Uno de los temas de los que más se habla, aunque por los resultados que se obtienen en promedio nadie lo diría, es el de cómo comunicarse. Yo misma lo he tratado ya en alguna otra ocasión. Y digo que no se ven grandes resultados porque una parte nada despreciable de nuestra comunicación es fallida, es decir, no alcanza el objetivo de comunicar aquello que pretendíamos comunicar. Cuando tratamos de comunicar un mensaje, el resultado ideal sería que el receptor entendiera exactamente aquello que tenemos en nuestra cabeza. Es obvio que esto es imposible, pues se trata de otra persona con su propio mapa del mundo. Lo deseable pues sería que por lo menos, en su cabeza se dibujara un mensaje igual en lo básico al que queríamos comunicarle. Y esto es ya de por si un gran reto.

Lo primero es ser conscientes de lo que he dicho, que el mapa mental de la otra persona es muy diferente al nuestro. Esa otra persona tiene en su cabeza sus propias ideas sobre las cosas, sus creencias y sus experiencias al respecto. Parte de un contexto cultural y de unos aprendizajes diferentes al nuestro. Yo he estudiado Humanidades y dentro de esa licenciatura, Historia del Arte. Para mi el arte moderno tiene unas connotaciones que para muchas personas no tiene y es algo que he podido constatar. Hasta el punto que puedo no entrar en una valoración sobre una obra de arte moderno (ej. la Fuente de Duchamp) si creo que no voy a tener el tiempo necesario para explicar mis motivos para dar esa valoración, o si por alguna razón no tengo ganas de extenderme. Una explicación breve sé que no funciona.

Hemos de pensar que el lenguaje tiene una parte denotativa (objetiva, la que es común a todos los hablantes de la lengua) y una connotativa (que implica otros significados, dobles sentidos, emociones). Utilizar en nuestra comunicación sólo lenguaje denotativo es muy difícil (salvo en las comunicaciones científicas, legales, etc que son las que más se aproximan), además de bastante aburrido. Además la diferencia entre un uso y el otro es muy sutil. Por poner un ejemplo fácil, si hablo de la Navidad, una parte del significado es común a todos los hablantes, pero a partir de ahí cada uno entenderá algo diferente: fiesta religiosa, vacaciones, invento comercial, época de alegría, época de nostalgia, etc. Tratad de haceros una idea de como en cualquier breve comunicación que tengamos, lo difícil que nos puede resultar estar seguros de que a la otra persona le está llegando aquello que pretendíamos trasnmitirle. Precisamente una de las tareas del psicólogo o del coach es hacer aflorar en las sesiones la parte connotativa del lenguaje de la otra persona, ya que esa es su verdadera representación interna de una vivencia o situación.

Y encima a esto le sumamos querer comunicar con convicción, incluso pretender ser persuasivos. Imagino que a estas alturas ya habréis adivinado que no hay  recetas fáciles para hacerlo, por mucho que en algunos cursos nos digan que en un fin de semana vamos a ser los mejores comunicadores del mundo. Podemos mejorar con un buen curso pero se necesita tiempo y práctica para conseguirlo. Lo que si que puedo daros es tres herramientas para comunicar con convicción que tal vez por su propia obviedad a veces olvidamos. Son estas:

Hablar sobre algo que has vivido. Cuando narras una experiencia de algo que te ha sucedido, estás usando el lenguaje de un modo especial pues al ser algo vivido tu cerebro lo ha almacenado en todos los sistemas representacionales , es decir, de manera visual, auditiva y cinestésica. Y cuando lo explicas toda esa información esta presente por lo que la comunicación resulta muy real y la otra persona se puede hacer una representación interna bastante fidedigna de lo que estás contando. Hay además emoción implicada en ello, lo que hace que llegue mejor. Suele ser además una historia, una especie de storytelling que capta la atención del que te escucha. Estos motivos explican porqué nos sentimos tan atraídos por las personas que explican su propia vivencia y nos parecen cercanos y convincentes. Lo bueno de esta herramienta es que todos hemos vivido miles de cosas y aunque a lo mejor no sean tan espectaculares como las que se escuchan en una charla del TED, seguro que crearán impacto en el oyente.

Hablar sobre algo que conoces muy bien y te apasiona. De nuevo estamos ante algo que puede parecer muy obvio, pero es un hecho que cuando alguien nos cuenta algo que conoce muy bien y le apasiona resulta convincente. El conocimiento de un tema insufla en el hablante seguridad y posibilita tener más recursos para explicarlo con claridad. Obviamente aquí hay que aplicar los principios conocidos de tratar de ponerse en la piel del interlocutor, hablarle de manera clara, entender el nivel de conocimientos del otro, etc. Pero el hecho de ser un experto te da un abanico de opciones enorme. Y si además te apasiona, la emoción en tu comunicación está segurada y por tanto la conexión con los oyentes será más grande.

Ser un actor consumado. No creo que haga falta que diga que esta opción no la recomiendo, pues si bien las dos anteriores parten de una autenticidad intrínseca, ésta puede surgir precisamente del lado contrario. Pero es algo que vemos muchas veces y que no podemos negar que resulta convincente, sino para todos, por lo menos para muchos. Hay personas que ni son expertos en un tema, ni se lo acaban de creer, ni es algo que hayan vivido, pero tienen la capacidad de hablar de ello con absoluta convicción. A algunos les sale de manera natural y otros han aprendido a hacerlo, con las muchas técnicas que hay para ello. Sus emociones no son genuinas, pero tienen la habilidad de hacerlas pasar como tales. A veces les llamamos falsos gurús o vendedores de humo pero hemos de reconocer que convencen, ni que sea por un tiempo, a bastantes personas. No todo el mundo vale para eso, ni quieren hacerlo de esa manera, pero como existe yo tengo que nombrarlo aunque advirtiendo eso sí, que suele ser una estrategia de corto recorrido pues como decía Lincoln : Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Lo importante en cualquier caso es ser capaces de llegar a la otra persona, de conseguir que nuestro mensaje se transmita. Y la emoción va ser un gran vehículo en ese proceso pues las emociones se contagian, nuestras neuronas espejo no  pueden evitar reflejar aquella emoción que están percibiendo. Y eso nos hace vibrar en la misma frecuencia a ambos, emisor y receptor.

¿De que manera te comunicas? ¿Pones emoción en ello?

Mertxe Pasamontes

pd. La foto es del Museu de la Llana de Arsèguel, en el Alt Urgell. Igual un día os explico porqué tiene mucho que ver con la comunicación. 😉

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