En estos años que llevamos de crisis hay algo que creo que no acabamos de asumir y es que esto no es sólo una crisis económica sino un verdadero cambio de paradigma. En ciencia se considera que hay un cambio de paradigma (podemos definir paradigma como un modelo explicativo de algo) cuando empiezan a haber cosas que no pueden ser explicadas por el paradigma vigente y se hace necesario introducir cambios sustanciales en el modelo para poderlas explicar. Así es como, por citar un ejemplo, en física pasaron de la mecánica newtoniana a la mecánica cuántica.

Durante mucho tiempo nos hemos guiado por un paradigma capitalista que se sostiene en la sociedad de consumo. Ambas cosas van unidas de la mano, una no puede existir sin la otra. Imagina que durante un mes, todos los habitantes del planeta compraran sólo lo estrictamente necesario, ni una cosa superflua más. ¿Qué crees que sucedería? Se hace difícil de recrear lo que sucedería, pero ya te digo que el sistema capitalista se hundiría. No tendría dónde sostenerse. Y tal vez nosotros con él, pero el ejemplo es sólo para que nos demos cuenta de lo que nos rodea, no para que lo llevemos a la práctica.

Desde la Revolución Industrial hasta los primeros años del siglo XXI, se fue creando nuestro modelo de sociedad: una gran parte del trabajo era industrial y servía para crear bienes de consumo. Con la eclosión de la sociedad de masas llegó a su cenit la sociedad de consumo y el mundo occidental se llenó de bienes y objetos, muchos de ellos innecesarios y redundantes. Todavía hay una gran parte del planeta que no disfruta de esa abundancia, pero ya empiezan a tener medios para producir esos bienes por ellos mismos.

Lo que tal vez no hemos pensado es que todos esos años la sociedad capitalista ha vivido de nuestra insatisfacción vital. El sistema capitalista se funda en el fomento de la insatisfacción con lo que se tiene y la estimulación constante del deseo. La idea que subyace es que todos tenemos derecho a satisfacer nuestros deseos materiales, aunque sea a crédito. El problema es que el dinero se ha acabado para la mayoría y ahora se junta una doble insatisfacción: la insatisfacción de no poder consumir junto con la insatisfacción que jamás pudimos satisfacer consumiendo. Porque la satisfacción de comprar cosas es totalmente efímera y se extingue a menudo en el momento mismo de la compra. O poco tiempo después.

Se habla mucho de que tenemos que crecer de nuevo, que es una manera elegante de decir que hay que seguir consumiendo para que el sistema capitalista siga funcionando. Pero no hay dinero, ni trabajo, ni manera de absorber los excedentes de producción y los miles de pisos construidos. Hemos despertado y hemos descubierto que viajábamos como Cenicienta, en una calabaza. Y que no hay Príncipe que vaya a salvarnos de eso.

Porqué una de las pocas cosas buenas que ha traído esta crisis es darnos cuenta de que había una insatisfacción que no se cubría consumiendo cosas. Porque sí que hemos de crecer, pero no como nos cuentan sino interiormente. Hemos de ir hacia esa sociedad postmaterialista que algunos pensadores preconizan. Una sociedad que cuide el medio, que sea más solidaria, que valore más los momentos vividos, las experiencias compartidas, la vida interior. Una sociedad que no se deje engañar por los cantos de sirena o los vendedores de humo. Con personas que valoren más el Ser que el Tener. Con un mejor reparto de los bienes y los recursos. Un mundo en que el ser humano se haga realmente humano. Y en el que la alegría de vivir supere  al placer artificial de comprar.

Puede parecer una utopía, pero para eso están los ideales, para marcar el camino. ¿Hacia qué tipo de sociedad quieres caminar?

En post posteriores iremos hablando de cómo podemos vivir y trabajar en un mundo así. 🙂

Mertxe Pasamontes