Una de las cosas que debes hacer si quieres ser un poco más feliz es superar tus  creencias limitantes. Tus creencias limitantes te anclan en el pasado, en aquello que sucedió antaño o en lo que ni llegó a a suceder porque no te atreviste a dar el paso. Nacen, como ya dije en este post, de tu guión de vida, de todo aquello que se te grabó a fuego en el cerebro durante tu infancia y adolescencia.

El primer paso que has de dar para empezar este proceso de cambio es ser consciente de dos cosas: de que tienes creencias limitantes y de que la mayoría de ellas no se corresponden con la realidad, sólo están en tu cabeza. Las creencias son significados, interpretaciones, definiciones, etiquetas que ponemos a la realidad. Son interpretaciones de la realidad, no hechos  verificables. Son hipótesis que tenemos sobre algo que no se pueden demostrar (si se pudieran demostrar, estaríamos hablando de ciencia o de hechos objetivos, no de creencias). Lo malo es que en muchas ocasiones no eres capaz de hacer esa distinción tan fácilmente. Estás convencido de que aquello que te dijeron tus padres sobre ti (eres vago, eres torpe, siempre te equivocas, no serás nada en la vida) y te repitieron cientos de veces, es una realidad. He puesto aquí ejemplos de creencias limitantes , pues aunque también existen las creencias potenciadoras esas que te animan a superarte y a creer en ti mismo (tú vales, eres muy listo, caes bien a la gente, etc) esas no te impiden superarte. 

Ver esto no es nada sencillo, pues son creencias tan profundas, tan incrustadas en tu diálogo interior, que es posible que ni te des cuenta de que las tienes. De ahí la importancia de contar con ayuda profesional. La mayoría de clientes que vienen a mi consulta tienen bastantes creencias limitadoras.  Yo les guío con la palabra, las preguntas y las técnicas adecuadas, para que vayan contándome sus creencias sin apenas darse cuenta y así podemos trabajar con ellas. Ese es el segundo paso, trabajar con todo ese material que surge. Porque ser consciente de que tienes una creencia e incluso entender que lo es, no siempre es suficiente para cambiarla, no es suficiente para soltarla. A veces sí que sucede, es un insight espontáneo. Pero otras veces hay que luchar contra esa voz interior que te dice: en realidad es cierto. Es cierto que no eres simpático y no caes bien a la gente. Es cierto que eres torpe, siempre se te están cayendo las cosas y las rompes con facilidad. Es cierto que eres vago, duermes un montón y dejas todo para último momento. Es cierto que….

Lee este cuento:

Había una vez dos niños que patinaban sobre una laguna helada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación. De pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua, quedando atrapado. El otro niño, viendo que su amigo se ahogaba bajo el hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró romper la helada capa, agarró a su amigo y lo salvó.

Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaban cómo lo hizo, pues el hielo era muy grueso.

– “Es imposible que lo haya podido romper con esa piedra y sus manos tan pequeñas”, afirmaban.

En ese instante apareció un anciano y dijo:

– “Yo sé cómo lo hizo”.

– “¿Cómo?”

– “No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo”.

Muchas veces necesitas, como el niño del cuento, que no haya nadie que te diga que no puedes hacerlo. Pero la voz más importante que tienes que cambiar es tu voz interior. Has de ser capaz de hablarte con cariño y amor, con respeto y aceptación. Claro que habrá cosas que no serás capaz de hacer y o cambiar del todo, y deberás aprender a  aceptarlo. Pero que sean porque realmente no puedes y no porque crees que no puedes sin ser cierto. Y sobre todo, que conozcas quién eres realmente y qué quieres de la vida, qué te hace sentir pleno y dichoso, sin creencias limitantes que te impidan ser feliz. Y así, tal vez , se abrirán tus alas  ya que como dijo Igor Sikorsky : Según respetados textos de aeronáutica, el abejorro no puede volar a causa de la forma y el peso de su cuerpo en relación con la superficie de sus alas. Pero el abejorro no lo sabe. Y por eso sigue volando.

¿Cuáles son tus creencias limitantes?

Mertxe Pasamontes