vivienelengaño

Hoy no hago una pregunta en el título ya que si os pregunto si vivís en el engaño diréis que no. Es posible que mucha gente ni entre a leerlo porqué está absolutamente convencida de que no vive en el engaño. Tienen el convencimiento de que son personas racionales, críticas y pensantes y que su marco mental es amplio o incluso que ni tan siquiera lo tienen. Creen vivir en la verdad.

Es curioso constatar que hasta la neurociencia, es decir, que incluso desde la ciencia, se nos advierte de que nuestro cerebro nos engaña. Constantemente y sin que apenas nos demos cuenta de ello. De todas las maneras imaginables. Voy a citar algunos ejemplos: rellena los huecos de nuestra memoria, con lo que le parece mejor, para hacer así de nuestro pasado un discurso coherente para nosotros mismos. Reelabora el pasado, cada vez que accedemos a él, para acomodarlo a lo que somos en el presente (soy economista porque ya de niño me gustaba la economía) . Nos dota de unos mecanismos para que selectivamente sólo veamos aquello que confirma nuestras  creencias, pudiendo así permanecer en ellas (pero si todos opinan igual que yo, debo tener razón!) . Y si eso falla, si la realidad se presenta como demasiado obvia, siempre nos queda la disonancia cognitiva para acabar pensando que en realidad no hemos cambiado de opinión, que en el fondo siempre habíamos pensado así (siempre quise casarme de blanco y por la Iglesia, lo otro era rebeldía adolescente) . Decide en clave emocional pero se las arregla para hacernos creer que era una decisión racional (Era imprescindible comprar el coche nuevo, es más seguro).

No os quiero aburrir con más ejemplos ni citar todos los autores y experimentos en los que se basan estas afirmaciones. Más que un post sería una tesis doctoral y no se trata de eso. También quiero advertir que la mayor parte de ese comportamiento cerebral tiene como fin protegernos y buscar nuestra supervivencia. Y un cierto grado de bienestar y comodidad para nosotros. El cerebro es rutinario y en su énfasis por no gastar demasiada energía prefiere los patrones conocidos que lo nuevo y por conocer. El problema es que el precio a pagar por esa comodidad es la repetición y el inmovilismo. Porque aparte del funcionamiento cerebral, hemos recibido una educación que nos constriñe y nos marca un guión a seguir. La mayoría no hemos sido educados para ser quién realmente somos sino para encajar en la sociedad, en el sistema. Para ser lo que se espera de nosotros. Y el precio a pagar es borrar en gran parte el verdadero Yo, la esencia que nos mueve y nos motiva.

Por eso, me da un poco de risa hablar de la zona de confort, aunque yo misma lo utilice a veces por usar un lugar común, un registro que la mayoría de personas puedan entender. Porque la mayoría de las veces, salir de la zona de confort, es moverse un poco más allá del mismo mapa mental, pero sin cambiar de hecho nada. Es hacer más de lo mismo pero bajo la apariencia de algo diferente. Ejemplo: Tenía miedo a la altura y he conseguido saltar en paracaídas! Lo he superado, ya no tengo miedo! Y al lunes siguiente vuelves a tu gris puesto de trabajo, que no te gusta, que te consume por dentro, pero eso sí, ya puedes saltar en paracaídas…..

Porque el verdadero cambio duele. Hay que hackear el sistema, formatear e instalar un nuevo sistema operativo. Un nuevo sistema que te permita de verdad cambiar el marco, porque sólo así saldrás de ese confort, podrás mirarlo desde fuera. Pero eso duele. Eso da miedo. ¿Y si en el formateo lo pierdo todo? ¿Y si me pierdo a mí mismo? Lo paradójico, es que sólo perdiéndote a tí mismo, puedes de verdad encontrarte.

A algunos, los más osados, les gustaría saber cómo hacerlo. No hay recetas mágicas, es un camino que cada uno debe de hacer a su modo. Casi siempre se necesita ayuda, porque nuestro Yo racional se resiste al cambio mucho más de lo que podemos imaginar. Pero ese, sólo ese, es el verdadero Viaje del Héroe. Y quién de verdad quiera hacerlo, encontrará ese cómo.

Y ahora sí ¿Vives en el engaño?

Si quieres escuchar el post en formato podcast aquí lo tienes:

Mertxe Pasamontes