clavesfelicidad

Si de algo se han vertido ríos de tinta (y de bits!!) es del concepto de felicidad y del modo de ser felices. Si realizas una búsqueda en este Blog te sorprenderá de la multitud de aproximaciones que he hecho a ese concepto. Parece haber un impulso natural en el ser humano que le lleva a la “búsqueda de la felicidad” . Y lo pongo entre comillas, porque la ciencia nos dice, como ya he comentado en alguna ocasión que el cerebro no busca tanto la felicidad sino la sensación de paz y bienestar: ese es el estado que nuestro cerebro interpreta como felicidad. Lo otro son momentos de euforia, que para nuestro cerebro aunque positivos, son momentos de activación y desgaste. La verdadera felicidad para nuestro cerebro es estar en paz y sentir bienestar y relax y a la vez el mínimo desgaste energético. Porque no olvidemos que nuestro organismo es un gran ahorrador de energía, de lo contrario no hubieran sobrevivido nuestros ancestros a épocas de gran escasez.

En el último libro de Eduardo Punset, Excusas para no pensar, nos cita las investigaciones que está realizando Martin Seligman sobre la felicidad. Ya hemos hablado de Seligman en otras ocasiones, como en el tema del Optimismo inteligente. Seligman puede casi ser considerado el padre de la Psicología positiva, pues fue de los primeros en llevar a cabo un análisis profundo y científico de conceptos como la felicidad, el optimismo, etc… De alguna manera su propósito fue dar valor científico a conceptos que parecían poco apropiados para la ciencia. Resulta curioso constatar que estudiar la depresión se considere científico pero que cueste darle ese mismo reconocimiento  al estudio de aquello que nos hace felices (cuyo conocimiento tal vez ayudaría a evitar muchas depresiones…). Pero así somos.

Seligman ha categorizado aquello que nos hace felices en tres elementos, de manera que a él le pueden servir a efectos de estudio y a nosotros como puntos de referencia para estar más cerca de esa pretensión de ser más felices. Estos tres elementos son:

– Tener en la vida momentos de placer y de emociones positivas.

Creo que este punto nos hemos hartado a oírlo, pero no siempre le damos la importancia que tiene. A veces incluso parece que se desvaloriza un poco el hecho de tener emociones positivas, como si fuera algo “de autoayuda”. Pero es que aunque parezca una perogrullada, el único modo de sentirse bien es practicando ese sentirse bien. Es buscando situaciones que nos den placer y alegría, que nos proporcionen experiencias agradables y positivas. Y no se trata de “evitar los pensamientos negativos” sino de no permanecer mucho tiempo en esa emoción, recreándose. Hay que distinguir entre una emoción de tristeza genuina, por algo realmente importante y ese darle vueltas a “lo negativo” como hábito o aprendizaje adquirido. Es este caso el que conviene evitar y como dice Antonio Damasio, sustituir esa emoción negativa por una emoción de signo positivo más fuerte. Todo es proponérselo…

– Tener una vida comprometida, en todos los ámbitos: amor, trabajo, hijos, amistades, ocio…

No creo que este punto necesite mucha explicación, quizás sólo recordar que comprometerse con lo que haces es estar ahí en cuerpo y alma, con los cinco sentidos, fluir en muchos momentos…Si hay ámbitos en que no puedes hacer eso, puede que sea el momento de revisarlos.

– Tener una vida significativa, dedicando nuestro talento a algo más grande que nosotros mismos.

Hemos comentado ya algunas veces el tema de buscarle un sentido a la vida, de oír tu llamada interior o como quieras llamar a esa sensación de que tu vida, tus actos, tu misión, están conectadas con algo “más grande”, con una visión, con un deseo de aportar algo al mundo, a los demás. No es necesario que todo el mundo sienta una emoción transcendente que le  lleve a cambiar el mundo y a entregarse a una gran causa. Tal vez sólo es necesario un pequeño círculo de influencia, algo limitado pero claro y presente. Porque parece ser (y tal vez lo hable otro día) que cuando somos altruistas, cuando colaboramos con los demás, somos más felices. Tal vez nuestro cerebro nos preparó para colaborar y no para competir, como muchas veces nos han hecho creer. Quizás valga la pena probarlo.

Tal vez no son grandes claves ni descubrimientos, pero en su sencillez reside su grandeza, ya que está en nuestras manos llevarlas a cabo.

¿Te consideras una persona feliz? ¿Te identificas con alguna de estas tres claves?

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes