He escogido esta cascada de Godafoss no sólo por su estética sino también por su valor simbólico, porqué de algún modo refleja mi modo de ver la vida y por tanto, el cómo me veis, cómo actúo, como hablo (o escribo).

Godafoss significa Cascada de los dioses y debe su nombre a que los primeros evangelizadores de la isla tiraron al fondo de la cascada a los dioses paganos de sus moradores. No con ello eliminaron el paganismo y creo que muchas veces esos dioses rugen desde el fondo del agua para recordar al mundo que no puedes imponer unas creencias, que la gente es libre de creer lo que quiera en el fondo de sus almas.

La fuerza del agua es para mí como la fuerza de la vida, el continuo devenir, el cambio. Sigo en esto el maestro Heráclito que dijo que nunca te puedes bañar dos veces en el mismo río. Aunque las cosas parezcan iguales, tal como nos pasa a nosotros, todo cambia. Eso es lo único que no cambia: el cambio.

Lo único que podemos hacer los humanos es dejarnos llevar por ese fluir de la existencia y disfrutar de cada etapa del camino, sin demasiadas añoranzas de tiempos pasados, ya que no volverán. Y porqué en esos cambios descubrimos casi siempre nuevos territorios, lugares insospechados  a los que nunca habríamos llegado si hubiésemos permanecido en el mismo sitio.

Sólo os deseo a todos muchos y variados cambios, para que vuestra vida esté llena de un repertorio de vivencias que os permitan disfrutar de la existencia en una gran variedad de matices, colores y sabores.

¿Y tú que sueles hacer? ¿Te resistes al cambio o te dejas fluir para llegar a nuevos territorios?

Mertxe Pasamontes