La mayoría de las personas convive con algún tipo de miedo. Y no me refiero a los miedos lógicos, antes situaciones que realmente entrañan un peligro. Estoy hablando de miedos irracionales, de tipo ansioso o fóbico. El miedo a hablar en público, a los espacios cerrados, a salir a la calle, a subir a un avión, a las mariposas o las palomas, etc… Algunas de esas situaciones (otras no) es normal que causen una cierta ansiedad pero de ahí a que lleguen a provocar miedo, hay un buen trecho. Pero la realidad es que a muchas personas les causan miedo. Incluso un miedo paralizante.

Ese tipo de miedos pueden tratarse en terapia. Muchas personas dejan ahí el miedo y prefieren no tocarlo. Temen entrar ahí. Y conviven con un miedo que les limita su vida en algunos aspectos. No es que sea obligatorio enfrentarse a todos los temores que podamos tener, pero convivir con un miedo que nos impide hacer cosas que nos gustaría hacer, es una lástima. Personas que no viajan por no coger un avión o que no aceptan un trabajo porque exige hacer alguna presentación en público entre otros casos.

La buena noticia es que tratar esos miedo cambia el cerebro. Una de las técnicas más utilizadas para hacerlo es la llamada terapia de exposición, que se realiza en la consulta, confrontándose con el miedo en un entorno seguro. En un estudio llevado a cabo por investigadores de la Tufts University School of Medicine y la Sackler School of Graduate Biomedical Sciences  y publicado en la revista Neuron se ha podido comprobar que este tipo de terapia de exposición cambia el cerebro de la persona. Cuando estamos ante una situación que nos produce miedo, se activan una serie de neuronas de la amígdala cerebral. La terapia de exposición silencia este tipo de neuronas, haciéndolas menos activas. Lo hace mediante un mecanismo de reconexión de las neuronas. Esto no te quita la memoria del miedo, pero suprime la reacción de miedo.

Lo que estas investigaciones nos están mostrando es que podemos cambiar nuestro modo de reaccionar a ciertos acontecimientos y al hacerlo, cambiamos a su vez la configuración de nuestro cerebro. Al enfrentarnos a un miedo en un ambiente seguro, sin sentir ansiedad, damos a nuestro cerebro el importante mensaje de que es posible hacerlo, es posible superar el miedo. Se puede hacer con la terapia comentada, en sesiones y mediante exposiciones graduales y sucesivas y también con la cura de fobias que propone la PNL. Lo importante es hacerlo, no dejar que los miedos se apoderen de nosotros y cada vez se hagan más grandes y se extiendan a más áreas, haciendo que tengamos una vida llena de limitaciones.

Te sugiero que leas el siguiente cuento:

En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. Siempre que hacía prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre.

En esta sala el rey les hacía formar un círculo y les decía entonces:

– Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta misteriosa.

Todos elegían ser muertos por los arqueros. Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo sirvió al rey se dirigió al soberano y le dijo:

– Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?

y le responde el rey:

– Dime soldado.
– ¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?
– Ve y mira tú mismo.- respondió el rey.

El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y aclararon el ambiente. Descubrió sorprendido que la puerta se abrió sobre un camino que conducía a la libertad. El rey explicaba al soldado:

– Yo daba a ellos la elección, pero preferían morir que arriesgarse a abrir esta puerta.

 

Como sucede en el cuento debemos preguntarnos cuántas puertas dejamos de abrir por el miedo de arriesgarnos. Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros deseos. La vida está hecha para vivirla, no para pensarla. Aprovéchala y vive.

Lectura recomendada:

Vivir sin miedos. Sergio Fernández

¿Cuantas cosas dejas de hacer por miedo?

 

 

Mertxe Pasamontes