Una de las habilidades que más te puede ayudar en la vida es la de solucionar tus problemas a tiempo. Cosa que aunque parezca una obviedad, no se hace con la frecuencia que se pudiera imaginar. Muchas personas acuden a mi consulta después de llevar un largo tiempo padeciendo un problema. Y cuando digo un largo tiempo estoy hablando por término medio de más de un año o dos. No es que en ese tiempo no se haya intentado nada. En algunos casos han habido algunos intentos, yo diría que tímidos o tibios, pero a pesar de no dar los resultados esperados no se ha hecho nada más. Y el problema ha seguido ahí, haciéndose cada día más grande y doloroso.

Los seres humanos tenemos una gran capacidad de adaptación al entorno y a las circunstancias. Y eso tiene sus ventajas e inconvenientes. Supone una enorme ventaja pues nos permite superar situaciones en las que de otro modo sucumbiríamos. Pero es a su vez un inconveniente porque esa capacidad nos lleva en más ocasiones de las deseadas a acomodarnos, incluso cuando la situación nos desagrada. Y acabamos viviendo en una zona de confort, incluso cuando no es en absoluto confortable.

Eso lleva a algunas personas a acostumbrarse a vivir con sus problemas sin hacer intentos serios de solucionarlos. Enfatizo la palabra serios, porque como he dicho en la introducción, no es que la persona no haya tratado de hacer nada, lo ha intentado pero al no dar el resultado esperado no ha hecho nada más. Bueno, en general sí que ha hecho algo: intentar con más énfasis la solución errónea o poco efectiva. Se  crea entonces  una especie de indefensión del tipo “nada de lo que hago da resultado“.

Lo peor de esto es que este tipo de situaciones pueden prolongarse durante años. Y además de que la situación se va complicando cada vez más se tiene la sensación de que la propia actuación es inútil. En ese estado llegan muchas personas a terapia. Llevan padeciendo un problema varios años, éste se ha ido complicando y además ellas no se sienten capaces de solucionarlo, pues temen que cualquier paso empeorará aún más la situación. Y a veces es cierto que en los primeros pasos hay que perder de vista tierra firme y confiar en el proceso. Pero con la guía adecuada se puede salir de esa situación o como mínimo mejorarla. Eso sí, sin prisas y sin esperar milagros.

Los casos en que la persona llega entre tres y seis meses después de iniciado el problema o conflicto, suelen ser de solución fácil y rápida porque aún no se ha enquistado la problemática. Cuando ha pasado más de un año (y a veces dos y tres, incluso más) necesitamos  más tiempo y esfuerzo para llegar a buen puerto. Se llega, pero se requiere paciencia y perseverancia. Por eso es importante buscar ayuda profesional en cuanto se ha probado alguna solución sin tener éxito. Ya que si no se hace las consecuencias  a largo plazo pueden ser nefastas tanto a nivel físico como psíquico.

Lee el siguiente cuento:

En un camino se encuentran 2 ranas. Una pasea por un surco profundo dejado por un tractor. La otra viéndola allí abajo le dice:

– Eh!, ¿que estás haciendo allí abajo? Aquí arriba se está mucho mejor, también hay más cosas para comer.
– No puedo subir- le responde el otro.
– Déjame ayudarte- le ofrece la de arriba.
– No. Déjame en paz. Aquí estoy bien y también hay bastante para comer.
– De acuerdo –dice la otra rana, pero aquí arriba hay mucho más espacio para explorar y para moverse.
– Aquí bajo tengo todo el espacio que necesito- insiste la de abajo.
– ¿Y que me dices de relacionarte con otras ranas?- argumenta la de arriba.
– De vez en cuando baja alguna hasta aquí abajo, y si no, puedo hablar llamando a mis amigas de allí arriba.

Finalmente la rana de arriba lo deja correr y se va dando saltitos.
El día siguiente, muy sorprendida, se encuentra a la rana de abajo dando saltitos a su lado.

– Escucha- le dice- pensaba que ibas a quedarte en aquel surco. ¿Qué ha pasado?
– Que venía un camión!

Como en el cuento a veces nos quedamos aferrados a una situación, aunque sea estrecha, limitada y nos cause problemas, por comodidad, por miedo o por resistencia al cambio. Lo solemos hacer hasta en las ocasiones en que esa situación es bastante problemática esperando que con el tiempo los problemas se disuelvan. Y en la mayoría de las ocasiones los problemas o se resuelven o permanecen ahí, haciéndose cada vez más grandes. La clave es pasar a la acción y cuanto antes mejor. Pasado un tiempo prudencial hemos de ser conscientes que se necesitará una acción por nuestra parte si queremos un cambio. Y si no sabemos cómo hacerlo o en qué momento o hemos intentado algo sin éxito, un buen profesional nos puede ayudar a encontrar el modo adecuado de llevarlo a termino. Antes de que, como en el cuento,  pase un camión y tal vez no estemos a tiempo de dar el salto.

¿En que momento pasas a la acción? ¿Convives con los problemas durante mucho tiempo? 

Mertxe Pasamontes