Mucho se ha hablado del tema de pensar en positivo. Tanto que posiblemente estés agotado de oír hablar de eso. Pero lamento decirte que por muy cansado que estés del tema, tienes que pensar en positivo. Y además hay motivos científicos que lo avalan y que te explicaré a continuación. Y el principal de ellos es para compensar el sesgo negativo de nuestro cerebro. Porque si no aprendes a pensar en positivo, es muy probable que el pensamiento negativo te acabe arrastrando.

El sesgo negativo

Nuestro cerebro tiene lo que se llama un sesgo negativo (negative biass). El Dr. Rick Hanson en El cerebro de Buda nos explica muy bien de que se trata eso. Nuestro cerebro tiene una tendencia natural y muy marcada a enfatizar lo negativo y a quedarse con ello. Te lo explico en varios puntos:

-Primer punto: Lo explicaré con un ejemplo, te pasan nueve cosas positivas en el trabajo y una negativa en un día cualquiera. ¿En qué te pondrás a pensar cuando apagues la luz al irte a dormir? Has acertado, en la negativa. Nuestro ancestros, durante millones de años, tenían necesidad de detectar rápidamente cualquier amenaza o peligro. Es decir, nuestro cerebro está continuamente haciendo un escaneado de posibles amenazas para nuestra supervivencia. Por ese motivo, las detectamos con tanta facilidad.

Segundo punto: Cuando detectamos ese punto negativo, solemos focalizarnos totalmente en ese aspecto negativo de la situación. Eso forma parte del cableado del cerebro. Cuando vivimos algo positivo, cuando nos sentimos bien, podemos tener una visón más amplia, estar más abiertos al conjunto de la vivencia. Pero cuando es algo negativo, sea una molestia corporal, una crítica, lo que sea el cerebro se focaliza en ese punto, como si se hubiera encendido una luz de alarma. Porqué de hecho para el cerebro se ha encendido.

Tercer punto. Una vez nos centramos en ese punto negativo, sobre reaccionamos. Un experimento mostró que si se le presentan a la vez a una persona dos sonidos, uno agradable y uno desagradable, de la misma intensidad, la persona no puede dejar de oír el desagradable y además le parece mucho más fuerte. La atención se va a lo negativo.

Cuarto punto: las experiencias negativas se graban a fuego en nuestro cerebro. Están ahí para prevenir que no nos pase de nuevo en el futuro algo similar. Hay una léy de la neurofisiología que dice que las neuronas que se disparan juntas se refuerzan y de se modo crean caminos neuronales que se repiten una y otra vez. Si alguien te cae mal por algún motivo, lo primero que ves cada vez que te encuentras a esa persona es ese rasgo negativo, por lo que lo estás reforzando. A más veces lo veas, más lo reforzarás y más mal te caerá. A menos que seas capaz de introducir “una cuña” en tu cerebro. De eso hablaremos más adelante.

Quinto punto. Todo este proceso se refuerza en el cerebro porque las emociones negativas disparan el cortisol, la hormona del estrés. Eso ayuda a que se grabe esa experiencia en zonas como el hipocampo. El hipocampo es una de las zonas del cerebro que graba las experiencias asociadas a memorias emocionales. De ese modo, será más fácil que si nos vuelve a suceder algo similar reaccionemos del mismo modo.

Sexto punto. Todo ese proceso nos lleva a crear círculos viciosos negativos en nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos. Es como si tuviéramos Velcro para las experiencias negativas y Teflón para las positivas.

¿Qué podemos hacer ante ese sesgo negativo?

Lo que podemos hacer ante todo eso es poner nuestra atención deliberadamente en todo lo bueno que nos suceda y rodea. Fijarnos en esas 9 cosas positivas que nos pasaron en el día, alegrarnos por ellas y no darle tanto espacio a la negativa que también sucedió. Empezar a introducir esa cuña de la que te hablé, entre nuestro pensamiento negativo y nuestra atención.

Y aquí es donde el Mindfulness tiene la llave maestra. Lo que hacemos cuando practicamos Mindfulness es aprender a centrar nuestra atención en algo en concreto: la respiración, un mantra, una imagen mental. Al dirigir nuestra atención a algo en concreto estamos reforzando las áreas cerebrales (córtez orbitofrontal) que permiten hacer eso y estamos desactivando el parloteo interior, la red, el modo de pensamiento por defecto. Esa red es la que está activada cuando no estamos ocupados en nada en concreto y nuestra mente vaga de una idea a otra. O cuando tratamos de realizar algo, pero no podemos concentrarnos y de nuevo la mente vuelve a campar a sus anchas. Es también la que sostiene el diálogo interno negativo.

Por ello, cuando diseñé Dueño de tus emociones, Capitán de tu destino, busqué la manera de que pudieras aprender a crear esa brecha. Para ello, tienes que saber qué quieres y tener unas metas definidas. Así le das a tu cerebro algo en lo que centrarse. Además, tienes que poder crear estados internos potenciadores,  y esto es lo que aprendes a hacer con técnicas de PNL. Esos estados te ayudan a poder empezar a crear nuevas conexiones neuronales, en las que conseguirás vincular tus metas y objetivos junto con una emoción positiva y motivadora. Y como te he explicado, si las neuronas se disparan juntas, tienden a dispararse juntas y cuantas más se de ese vínculo, más posibilidades hay de que en el futuro siga sucediendo y así consigas tus metas. Y además, te introduces en el Mindfulness. De eso modo comienzas a aprender cómo se centra la atención, cómo uno mismo lleva de la mano a la mente para concentrarse en lo que tú quieres. También puedes tratar de realizar todo este cambio por tu cuenta. Pero te será mucho más fácil hacerlo con un proceso ya estructurado y con unos ejercicios pensados y grabados a tal fin. Y tendrás muchas más posibilidades de éxito. A partir de ahí la decisión obviamente está en tu campo.

¿Cómo haces para evitar que el sesgo negativo te atrape? 

 

Libros recomendados:

El cerebro de Buda de Rick Hanson

 

Mertxe Pasamontes