Mucho se ha hablado y se ha ensalzado el Carpe Diem (aprovecha el momento), una de las cuatro aspiraciones del hombre del renacimiento. Pero mucho menos de las otras tres, una de las cuales es el Beatus ille. El Beatus ille son los versos iniciales ( Beatus ille qui procul negotiis..) de un poema (en latín) de Horacio que dice así:

Dichoso aquél que lejos de los negocios,

como la antigua raza de los hombres,

dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con los bueyes,

libre de toda deuda,

y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador,

ni tiene miedo a los ataques del mar,

que evita el foro y los soberbios palacios

de los ciudadanos poderosos…

El Beatus Ille es una idea típicamente renacentista y como tal supone un elogio idealizado de la vida en el campo, lejos de la ciudad y de la multitud, de la persecución del dinero y la fama…Y traigo a colación este tema del Renacimiento, pues a veces hay que recuperar a los clásicos para entender dónde estamos y hacia dónde podemos movernos. Y antes de entrar más de lleno en el tema, aún os quiero dejar unos versos de Fray Luís de León en los que también retoma este tema (link al poema completo):

¡Qué descansada vida

la del que huye el mundanal ruïdo

y sigue la escondida

senda por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido!

 

Que no le enturbia el pecho

de los soberbios grandes el estado,

ni del dorado techo

se admira, fabricado

del sabio moro, en jaspes sustentado.

 

No cura si la fama

canta con voz su nombre pregonera,

ni cura si encarama

la lengua lisonjera

lo que condena la verdad sincera.

[…]

Salvando las distancias culturales, de circunstancia y de tiempo quisiera recuperar de algún modo en este post el elogio de la vida tranquila y relajada. Ya hablé de ello en este post, en el que citaba a Carl Honoré y su Elogio de la Lentitud. Pero aquí y ahora quisiera incidir sobre dos aspectos: el ritmo acelerado y la búsqueda de la fama que a mi juicio se interrelacionan en muchas ocasiones.

Gran parte de los problemas en los que hoy en día nos vemos inmersos (no voy a entrar pues sería otro tema, en corrupciones diversas) surgen de haber llevado una vida alocada, en una desenfrenada carrera por tener más y más, sea por la vía de trabajo-negocios o por la de ser famoso y vivir de la fama. Porque no podemos negar que una parte de la perversión de la Marca personal estriba en la búsqueda de una marca a toda costa aunque bajo ella haya poco más que humo. Hacerse un nombre de algún modo y cobrar por ese nombre: sea aparecer en un programa televisivo o dar una ponencia o cualquier otra cosa. Si rascas un poco, bajo algunos de esos personajes, no hay nada…

De cualquier modo, la búsqueda del “éxito” y del poder y beneficio que conlleva, nos mete en esa carrera sin fin. Es obvio que en esto hay niveles, unos querrán triunfar en Hollywood y otros ser jefes de un equipo. Incluso puede haber casos en que ese éxito sea fruto del trabajo y la persona se lo merezca totalmente. Pero no me gustaría que los árboles no nos dejaran ver el bosque….

Y el bosque es esa vida acelerada, en la que le faltan horas al día, en la que el fin de semana se ansía para luego verlo pasar en un suspiro y sin apenas tener tiempo de disfrutarlo, en que las vacaciones son sólo un pequeño lapso de tiempo para retomar fuerzas y volver a la lucha…En la que el éxito en un negocio o emprendimiento apenas se puede disfrutar porque hay que hacerlo crecer o venderlo para meterse en otro mayor. Tal vez porque alguien nos dijo y nos lo hemos creído que ese era el objetivo de la vida: ser el más fuerte, el más rápido, el más rico y exitoso, el más…

Y todos eso ¿para qué? Para ganar más dinero que en teoría te ha de permitir tener una serie de seguridades y lujos. Seguridad que no se consigue pues temes perder lo conseguido. Lujo que no disfrutas pues el de al lado, tiene un coche mejor, o una casa más grande, o porque tu móvil, ordenador o lo que sea quedó de nuevo obsoleto.. Pero sigues corriendo pensando que más adelante sí que conseguirás ese estado de equilibrio que en el fondo ansías.

Por eso yo digo que ahora es tiempo de tener tiempo. Tiempo de parar y replantearte qué necesitas realmente y qué precio vas a pagar en tiempo, esfuerzo y salud para conseguirlo. Cuánta gente necesitas realmente que te conozca, si como dice Seth Godin una pequeña tribu de personas a la que de verdad les aportas algo o un número enorme a quién en realidad no les importas nada o casi nada. Porque todo, lamento decirte, no se puede tener. Aunque te hayan contado que si y que pienses a lo grande. Y que tengas mente de millonario. Si bastase con tener mente de millonario para serlo, no habría pobres en la Tierra. ¿O es que acaso piensas que los demás son más tontos que tú mismo y por eso son pobres?

Por eso, apuesto por recuperar el Beatus ille. Y eso no pasa necesariamente por irse a vivir al campo, pero si por desacelerar. Por darle tiempo al tiempo y disfrutar el momento, pues aunque se haya dicho hasta la saciedad, no lo hacemos. Por soltar necesidades ficticias. Por recuperar lo que de verdad importa. Y sí, es posible que haya personas que ahora mismo no puedan elegir debido a las circunstancias. Pero eso es ahora y es temporal. Mira como explica en este vídeo Ric Elias,  lo que aprendió mientras su avión se estrellaba:

 

¿Crees que es tiempo de tener tiempo? ¿O prefieres vivir en una carrera desenfrenada?

Mertxe Pasamontes

PD. De esto y más cosas  hablaremos en el próximo curso en octubre: Salir de la crisis fortalecido

Escuchar en formato podcast: