que necesitan es relajarse, exigirse menos a sí mismas y hacer menos cosas. En cambio, hay personas muy autoindulgentes que necesitan activarse y exigirse un poco más. Lo que a uno le lleva a ser más neurótico a otro lo sana. Por eso no hay normas útiles para todos, dependerá de tu carácter. Y hacia donde tienes que ir es hacia tu Yo real, no hacia las exigencias del Yo ideal, pues es el único lugar en dónde te sentirás bien. De ahí la necesidad de que te ayude un profesional: tu máscara no está dispuesta a caer fácilmente.  Hay que levantarla y para eso mejor la colaboración de alguien desde fuera.

Si quieres puedes leer lo que dice Brenson sobre la máscara:

La máscara

Cada vez que me pongo una máscara para tapar mi realidad, fingiendo ser lo que no soy, fingiendo no ser lo que soy, lo hago para atraer a la gente.

Luego descubro que solo atraigo a otros enmascarados, alejando a los demás, debido a un estorbo: la máscara. Uso la mascara para evitar que la gente vea mis debilidades; luego descubro que al no ver mi humanidad, los demás no me quieren por lo que soy, sino por la máscara.

Uso una máscara para preservar mis amistades; luego descubro que si pierdo un amigo por haber sido auténtico, realmente no era amigo mío, sino de la máscara. Me pongo una máscara para evitar ofender a alguien y ser diplomático; luego descubro que aquello que más ofende a las personas con las que quiero intimar, es la máscara.

Me pongo una máscara, convencido de que es lo mejor que puedo hacer para ser amado. Luego descubro la triste paradoja: lo que más deseo lograr con mi máscara, es precisamente lo que impido con ella.

GILBERT BRENSON

No es una tarea fácil, pero es la única vía para realmente avanzar hacia un lugar de autoconocimiento sólido y duradero. Y la tarea del terapeuta o acompañante, a veces tampoco es sencilla, pues en la batalla con el Yo ideal, contra el autoengaño, hay frecuentes abandonos. Pero cuando la persona sigue y empieza a levantar la máscara, la satisfacción para ambos es inmensa. Y consigues ver a alguien que empieza a liberarse y a tomar decisiones por si mismo. Elecciones que de verdad pueden conducirle a sentirse bien y pleno. ¿Se puede pedir más?

¿Quieres realmente conocerte?

Escuchar podcast:

Mertxe Pasamontes