salirsedelguion

No podemos negar el enorme atractivo que tiene la ficción para nosotros. Cuando somos niños nos apasiona que nos expliquen cuentos. Ya de mayores los cuentos pueden no interesarnos tanto (no es mi caso), pero nos gusta ver películas, series, o leer novelas, o cómics…cualquier formato en que nos estén explicando una historia. Ya hablé del storytelling personal en el post titulado ¿Que te cuentas a ti mismo?, pero creo realmente que el explicar historias es connatural al ser humano. Las primeras historias explicadas, de héroes míticos se transmitían de manera oral y algunas han llegado hasta nosotros soportando el paso de los siglos, como la Odisea.

No resulta extraño de entender si pensamos que una parte de nuestra memoria es la llamada memoria episódica, en donde “almacenamos” todas nuestras experiencias vitales. Si pensamos la cantidad de acontecimientos que vivimos diariamente, parece increíble la cantidad de datos que dicha memoria puede llegar a almacenar, pero así es. Todos podemos recordar, con mayor o menor fidelidad, cosas que sucedieron cuando teníamos cinco, seis o siete años. Las historias nos ayudan además a entender la realidad, a ordenarla, a extraer experiencias. Son una fuente de conocimiento. Las obras clásicas perduran en cierta manera por eso, porque nos enseñan aspectos de la vida que podemos aprender a través de la experiencia vivida por los personajes.

El guión de vida es un concepto acuñado por el Análisis Transaccional (AT) una teoría creada por Eric Berne, que aunque no haya sido una teoría probada científicamente, resulta explicativa de la realidad en muchas ocasiones. Y a la hora de entendernos a nosotros mismos muchas veces no necesitamos más que eso, una buena explicación que nos ayude a “elaborar una historia” que nos resulte comprensible. El poder de la narrativa como comentaba la inicio, por el simbolismo que contiene, es muy grande. El guión de vida según el AT sería una especie de plan que elaboramos en la infancia de manera inconsciente, influidos por las figuras de referencia (especialmente padres y tutores) y que vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida.

Independientemente de que eso sea así de un modo exacto y preciso, sí que me parece útil rescatar la idea de guión de vida de modo que nos ayude a entender por qué actuamos como lo hacemos. Todos hemos recibido, en mayor o menor medida y con un impacto más o menos grande, mensajes de lo que era o debía ser la vida por parte de las personas que estaban a nuestro cuidado. Y no son mensajes casuales, sino creencias y valores repetidos una y otra vez. Y no sólo verbalmente, sino también a través de los comportamientos que veíamos  y del lenguaje corporal de esas personas. Una mirada de desaprobación de nuestra madre podía bastar para que no tocáramos algo.

Vamos a poner un ejemplo. Imaginemos que hemos nacido en una familia en que nuestro padre era abogado, o médico o alguna otra profesión liberal que suela conllevar bastante dedicación. Desde pequeños nuestro padre nos ha resaltado los valores del trabajo y le hemos visto dedicar a él numerosas horas. Incluso le hemos visto sacrificar tiempo libre por sus “obligaciones”. ¿Realmente pensáis que eso no tendrá influencia sobre el niño? Es posible que ese niño sea a su vez abogado, o médico o tal vez ingeniero y desarrolle una carrera profesional exitosa. La pregunta es ¿es suyo ese guión de vida o es heredado? No quiero complicar la pregunta más, pero podría ser que el niño de pequeño mostrara unas habilidades para el dibujo y la escultura que fueron desaprobadas sutilmente y que aún hoy en día se sorprenda a sí mismo en ocasiones, haciendo un dibujo en la esquina de un mantel de papel sin saber por qué.

Puede parecer que estoy hablando de algo intangible, de las influencias normales que todos hemos tenido, pero la clave está en cuáles de nuestros potenciales y habilidades nos han permitido desarrollar y cuáles no. Pues entre todas esas partes desaprobadas, puede estar nuestra verdadera esencia, ese yo que a veces lucha por salir. La pregunta pertinente  aquí es si estás viviendo tu verdadera vida o tal vez, sin darte cuenta, estás viviendo la vida de “otro”. Una pregunta difícil de responder pues te obliga a bucear en tu verdadero yo y descubrir quién eres realmente. O como dice Hugh McLeod, recordar quién eres. Y saber así, si eres el guionista de tu vida o estás siguiendo un guión ajeno.

No es fácil responder a esta pregunta, pero hacerlo es la diferencia entre ir tirando “con lo que hay” o seguir realmente el camino de tu corazón, ese que conduce de verdad a la realización personal y a la plenitud. Tú decides.

¿De quién es el guión que vives?

pd. Y si no te gusta el guión que vives, ya sabes dónde encontrarme 😉

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Mertxe Pasamontes